04/08/2021
Puente de Cal y Canto, 1828.
Desde antes de las cinco de la tarde, la afluencia de gente en el río iba aumentándose con la multitud que a esa hora sale de sus ocupaciones, del comercio y oficinas.
Todos contemplábamos el aspecto atorrante del río y el embate de sus olas, que momento a momento iban derribando las casuchas de los comerciantes situadas en la ribera sur.
Una de esas casuchas, al caer, cubrió una buena parte del río con miles de cabezas de cebolla allí almacenadas.
Al día siguiente, las bases del puente, minadas que fueron con gran trabajo la impetuosidad de las olas no tardó en consumar su destrucción, y una considerable extensión de él se vino al suelo a las cinco un cuarto de la tarde del sábado 11.
Aún después de terminada la canalización del Mapocho, no habría habido la menor necesidad de destruir su magnífico puente: la utilidad de éste en todo caso, y el patriotismo, demandaban su conservación.
¡Qué gran desgracia para la ciudad! Chile, con toda su riqueza de hoy, no podrá jamás hacer de nuevo un puente como el de Cal y Canto.
Extractos de diarios de la época, Santiago, agosto de 1888.
Fuente: auroradechile.cl