04/06/2026
Como Editorial Larga Marcha, nos duele profundamente tener que comunicar el fallecimiento de Juan Bautista Iñigo Carrera.
Nuestro proyecto nació a partir de la insatisfacción con los paradigmas dominantes de pensar la política de clase en Chile, con tradiciones locales en ciencias sociales que dejaban de lado a Marx y no lograban dar cuenta de las determinaciones concretas de la acumulación de capital en su forma nacional específica. La pregunta por la especificidad del desarrollo capitalista chileno y el programa socialista no encontraba respuesta en lo que estaba pensando la izquierda post-plebiscito. Fue así como descubrimos la obra de Juan, en la que encontramos la apertura a esas respuestas, y desde muy temprano nos pusimos la tarea de objetivar su trabajo en libros para que la clase obrera chilena pudiera acceder a él, y labor en la que nos correspondió la cercanía y la amabilidad que lo caracterizaba.
Quienes nos instruimos en su obra encontramos en ella una salida a nuestras inquietudes con creces. Y hallamos en ella la exposición más importante de la obra de Marx, el conocimiento dialéctico como la única forma capaz de reproducir el automovimiento de lo real, sin detenerse ante ninguna apariencia.
Juan nació en el seno de una familia socialista y, moldeado por las catárticas transformaciones del capital argentino, se enfrentó desde joven a la pregunta por el qué hacer y por la determinación de la conciencia. En los años oscuros del golpe de 1976 se reencontró con Luis Denari, relación que desembocaría en la fundación del CICP como espacio orientado a la producción colectiva de la conciencia de la clase obrera, con inmensos trabajos que difundimos en nuestra editorial.
Hoy nos despedimos de Juan que, al agotar su capacidad como materia viva de organizar su acción conscientemente, se ha fundido con el infinito. Pero el conocimiento cristalizado en sus trabajos no muere con él, porque —como siempre recalcaba— no le pertenece, es una potencia de la clase obrera que vive en quienes nos formamos en nuestra relación con él y seguimos avanzando en el reconocimiento de la enajenación que nos determina y nos empuja a conocer la realidad para transformarla.