17/03/2020
Tres días de escuela y volver a estar en casa.
La verdad, la cuarentena no afecta tanto nuestra rutina ya instalada en vacaciones. Soy una privilegiada, porque he podido destinar gran parte del tiempo a la crianza y reconocer sus ritmos, sus necesidades y anticiparme a los conflictos (no siempre) ayudando a orientar soluciones.
Mis hijos, los 3, son buenos compañeros de juego, cuando fluyen no requieren de mi presencia permanente, son un equipo que se regula y se organiza. Y cuando no, habitualmente tiene que ver con hambre, sueño o cansancio y aburrimiento. En mi rol presente, los conflictos menguan.
Suena armónico, suena fácil.
Entonces, ¿de qué van estas líneas?
Mi desafío es el saturarme del rol. Estar permanentemente al servicio de los niños también me agota, me agobia y me tensa. Que el almuerzo, las meriendas, la mediación en los roces que suben en escalada, la contención y orientación frente a la desregulación. Y sola la mayor parte del día y de todos los días.
Una estrategia que me ayudaba era salir a jugar con sus vecinos o amigos, salir a andar en bici, correr, ir a la piscina...pero esas herramientas ahora están limitadas. Es momento de desplegar otras.
Las infinitas listas de actividades serán mi carta bajo la manga si tengo el ánimo y energía. Y cuando no, la tecnología será una aliada (hay cuenta cuentos y yoga infantil por streaming, museos virtuales, videollamadas a los amigos y familia).
Pero, por sobre todo, no voy a sobreexigirme con hacer de este tiempo, una carga mayor.
Haremos lo que, afortunadamente, hemos hecho siempre, siguiendo nuestros ritmos naturales, aceptando que habrán roces, aceptando que habrá cansancio. Y que esto también pasará.
Éxito para todos!!