30/10/2020
¿Cómo permitirnos hoy, repensar nuestro quehacer pedagógico y educativo, bajo una mirada de responsabilidad social, inclusiva y universal, propugnando los nuevos interéses y necesidades de cambio social, cultural y económico?.
Exordio
Cada cierto tiempo, la historia se cruza con la sociedad, el ciudadano, las instituciones, y el estado; haciéndonos cosquillas o mutilando ojos, y poniéndonos en una posición histórica, casi por necesidad de sentido de pertenencia, “de tomar partido”, una “postura determinada”, un “paragüa teórico”, del cual poder atrincherarnos, fundarnos y justificar nuestras acciones. Sin embargo, en la actualidad, tomar una postura determinada o un color político, pareciera hablar de radicalismo, de una “manera fácil”, de perder el sentido profundo de nuestro quehacer, y de analizar cualquier otra actividad o acontecimientos del ámbito social.
Los hechos relativos al estallido social, visibilizan una institucionalidad desgastada, sin confianza, sin espalda, sin “línea de crédito disponible o transferible”. La única certeza hoy por hoy, es que “nada es garantía de nada”; universidades que contratan empresas de cobranza “matonescas”, un estado que quisiera tener “la última palabra en todo, y, por sobre todos”, un sistema jurídico que encarcela en el mismo día, abuelas mapuches por la venta de lechugas en la vía pública, y al mismo tiempo, rebaja multas al gran empresariado, llamando sus ilícitos como “esquemas fraudulentos”, (ya que a todas luces pareciera ser mucho tildarlos de “delincuentes”). Una primera magistratura del país que invoca leyes de terrorismo y estado, sin entender (objetiva y exteriorizadamente), las causas de la violencia y la anomia recientemente producida en el país; una sociedad que pareciera complejizar, la distinción entre ciudadano versus consumidor, haciéndola más bien un solo término; produciendo que ambos constructos no estén tan lejanos (para dolor de cabeza de los profesores de historia). Un ciudadano que no visualiza la importancia de la protección de la infraestructura pública y privada, ya que a todas luces pareciera que: “no me pertenece”, no hay una conexión implícita del medio urbano en tanto, “mi medio urbano”, “la ciudad que uso diariamente no es mi ciudad, por ende la destruyo”-.
Entonces, sobre la base que lamentablemente, no hay formulas mágicas sobre un mejor orden jurídico, institucional y social que la democracia moderna (en el caso chileno con un marcado régimen presidencial) cabe la pregunta: ¿Cómo construir las confianzas a nivel social, institucional, estatal y del mundo privado, en un eminente contexto refundacional de cambios paradigmáticos de la República de Chile?, ¿Cómo permitirnos hoy, repensar nuestro quehacer pedagógico y educativo, bajo una mirada de responsabilidad social, inclusiva y universal aclamando los nuevos intereses y necesidades de cambio social, cultural y económico?.
Argumentación
En las últimas décadas, los cambios declamados y propugnados por nuestra sociedad, la legislación y los estándares de aseguramiento de calidad en la Educación (con referencias de la experiencia internacional en educación superior- Bolonia), ha desarrollado e implicado un andamiaje distinto en el abordaje del proceso enseñanza-aprendizaje, desde las diversas miradas. Cambios socio-educativos solo comparables a los cambios producidos en el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, que vislumbraba a la educación como: la condición de sustento destinado a edificar desde allí la estructura que soportaba a ese ser humano durante toda su vida, eso implicando un aporte integral (Recio Palma, 2019). Claramente el mundo dista mucho de presentar los desafíos del presidente Aguirre-Cerda, sin embargo, pareciera que se repite este principio educativo, en cuanto a al aporte integral de la educación; ante lo cual, creemos fundamental y más necesaria que nunca, la consideración de la Educación Social como una práctica socioeducativa.
Desde principios de siglo XVI, la pedagogía encontró sus inicios en el advenimiento de lo político, económico y social hacia los albores de la modernidad, y no descolgándose más hasta nuestros días, de su dimensión “Instructiva”, por sobre la de “sociabilización” (García Molina, 2009), en un sentido más holístico y amplio. Ante lo cual, los acontecimientos sociales producidos en las últimas dos décadas en Chile, vuelven a demostrarnos los énfasis socio-educativos requeridos en la actualidad. De hecho, podríamos decir que han sido los desórdenes del capital, lo que permite ir abriendo nuevos lugares desde los cuales pensar la teoría pedagógica (Nuñez, 1990).
La Pedagogía Social nace en Alemania a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, ligada en su momento con el mercantilismo y la sociedad industrial, y caracterizada por una carencia de referentes sociales y culturales, los problemas económicos, la pobreza y la exclusión social; ¿Les suena conocido este diagnostico?. Como los procesos humanos son cíclicos, entendemos que al igual que las postrimerías que vieron nacer a la P.S, que más allá de esa educación uniforme tendiente a un ideal estático de hombre o ciudadano a formar, (con la salvedad que hoy por hoy esta distinción es consumidor-ciudadano), se persigue un ideal de comunidad o sociedad a la que se pretende llegar mediante la educación (García Molina, 2009). Hoy en día se hace más presente que nunca a nuestro entender, la P.S como la ciencia de la Educación Social.
¿Podemos pensar en una mejor integración entre la confluencia Pedagogía Social y Educación Social?. Nos es meridianamente visible, entender las tareas de la pedagogía social, en cuanto a su quehacer en el ámbito del campo científico , criterios, reflexiones teóricas, modelaje, metodologías y técnicas de investigación, formación y acción socioeducativa; campo que recurre a la interdisciplinariedad/transdisciplinariedad . La P.S tiene un rol preponderante ya que es en ella, que se congregarán los saberes y conocimientos que se desarrollan; en tanto la Educación Social, pareciera tener un rol más crucial (en consideración de los tiempos que transitamos) sin embargo, nos es complejo entender al pedagógo social como un profesional, ya que no tiene una titulación ni una formación específica que lo avale como tal; ha carecido de organizaciones profesionales específicas que defiendan sus interéses, y generen cultura profesional; no cuenta con el catálogo de las profesiones, ni con un campo ocupacional o territorio monopolizado de empleo propio (García Molina, 2009). Según los escritos de Riera, al hablar de pedagogos sociales: “resulta extraordinariamente difícil elaborar una síntesis de los indicios de esta profesión desligada de los referentes históricos de la propia ciencia o disciplina” (Riera, 1998). Importante es entonces la distinción y posterior valoración, de la Pedagogía Social: ciencia/matriz disciplinar y materia académica, y la Educación Social: campo de prácticas educativas y profesión emergente en el marco social.
Como toda nueva era transformadora y proceso refundacional, es un proceso intenso, complejo, esperanzador y de grandes expectativas, fundamentalmente sobre la base de los cambios legislativos sucedidos en las ultimas décadas, que han marcado el acontecer educativo chileno actual; caracterizada por la innovación tecnológica, las comunicaciones y un mundo globalizado. El mundo declama educación con principios de inclusión, integración social, transparencia de procesos de admisión/selección, mejora continua, autoevaluación, renovación metodológica, uso de nuevas tecnologías, interconexiones que permitan a los estudiantes intercambiar universidades (menester de programas y competencias medianamente homologables), ideario de sistematización de créditos transferibles, un currículo basado en competencias, visualización de perfiles y meta-perfiles clarificadores y la necesidad central del mundo globalizado, de facilitar la movilidad estudiantil entre las diferentes universidades en el campo internacional.
Es para nuestro entender relevante y fundamental en nuestros días en un contexto “refundacional de la república” (que ha caracterizado el 2020), concebir las ventajas comparativas de entender la dimensión socioeducativa del quehacer educativo, así como el “compartir y articular multidisciplinariamente”, nuestras experiencias y micro-políticas profesionales relacionales con el medio educativo, a nivel de docente, directivo, en instancias socio-educativas (reuniones de padres y apoderados), instituciones gubernamentales (alcaldes, directores DAEM, etc.) y la sociedad civil, transparentando nuestras estrategias, resultados esperados (en base a conocimientos, habilidades y competencias), indicadores de niveles de logro, metodologías, retroalimentaciones, tareas complementarias con los padres, y reflexiones en general, que se producen a partir del proceso enseñanza-aprendizaje que encabezas en tu comunidad educativa. Esta perspectiva amplia y holística debemos también amalgamarla, desde el punto de vista de los objetivos del Diseño Marco de Cualificaciones, ya que en la actualidad, se exige por una parte que, los distintos títulos y grados se estructuren en términos de destrezas, conocimientos y competencias que deben lograr los estudiantes al término del programa; por lo cual sociabilizar y racionalizar dichas aptitudes con el educando y la comunidad estudiantil, se hace un objetivo primordial. Por otra parte, se demanda que estos programas, dependiendo de la complejidad de los resultados de aprendizaje (destrezas, conocimientos y competencias), se ordenen en un continuo de niveles previamente acordado por representantes del mundo de la educación y del trabajo. (MECESUP, 2010)
Lo sustantivo y relevante a nuestro modo de ver, es que estas discusiones relativas al fenómeno de naturaleza social de la educación, es que, a pesar de presentar una posición conservadora, esta no significa un rechazo total a cualquier tipo de cambio social, pero admite y entiende que este no es un proceso radical. Más bien creemos que Chile está en la senda correcta, sin embargo, no podemos solo puntualizar las necesidades del mercado (currículo por competencias) como la única meta a desarrollar en la educación superior. Las universidades del país, deben tener un rol más relevante en términos de investigación e innovación; ya que a nuestro modo de ver, es el marco apropiado en donde podríamos de mejor manera, amalgamar las necesidades socioeducativas específicas del ciudadano y consumidor, el mercado laboral, y la institucionalidad vigente; de modo de que sean las universidades, las que sugieran más activamente propuestas de modelaje de crecimiento regional y nacional del país, así entonces, podríamos objetivamente hablar de la responsabilidad social de la Educación Superior.
Claramente, ni el mundo político o institucional, ni el mercado, ni la ciudadanía tienen la solución a todas nuestras problemáticas actuales; más bien pareciera ser el diálogo y el trabajo colaborativo de todos estos actores, los elementos que permitan visibilizar y articular, las soluciones educativas requeridas. Hacen entonces más sentido que nunca las palabras de Durkheim, en cuanto a que el deber del hombre de Estado, ya no es empujar violentamente a la sociedad hacia un ideal que le parece atractivo, sino que su papel es como el del médico: prevenir la aparición de enfermos cuidando la higiene y tratar de curarlos cuando aparecen” (Durkheim, 1933).
Abordar nuestro trabajo pedagógico de manera grupal, significa una experiencia interpersonal, que abre el diálogo, a sentir y compartir aspectos que creemos relevantes en términos de la importancia y reafirmación de los derechos humanos y los principios democráticos. El diálogo pedagógico y el trabajo colaborativo, debiese ser abordado junto con padres y apoderados, así como tus colegas docentes, psicopedagogos, trabajadores sociales, sociólogos, científicos, directivos, asistentes de la educación, y la comunidad educativa en general, ya que estos principios son fundamentales en el presente de nuestra actividad docente.
En un Chile que afronta en el día de hoy, en el mismo tiempo-espacio que escribo estas líneas, un proceso ciudadano y republicano importante y decidor de los principios constitucionales que regirán aspectos como la educación chilena del futuro; ¿Qué valores o principios éticos debemos plasmar en dicha constitución respecto a las étnias, inmigrantes, discapacitados, y el modelo de desarrollo económico y social?, ¿Qué nuevos desafíos e implicaciones tendrá que abordar la educación primaria, secundaria y superior, al desarrollo de conocimientos, habilidades y competencias netas ,y, fundamentalmente socioeducativos, en cuanto a aspectos éticos/formativos?, ¿Cómo las instituciones de educación superior, fomentarán instancias y espacios (con los profesionales egresados, comunidad y mundo privado), que recojan propuestas de modelos de desarrollo regional y nacional acerca del, ¿donde y cómo crecer?. Esta última pregunta considerando que es menester de nuestra sociedad contemporánea, profesionales competentes en su quehacer profesional, pero también bajo un marco de consideración de aspectos éticos y responsabilidad social (CINDA, 2010).
Quedan muchas interrogantes en el tintero, elemento fáctico que supone la visión que caracteriza nuestra era educativa: la mejora continua, y nuestro rol socioeducativo como docentes de las nuevas generaciones.
Bibliografía
MECESUP. (2010). Diseño de un Marco de Cualificaciones para el Sistema de Educación Superior. Santiago: PiedraJuntas .
CINDA. (2010). Diseño curricular basado en competencias y aseguramiento de la calidad en la educación superior.
Morales, M. (2009). Educación No Formal: "Una oportunidad para aprender". Montevideo: UNESCO.
Lajonquière, D. (1996).
García Molina, J. (2009). Aportaciones de la Pedagogía Social a la Educación no formal. Montevideo: UNESCO.
Recio Palma, X. (2019). Discurso de Pedro Aguirre Cerda. Valparaíso: Instituto de historia Facultad de Filosofía y Educación Universidad Católica de Valparaíso.
Riera. (1998).
Nuñez. (1990).