29/03/2022
El capitalismo, haciendo de la violencia un negocio rentable
Los inicios del narcotráfico en Chile.
Con fervor transita la frase: necesitamos más policías en las calles. Por consiguiente, toda la culpa la tiene la droga que tanto mal hace a las poblaciones; Pero volvamos a los nostálgicos años 70s y 80s. Pinochet a la cabeza del golpe militar, se adjudicó un gran golpe al narcotráfico cuando durante los primeros años de la dictadura barrió con una serie de carteles que operaban en Chile. Esta fue sin duda una pelea por posicionarse en el mercado, eliminando a su competencia. Así, el dictador incursionará en transformarse en el dueño y señor del tráfico en Chile. Haciendo creer a la población que el problema se terminaba en Chile.
Fue así como el narcotráfico orquestado en las más altas esferas de la dictadura, contaba con la participación de los aparatos militares y de inteligencia del régimen, la colaboración de la CIA y la DEA (la agencia de dr**as estadounidense). Una combinación que hemos visto en numerosas ocasiones con los otros regímenes latinoamericanos. No es coincidencia que durante los años en que la co***na y la pasta base se instalaron en Chile, Perú y Bolivia vivían sangrientas y mafiosas dictaduras que colaboraron con el Plan Cóndor, y admiraban los métodos de Pinochet y la DINA, y que, además, respaldaron y apadrinaron el narcotráfico como método para financiar sus operaciones genocidas.
¿Por qué los chilenos no nos enteramos de lo que hacía el dictador?
Con los medios de comunicación monopolizados por la ultraderecha, la información y el silencio sobre este tema fue parte de los pactos de la transición, y fue el propio gobierno de Patricio Aylwin el que prohibió la emisión de una nota y entrevista que destapaba este tema ya desde los inicios de los 90s.
¿En qué consistía el negocio de Pinochet - Hiriart?
No solo se componía de co***na, sino que también del tráfico de una serie de precursores para la producción de dr**as sintéticas y el tráfico ilegal de armas chilenas.
El rol que jugó el Ejército en este caso, tenía como centro de operaciones el Complejo Químico del Ejército en Talagante, donde se acusaba que uniformados vendían precursores químicos a carteles internacionales para la elaboración de dr**as. Con total impunidad cargamentos de droga eran despachados desde la Fábrica de Material de Guerra del Ejército (FAMAE) y llevados en vehículos militares al Aeropuerto Pudahuel. Su destino era principalmente Europa y puntos intermedios.
Varias investigaciones periodísticas dejan entrever que el tráfico de dr**as y el de armas podrían ser la explicación de la suculenta fortuna de la familia Pinochet. Manuel Contreras, director de la DINA reiteró sus dichos al juez Claudio Pávez, a quien le hizo llegar un informe en el que inculpa a Augusto Pinochet y su familia por la producción y distribución de la llamada “co***na negra”, una variedad de droga que no puede ser detectada y que se fabricaba en dependencias del Ejército.
Con todo el negocio funcionando, la circulación de las dr**as avanza con éxito en los movimientos sociales y políticos en las poblaciones. De este modo la aplicación de violencia política, ejercida por el gobierno de las fuerzas armadas, hacia los sujetos populares, se habría presentado en pro de generar un proceso refundacional del capitalismo. Luego la clase gobernante en los años 90s, renegaba el pasado autoritario, represivo y violador de derechos humanos de la dictadura, pero por otro continuaba con su modelo económico, político y social.
En definitiva, se utiliza como cura el origen de la enfermedad, reproducir su miseria mediante una educación hecha a la medida de la clase dominante, educación construida categóricamente para transformar a los jóvenes pobladores en sujetos que respeten "El orden del discurso" benevolente en su superficie, perverso y exclusivo en su fondo. La estigmatización social, el desdeño y la poca preocupación, fue la respuesta desde el poder, para tratar la problemática de una juventud cuya máxima fue el "no estar ni ahí".
Es así como la retracción del espacio público y del Estado social es concomitante con la ingobernabilidad del capital transnacional y el incremento de una marginalidad neoliberal visible en el desempleo, el empleo precario, la segregación y estigmatización territorial, la informalidad y la delincuencia, susceptibles de ser reguladas por un Estado penal invasor y omnipresente. De este modo la "guerra contra las dr**as" y el consumo de dr**as ilícitas se propaga como posibilidad cierta de ejercitar la criminalización de la pobreza y la protesta social.
En marzo del 2021 CIPER lanza un reportaje llamado: Documentos policiales reservados: al menos 40 carabineros fueron investigados por nexos con narcos y asaltantes entre 2014 y 2016. Donde señalan entre otras cosas que:
“Informes de Asuntos Internos de Carabineros indican que investigó al menos a 40 policías por vínculos con bandas de narcos y asaltantes entre 2014 y 2016. Los documentos incluyen audios de llamadas de carabineros que protegían a narcos, actuaban contra sus bandas rivales y se quedaban con dinero y droga decomisada. Al menos cinco investigados continuaron activos. Las cifras corresponden sólo a ocho casos indagados en dos años en la Región Metropolitana, lo que contrasta con los casos informados por la prensa entre 2010 y 2020, los que suman 66 funcionarios investigados a nivel nacional. CIPER pidió a Carabineros, Fiscalía y Ministerio del Interior los datos actualizados. Los dos primeros respondieron que deben pedirse por Transparencia. Desde Interior no hubo respuesta oficial.” (para mas información revisar el link de la noticia https://www.ciperchile.cl/2021/03/03/documentos-policiales-reservados-al-menos-40-carabineros-fueron-investigados-por-nexos-con-narcos-y-asaltantes-entre-2014-y-2016/)
A partir de la violencia estatal, y las transformaciones económicas y sociales ocurridas en dictadura, los efectos causados por del Estado en las poblaciones más pobres del país han facilitado la aparición del narcotráfico, el consumo de dr**as, y la inseguridad pública. Las tensiones entre las históricas prácticas de organización y solidaridad, y el mundo narco que se desarrolla en el interior de las poblaciones, de forma silenciosa, individualista, violenta, impersonal, y que transgrede a sus propios vecinos. Además, de las constantes intervenciones policiales que han privilegiado un enfoque criminalizador y persecutor, han traído consigo múltiples casos de vulneraciones a los derechos humanos de la población y derechos de la infancia.
El método para lograr este objetivo es la vigilancia extrema y el control del discurso del adicto, hacerlo creer que en él radica el problema y eximir de toda responsabilidad al sistema.
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Explotadores y explotados son categorías que dividen nuestra sociedad, la miseria estructural que la casta político-empresarial necesita para mantener su progreso no deja de producir violencia y conflicto: narcotráfico, ajuste de cuentas, sicariato y balaceras son algunas expresiones de lo que el capital utiliza para su reproducción ya que ¿acaso no es de la violencia de lo que se nutre el estado? Porque desde un comienzo solo cierta violencia es criminalizada, la de los explotados, la violencia que se expresa en poblaciones y periferias, esa violencia que asombra por su crudeza y que se expresa sin ambigüedad, la que es fácil de identificar y apuntar con el dedo, la que se lleva a cabo a plena luz del día y a la vista de todos, por jóvenes mestizos, por el moreno o inmigrante que carga el arma y la dispara, por los marginados de la opulencia capitalista con que se vive en la dehesa, en las condes, en los jardines verdes de los políticos, empresarios y generales.
Cada nuevo gobierno promete el fin de la delincuencia, la lucha contra el narcotráfico, la mano dura, la metódica propaganda de infundir el miedo en base al castigo y la represión, la promesa de la aplicación severa de las leyes para entregar seguridad a los ciudadanos de bien, esa lógica que se sigue de a más encarcelados mas seguridad, y las cárceles se llenan y como hay tantos hay que tenerlos poco tiempo, pero en las cárceles se aprende y principalmente se aprende de la violencia y su uso.
La pobreza material en la que vivimos los explotados es criminalizada en sus expresiones de violencia por leyes hechas para garantizar el funcionamiento de un estado violento, es decir, el estado y sus aparatos de represión utilizan la violencia producida por la precariedad material para crear leyes, financiar policías e infundir el miedo en la población con la idea de que gracias al estado y los policías vivimos en un país más seguro.
La pobreza material en la que vivimos los explotados es criminal en sus orígenes, y es importante recordarlo porque en los orígenes podemos pensar en una solución. Más allá de las decisiones individuales sobre ser una u otra cosa en la vida, más allá de la capacidad de decisión que tenemos las personas sobre nuestro futuro, una cosa es clara, nadie quiere ser pobre porque la pobreza es indigna, más aún en un país clasista y ra***ta.
Las estructuras que perpetúan nuestras condiciones de vida dividen a la sociedad, insertan a las personas en un conflicto que las precede y que probablemente seguirá después de su muerte, el conflicto de la expectativa y la realidad, entonces el explotado vive en una población humillado envuelto en una cultura que le exige tener dinero para lograr estatus y dignidad, pero diariamente la maquinaria estatal, las instituciones y sus lacayos le recuerdan que él y su familia, sus antepasados y probablemente sus hijos son y serán simples poblacionales, el explotado entonces decide o se ve forzado (el límite siempre es difuso) a ser narcotraficante, a ser ladrón o bandido, porque ya nadie quiere ser pobre, pero sobre todo nadie quiere ser humillado.
Llega el momento de negociar, los que antes eran “enemigos” hoy son aliados, policías y ejército, instituciones corruptas se convierten en proveedores de armas, información, seguridad. Pero aun se necesita disparar, aún se necesita matar y limpiar el terreno, por suerte el joven moreno sigue merodeando en la población, el inmigrante asqueado por la pobreza y humillación que está dispuesto a todo por tener dinero y estatus sigue ahí. Y la sangre siempre corre en la población, el terror siempre abunda donde habitamos los explotados, en cambio los políticos, empresarios y generales nunca verán a un vecino mu**to a bala, a un amigo involucrarse en conflictos con pandillas, nunca sentirán el miedo real de la violencia que ellos provocan.
¿Quién es el responsable?
Hay que recordar que muchas veces el condenado no es el responsable, es decir, la ley no mira las circunstancias previas que llevaron al autor a cometer un delito, esto no quiere decir que ignore el origen de las personas, por el contrario, el origen de las personas es lo que determina su criminalidad. Los condenados, encarcelados y culpados siempre serán los explotados, pero los responsables siempre serán los explotadores, porque para los primeros cualquier herramienta que transforme las estructuras que dan forma a su realidad les está negada, en cambio los segundos son los que eligen en base a sus egoístas y grotescos intereses personales perpetuar el estado actual de cosas, el estatus quo.
Instituciones corruptas como las policías y ejército con desfalcos millonarios, que negocian con el estado y con traficantes, son los mediadores en la circulación de armas, dr**as e información, son los ejecutores de la violencia más injusta, son los que golpean a vendedores ambulantes, pero escoltan funerales narcos, son los que violan y matan a mujeres en los retenes, pero se arrodillan ante un presidente corrupto. Es esa violencia la que causa rabia e indignación, la que perpetúa las condiciones precarias de existencia en las poblaciones y periferias, es gracias a militares y policías que resguardan los intereses de los explotadores que muere gente baleada en plena luz del día en la ciudad, frente a niños y niñas que ya empiezan a contaminarse con la impotencia y el miedo que el estado y el capital promueven como virus mortal, ese virus que solo mata a los explotados de este sistema.
La solución no consiste en mayor represión, mayor encarcelamiento o entregar más recursos a policías corruptos, eso solo reproducirá el miedo y el poder del estado. La solución consiste en la movilización de la masa contra los verdaderos responsables, el control territorial y la organización en las poblaciones, el enfoque en las nuevas generaciones y la ocupación en sus intereses, es fundamental generan alternativas, pero por sobre todo identificar y atacar a los responsables, que no son más que otros que los políticos, empresarios y policías amparados bajo la corrupción de la máquina de producir y consumir violencia, el estado.
El poder que ellos tienen es el que nosotros les damos...