23/08/2026
Carlos Prats y Salvador Allende compartieron una relación marcada por algo que, en la Chile convulsionada de comienzos de los años 70, adquiría un enorme valor: el respeto por la democracia y la convicción de que las Fuerzas Armadas debían permanecer subordinadas al poder civil y a la institucionalidad.
Prats no fue un militante de la Unidad Popular ni un hombre de partido. Fue un militar profesional y constitucionalista. Precisamente por eso, su vínculo con Allende resulta tan significativo: sus coincidencias no nacieron de una identidad política, sino de una preocupación común por preservar la institucionalidad chilena en medio de una crisis cada vez más profunda. ([Memoria Chilena][1])
Allende confió en Prats en momentos especialmente difíciles. Lo convocó como ministro del Interior en noviembre de 1972, en un gabinete que buscaba contribuir a la estabilidad del país, y posteriormente volvió a incorporarlo como ministro de Defensa en agosto de 1973. Prats, además, fue quien encabezó a los mandos militares que sofocaron el Tanquetazo del 29 de junio de 1973. ([Memoria Chilena][1])
Entre ambos existió, entonces, algo más profundo que una relación entre Presidente y comandante en jefe.
Hubo confianza.
Hubo respeto.
Y hubo una coincidencia fundamental: la defensa de una República en la que las diferencias políticas debían resolverse dentro de las instituciones y no mediante las armas.
Pero aquella historia terminó de manera trágica.
El 23 de agosto de 1973, sometido a una creciente presión política y militar, Prats renunció a la comandancia en jefe y al Ministerio de Defensa. Antes de hacerlo, recomendó a Augusto Pinochet como su sucesor, convencido de que mantendría la tradición constitucionalista que él había defendido. Días después, el 11 de septiembre, Pinochet participaría en el golpe que derrocó a Allende. ([Memoria Chilena][1])
Prats terminó exiliado en Buenos Aires.
Y allí, el 30 de septiembre de 1974, fue asesinado junto a su esposa, Sofía Cuthbert, en un atentado perpetrado por agentes de la DINA.
La historia de Prats y Allende queda así unida por una tragedia que va mucho más allá de sus propias vidas: dos hombres que, desde posiciones diferentes, creyeron que Chile podía atravesar sus conflictos sin destruir su democracia.
Recordarlos juntos es recordar también una idea que ambos defendieron en momentos en que hacerlo resultaba cada vez más difícil: que el uniforme no está por encima de la Constitución, que el poder militar no puede reemplazar la voluntad ciudadana y que las instituciones democráticas deben ser protegidas incluso en los momentos de mayor tensión.
Quizás por eso su historia conmueve tanto.
Porque Allende murió defendiendo desde La Moneda el mandato que había recibido de las urnas.
Y Prats terminó pagando con su propia vida por haber defendido hasta el final la legalidad y el carácter profesional y constitucional del Ejército.
Dos caminos distintos.
Una misma convicción.
La democracia chilena no debía ser derrotada por las armas.
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Fuente [1]: Comandancia en Jefe del Ejército (1969-1973) - Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile. https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-92402.html?utm_source=chatgpt.com
Foto: Fundación Salvador Allende.
Restaurada con GEMINI.IA