Iván Parada Castillo

Iván Parada Castillo Escritor

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05/12/2023

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02/12/2023

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23/11/2023

OJOS NOCTURNOS 🦉🦉
Esta obra reúne 10 cuentos inéditos, en los cuales confluyen el misterio y el suspenso que habita en las leyendas de nuestra tierra. No te quedes sin el tuyo. La primera edición cuenta con 70 unidades. Reserva antes de que se agote. Disponible desde el 30 de noviembre del 2023.

Payas para Longaví.                                         Iván Parada Castillo Lo que por Longaví siento,es más que am...
04/09/2021

Payas para Longaví.

Iván Parada Castillo

Lo que por Longaví siento,
es más que amor y cariño,
lo he vivido desde niño,
y lo he visto hacerse viejo,
dulce como el vino añejo,
calmado como la luna,
no tengo mayor fortuna,
y a ninguno lo asemejo.

No se le asemeja ay sí,
ninguna ciudad vecina,
yo le agradezco a la vida,
ser nacido en Longaví,
y quiero morir aquí,
para ser bien enterrado,
con un mensaje grabado,
"un longaviano hay aquí"

Pero eso será más tarde,
pues ahora no lo planeo,
tengo yegua, tengo rodeo,
y una china pa bailarle,
harta sombra pa enfriarme,
buen follaje pa dormir,
un corazón pa sentir,
amor hasta fastidiarme.

No conozco alguna rosa,
cómo las rosas longavianas,
son bellas en la mañana,
y en la noche más hermosas,
la longaviana es preciosa,
única en su naturaleza,
abusa de su belleza,
y de su boca caprichosa.

Caprichosa y venenosa,
cómo la flor de Alhelí,
las he amado a casi todas,
pero no me amaron a mí,
y por eso he sido infeliz,
en la soledad de mañana,
pues anhelo una longaviana,
qué me deje cicatriz.

Ya con esta me despido,
desde bodega a Polcura,
de la vega a la llanura,
entre Linares y Retiro,
para Miraflores yo miro,
y termino en La Tercera,
le deseo que Dios quiera,
Longaví sea su destino.

El Cuero del Río LiguayHacía frío ese amanecer de julio en la ribera del rio Liguay. Dos empleados del matadero conducía...
31/07/2021

El Cuero del Río Liguay

Hacía frío ese amanecer de julio en la ribera del rio Liguay. Dos empleados del matadero conducían un coloso tirado por dos caballos pelcherones refugiados entre la densa neblina. Se detuvieron justo bajo el puente en busca de discreción y arrojaron vigorosamente una decena de cueros de vacuno al cause negruzco del rio. No imaginaron que esta acción que habían realizado, conllevaría un trágico desenlace.
Pasaron los meses y el calor del verano llegó al valle de Longaví, Guillermo de seis años se levantó muy temprano y pala en mano se dispuso a recolectar lombrices para la jornada de pesca de carpa que llevaría a cabo con su tio Eladio al poniente del puente Liguay en el rio del mismo nombre. Su tio lo esperó en la carretera.
— ¡Guillermo! ¡Apúrate que las Carpas pican más cuando es temprano!
— Sí tío, me demoré recolenctando lombrices.
— Vamos a ir a un pozon que tengo entre ceja y ceja, ojalá no nos hayan madrugado gueñecito.
Llegaron al lugar que Eladio deseaba, un raudal del río muy profundo y calmado, rodeado por mora y mimbre. Como nunca hoy estaba muy silencioso.
— Vamos a sacar una carpa de varios kilos aquí Guillermo, lo presiento. Le dijo muy contento a su sobrino.
— Me voy a apatragar detras de los arbustos tío, para no espantar a los peces.
Guillermo se ocultó a unos metros sin perder de vista a su pariente.
Pasaron diez minutos y por fin algo picó el señuelo, era muy grande porque la caña de mimbre se torció.
— ¡Guillermo debe ser gigante! ¡Nunca había sentido un tirón así!
— ¡No le afloje gancho! Lo ánimo el niño.
Eladio comenzó a jalar, pero al parecer el pez se había enzarzado en la profundidad. El hombre se aproximó al agua como tratando de visualizar el fondo. Siguió con su mano derecha el sedal y la sumergió, entonces y sin dar lugar a escapar algo lo atrapó del brazo envolviéndolo vorazmente. Guillermo no podía creer lo que veían sus ojos, un cuero gigantesco cubrió a su tío y se lo llevó al fondo del río en unos segundos. El Niño corrió aterrorizado por la rivera para pedir ayuda, se encontró con don Federico que dormía recostado a la sombra de su fiel caballo. Le gritó, pero no hubo respuesta. Lamentablemente el obeso señor estaba demasiado ebrio. Lo zamarreó, pero nada. Volvió a observar el cause del río y notó que algo subía río arriba. Retrocedió aterrorizado, intentó retirar al caballo de la rivera aunque todo fue infructífero.
El cuero emergió y cubrió al fiel caballo y su jinete que debido a su estado etílico no tuvo idea de su trágico final. El equino intento luchar por su vida, sin embargo, su último atisbo de vida fueron unas burbujas que emergían desde la profundidad.
El niño trató de coger las riendas que flotaban, entonces comprendió que si seguía tratando de ayudar al caballo sería engullido por el poderoso cuero.
Guillermo regresó al pueblo, su corazón palpitaba aceleradamente. Encontró a un carabinero, le contó lo ocurrido... El policía se rió de él a carcajadas.
Retornó a su casa, su abuela Inara estaba tostando trigo en el fogón.
— Abuela, el río se tragó al tío Eladio y al vecino junto con su caballo.
La mujer suspiró profundamente.
— Yo sabía que esto iba a pasar. Tenemos que actuar rápido.
— ¿Lo sabía? ¿Cómo es eso posible abuela?
— Mi abuela, se llamaba Ayalén y ella ya había enfrentado a este poderoso espíritu hace muchos años. Antes de morir me dijo que él volvería por venganza, yo sabía que todo esto ocurriría.
— ¿Y qué haremos abuelita?
— Vamos a eliminarlo engañándolo. Ve a buscar ropa de tu tío, ojalá que esté con su olor.
El niño recolectó la ropa, su abuela cortó unas ramas de espino con afiladas espinas, y le dio forma humana amarrándola con alambre de púas. Luego lo vistió con la ropa de Eladio. Partieron hacia el río y llegaron al pozón donde el cuero había consumido a su pariente. Como pudieron lo enterraron de pie en el fango de tal forma que quedara de pie. La abuela luego de realizar una rogativa cortó la palma de su mano y puso su sangre sobre la ropa de su difunto hijo. En ese instante el agua del río comenzó a moverse agitada y el gigantesco cuero emergió poderoso. se abalanzó sobre el cuerpo inerte y lo cubrió, engulléndolo ferozmente. Sin dudarlo comenzó a avanzar hacia la abuela y su nieto, se elevó cerca de diez metros para arrojarse sobre sus víctimas. En ese instante algo ocurrió en su interior, comenzó a retorcerse y a convulsionar efusivamente. Una sangre oscura comenzó a drenar desde su interior, un grito de terror culminó con su existencia. Se desplomó en la ribera y fue consumido por el cause del río.
Algunos años más tarde Inara falleció. Con sus últimas palabras le advirtió a su nieto que el cuero encontraría la forma de volver al río y que debía estar atento. Además le confesó que su tío y don Federico fueron quienes debían enterrar esos cueros, pero por pereza prefierieron lanzarlos al agua. Fue el espíritu del cuero que los manipuló y luego cobró sus vidas.

Fin.

Pan amasadoEl salvaje trigal baila junto al viento,vestido con su traje color dorado,es el milagro que nos entrega el tr...
13/05/2021

Pan amasado

El salvaje trigal baila junto al viento,
vestido con su traje color dorado,
es el milagro que nos entrega el trigo,
para ser sobre la bracerá tostado .

Entonces la harina del molino nace,
para bendecir con su blanco milagro
milagrosas son las manos de mi madre,
que modelan la forma del amasado.

y el horno de lata que aguarda caliente,
recibe las masas saladas con llanto,
porque mi madre lloraba al amasarlo,
por la amargura que su corazón siente.

Quitamos la lata y el pancito está listo,
va****so, blando y de lomo crujiente
la mantequilla le brinda un exquisito
sabor a santo alimento de los dioses.

Recuerdo tu beso en medio de la lluvia. Recuerdo tu beso en medio de la lluvia,y la melancolía se vuelve piel.Pensé olvi...
06/05/2021

Recuerdo tu beso en medio de la lluvia.

Recuerdo tu beso en medio de la lluvia,
y la melancolía se vuelve piel.

Pensé olvidar ese beso de luna,
como el verano que se olvida del hielo,
recuerdo tu beso en medio de la lluvia,
y tal como en aquel día me estremezco.

Empapados y unidos bajo el agua
nos besamos e ignoramos el por qué,
mis labios rozaron la piel de tu boca,
tu boca, con su aliento sabor a miel.

Recuerdo tu beso en medio de la lluvia,
y lo haré hasta que deje de doler.

Dirección

Longaví

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