27/08/2026
🩵 CARTAS AL ALMA 💕
CARTA A UNA MADRE QUE PERDIÓ A SU HIJO JOVEN DE FORMA INESPERADA
Querida madre:
No sé qué palabra pueda alcanzar el lugar donde hoy está tu corazón.
Porque hay dolores que no caben en una frase.
Hay ausencias que dejan la casa llena de recuerdos y el alma llena de preguntas.
Y perder a un hijo joven, de manera inesperada, es uno de esos dolores que parecen partir la vida en dos:
el día en que estaba… y el día en que ya no estuvo.
Quizás todavía hay momentos en los que tu mente se niega a aceptarlo.
Quizás esperas escuchar su voz.
Quizás miras su fotografía y por unos segundos sientes que todo sigue igual… hasta que la realidad vuelve a golpearte.
Y entonces lloras.
Llora, madre.
No tienes que ser fuerte todo el tiempo.
No tienes que demostrarle a nadie que estás bien.
No tienes que esconder tu tristeza para tranquilizar a los demás.
Tu hijo murió, pero tu amor por él no murió con su partida.
Por eso duele tanto.
Porque el amor no sabe despedirse de un día para otro.
Hay días en los que podrás hablar de él sonriendo.
Y habrá otros en los que pronunciar su nombre será suficiente para que las lágrimas aparezcan.
Ambos días están bien.
No estás retrocediendo.
Estás aprendiendo a vivir con una ausencia que nunca escogiste.
Y quizás haya una pregunta que vuelva una y otra vez:
“¿Por qué?”
¿Por qué él?
¿Por qué tan joven?
¿Por qué de esta manera?
¿Por qué no pude evitarlo?
Y quizá nadie tenga una respuesta que pueda satisfacer a tu corazón.
Por eso no quiero darte una explicación.
Quiero darte algo más necesario:
permiso para sentir.
Permiso para extrañarlo.
Permiso para llorarlo.
Permiso para hablar de él.
Permiso para guardar sus recuerdos.
Permiso para reír algún día sin sentir culpa.
Permiso para volver a vivir sin sentir que lo estás olvidando.
Porque volver a sonreír no significa que lo amaste menos.
Significa que estás aprendiendo a llevar su amor de una manera diferente.
Y cuando llegue la noche, cuando la casa quede en silencio y nadie vea tus lágrimas, recuerda esto:
Dios no se asusta de tu dolor.
No tienes que llegar delante de Él con palabras bonitas.
Puedes llegar con preguntas.
Puedes llegar llorando.
Puedes llegar sin entender.
Puedes simplemente decir:
“Señor, hoy no puedo más.”
Y aun allí, donde tú ya no encuentras fuerzas, puede comenzar a sostenerte una paz que no nace de entender lo sucedido, sino de saber que no estás sola en medio de lo sucedido.
“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón.”
— Salmo 34:18
Quizás hoy no puedas imaginar una vida donde el dolor duela menos.
No tienes que imaginarla.
Solo vive este día.
Respira.
Llora si necesitas llorar.
Descansa cuando puedas.
Y mañana vuelve a respirar.
Un día a la vez.
No tienes que olvidar a tu hijo para continuar.
Puedes continuar llevándolo en el lugar donde nadie puede quitártelo: en tu corazón.
Habrá una parte de ti que siempre será la madre de ese joven.
Y eso también es amor.
Con el tiempo, quizá la herida no desaparezca, pero puede transformarse.
El recuerdo que hoy te rompe puede llegar algún día a convertirse también en gratitud:
“Gracias, Dios, porque pude ser su madre.”
Gracias por sus abrazos.
Por sus palabras.
Por sus ocurrencias.
Por sus sueños.
Por cada instante compartido.
Y aunque hubieras querido tener muchos años más a su lado, nadie podrá quitarte los años que sí tuvieron.
El amor vivido no deja de existir porque la presencia física haya terminado.
Madre, no te apresures a sanar.
Hay duelos que no se “superan”.
Se atraviesan.
Se lloran.
Se transforman.
Y, poco a poco, se aprende a caminar con ellos.
Quizás hoy tu corazón solo pueda dar un paso.
Da ese paso.
Mañana habrá otro.
Y cuando no tengas fuerzas para caminar, permite que otros te sostengan.
No tienes que cargar sola un dolor tan grande.
Y cuando finalmente puedas volver a mirar hacia adelante, hazlo sin culpa.
Tu hijo no necesita que dejes de vivir para demostrar cuánto lo amaste.
Tu vida también merece continuar.
Puedes volver a reír.
Puedes volver a soñar.
Puedes volver a abrazar.
Puedes volver a sentir alegría.
Y cuando eso ocurra, no estarás traicionando su memoria.
Estarás honrando la vida que él despertó en ti.
Quizás nunca vuelvas a ser la misma mujer.
Pero eso no significa que tu historia haya terminado.
Significa que ahora llevas una parte de tu hijo contigo de una manera que nadie puede arrancarte.
Y si hoy solo puedes hacer una oración, que sea esta:
“Señor, no te pido que me hagas olvidar.
Te pido que me enseñes a vivir con amor en medio de esta ausencia.
Sostén mi corazón cuando se rompa.
Dame paz cuando no encuentre respuestas.
Y ayúdame a seguir caminando sin sentir culpa por volver a vivir.”
Querida madre…
No tienes que dejar de amar a tu hijo para aprender a vivir sin su presencia.
Puedes llorarlo y también sonreír.
Puedes extrañarlo y también continuar.
Puedes recordarlo y también construir nuevos días.
Porque algunas personas se van de nuestros brazos…
pero jamás se van del lugar donde verdaderamente fueron amadas.
Y quizás algún día, cuando pronuncies su nombre, las lágrimas ya no sean solamente de dolor.
También serán de amor.
De gratitud.
De memoria.
De todo lo que significó haberlo tenido.
Hasta entonces…
respira, madre.
Hoy no necesitas entenderlo todo.
Solo necesitas saber que todavía estás aquí.
Y mientras estés aquí, todavía hay vida que abrazar, amor que entregar y una historia que, aunque profundamente transformada, todavía puede encontrar paz.
🩵 CARTAS AL ALMA 💕
Con cariño al Alma.
P. YerisOlivella P. 👑💕. Yeris Olivella. Pastora Yeris Olivella.