06/09/2026
A veces sanar no significa olvidar. Tampoco significa que aquello que dolió deje de importar.
Hay experiencias que permanecen como parte de nuestra historia. El desafío terapéutico puede estar en que dejen de ocupar todo el espacio disponible, de determinar nuestras decisiones, nuestras relaciones o la manera en que imaginamos el futuro.
Desde esta perspectiva, sanar no exige borrar el dolor ni construir una vida donde nunca vuelva a aparecer. Puede significar ampliar la vida alrededor de aquello que ocurrió: recuperar vínculos, proyectos, deseos, capacidades, identidades y posibilidades que el sufrimiento había dejado en segundo plano.
Porque una persona siempre es mucho más que aquello que le ocurrió.
Quizás una pregunta clínica importante no sea únicamente: ¿cómo hacemos para que esto deje de doler?, sino también:
¿Cómo podemos construir una vida en la que este dolor ya no tenga que dirigirlo todo? 🌿