Liberales De Base equipo político liderado por Nelson Pereira Salinas

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06/09/2026

*FUERZA PÚBLICA GOLPEA A GRUPOS AL MARGEN DE LA LEY*

Desde finales de agosto, Colombia vive una intensificación de las operaciones de la Fuerza Pública contra estructuras armadas ilegales. Guaviare y La Guajira han concentrado buena parte de la atención nacional, no solamente por la magnitud de los operativos, sino por el debate que han generado alrededor de la seguridad, el control territorial, el reclutamiento de menores y los límites que debe observar el Estado en medio de la confrontación.

El 27 de agosto se desarrolló en El Retorno, Guaviare, la Operación Amón, contra una estructura asociada a alias Calarcá. Allí murieron diez personas y posteriormente se confirmó que tres eran menores de edad. Este episodio abrió interrogantes políticos y jurídicos que continúan vigentes.

Tres días después comenzó la Operación Azarías, en Miraflores, Guaviare, dirigida contra el Frente Carolina Ramírez, estructura vinculada a las disidencias de Iván Mordisco. Además de las bajas, capturas y abundante material de guerra incautado, Medicina Legal confirmó posteriormente que entre los cuerpos identificados había dos menores de edad. Otro menor fue recuperado con vida y quedó bajo protección del ICBF.

La ofensiva tuvo un escenario diferente en Riohacha, La Guajira. La Operación Centinela de la Patria, realizada por unidades especializadas de la Policía, terminó con la muerte de Naín Pérez Toncel, alias Bendito Menor, señalado cabecilla de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, junto con otras tres personas de su círculo cercano.

¿COLOMBIA DIVIDIDA?

Estos acontecimientos han generado dos lecturas.

Desde el Gobierno se defiende la utilización de la capacidad operacional del Estado contra organizaciones responsables de narcotráfico, extorsión, homicidios, amenazas y reclutamiento. El Ministerio de Defensa sostiene, además, que las operaciones aéreas han cumplido los estándares legales y que quienes desempeñan una función continua de combate pueden convertirse en objetivos militares.

Desde sectores de oposición, el cuestionamiento se concentra especialmente en qué información de inteligencia conocía la Fuerza Pública antes de ordenar los bombardeos, qué precauciones se adoptaron ante la eventual presencia de menores y qué alternativas operacionales fueron consideradas. Esos interrogantes sustentan la moción de censura presentada contra el ministro de Defensa por la Operación Amón.

La controversia llegó igualmente a la justicia. Una jueza de familia de Bogotá dispuso provisionalmente que no se realicen bombardeos cuando exista información cierta u objetivamente verificable sobre menores reclutados en los objetivos y ordenó evaluar alternativas menos lesivas mientras se adopta una decisión de fondo.

RECLUTAMIENTO: UNA REALIDAD QUE NO PODEMOS IGNORAR

Hay, sin embargo, un componente que trasciende la discusión entre Gobierno y oposición.

En el trabajo que hemos venido realizando y en testimonios recogidos especialmente en municipios y zonas apartadas aparece reiteradamente una realidad preocupante: niños y jóvenes son buscados por organizaciones ilegales desde edades muy tempranas. Algunos son sometidos mediante amenazas o presión; otros son engañados con falsas ofertas de empleo, dinero o una supuesta posibilidad de mejorar sus condiciones de vida, para finalmente terminar incorporados a estructuras armadas.

Cuando esos jóvenes aparecen posteriormente en un campamento o en medio de una operación militar, el problema comenzó mucho antes del bombardeo. Comenzó cuando una organización ilegal pudo llegar primero que el Estado a una familia, una vereda o un municipio.

NUESTRA LECTURA

Desde el Movimiento LIBERALES DE BASE – Nelson Pereira consideramos que el país no debe caer en la falsa disyuntiva entre permitir que los grupos ilegales consoliden territorios o renunciar a proteger a la población en medio de las operaciones. La Fuerza Pública tiene la responsabilidad de combatir el narcotráfico, la extorsión, el homicidio, el secuestro y las estructuras que desafían al Estado; pero recuperar territorio significa mucho más que producir bajas o capturas. Significa permanecer después de la operación con justicia, educación, empleo, inversión social, protección a las comunidades e inteligencia suficiente para anticiparse al reclutamiento. Nos preocupa especialmente que organizaciones ilegales encuentren en la pobreza, el abandono y la falta de oportunidades terreno fértil para engañar o llevarse por la fuerza a nuestros jóvenes. El verdadero resultado será que el Estado llegue primero, permanezca en esos territorios y evite que quienes hoy son niños terminen mañana formando parte de las estadísticas de una confrontación armada.

Las operaciones Amón, Azarías y Centinela de la Patria dejan entonces algo más que balances militares: vuelven a poner sobre la mesa una pregunta que Colombia lleva décadas sin resolver completamente:

¿Quién ejerce realmente la autoridad y protege a la población en los territorios más apartados del país?

¡Trabajando Duro Estamos Con La Gente!

30/08/2026
28/08/2026

¿HAY DIFERENCIAS INTERNAS EN EL PACTO HISTÓRICO?

¿Disenso, consenso o autoritarismo?

En política, las diferencias internas no necesariamente representan una crisis. Muchas veces son consecuencia natural de organizaciones amplias, donde convergen liderazgos, historias y visiones distintas. El verdadero desafío está en la manera como esas diferencias se tramitan.

En los últimos días, dos situaciones han puesto esta discusión sobre la mesa dentro del Pacto Histórico. Sus protagonistas son Alirio Uribe y Dagoberto Quiroga, dirigentes reconocidos, provenientes de la antigua Colombia Humana y vinculados durante años al proyecto político encabezado por Gustavo Petro.

Los casos son diferentes. Sin embargo, por su cercanía en el tiempo y por la trayectoria de quienes están involucrados, resulta inevitable analizarlos conjuntamente.

ALIRIO URIBE: UNA DECISIÓN QUE LLAMÓ LA ATENCIÓN

Alirio Uribe aspiraba a integrar el Consejo Nacional Electoral —CNE— y, pese a contar con el respaldo de la mayoría de la bancada del Pacto Histórico, Gustavo Petro decidió no acompañar su nombre.

La objeción estuvo relacionada con la evaluación que Petro hizo de su actuación durante el proceso electoral presidencial, particularmente frente a las responsabilidades que habría tenido en la defensa y seguimiento electoral de la segunda vuelta.

El episodio merece atención porque no se trataba simplemente de una candidatura que careciera de respaldo. Por el contrario, existía una mayoría dentro de la bancada favorable a su aspiración y, aun así, la posición de Petro terminó siendo determinante.

Naturalmente, todo liderazgo político puede evaluar el desempeño de sus dirigentes, plantear inconformidades y expresar preferencias frente a una decisión de esa naturaleza.

Pero también resulta legítimo preguntarse qué ocurre cuando la opinión del principal referente político entra en contradicción con la voluntad mayoritaria de su propia bancada.

No es un asunto menor.

Alirio Uribe posee una trayectoria reconocida dentro de ese proyecto político y durante años ha acompañado sus principales luchas. Por eso, más allá del resultado concreto de la elección del CNE, queda abierta una discusión sobre cómo se construyen y se respetan los consensos internos.

DAGOBERTO QUIROGA: DE LA CONTROVERSIA JURÍDICA AL DEBATE POLÍTICO

El segundo episodio tiene una naturaleza diferente.

Dagoberto Quiroga acudió al Consejo de Estado para solicitar la revisión judicial de la conformación de la lista al Senado del Pacto Histórico, cuestionando decisiones adoptadas después de la consulta interna y que terminaron incidiendo en la elección de tres senadoras.

La demanda generó una fuerte reacción.

Las congresistas afectadas defendieron su elección y plantearon la posibilidad de expulsar a Quiroga del Pacto Histórico. Posteriormente, Gustavo Petro respaldó políticamente esa posición.

Aquí conviene separar dos escenarios.

Una cosa es la discusión jurídica y otra la reacción política.

Presentar una demanda no significa que quien demanda tenga necesariamente la razón. Quiroga deberá acreditar sus argumentos, las senadoras podrán defender plenamente sus credenciales y corresponderá al Consejo de Estado determinar si las decisiones adoptadas se ajustaron o no a las reglas electorales.

Ese es el camino institucional.

La discusión política comienza cuando el ejercicio de ese mecanismo judicial puede terminar convertido en fundamento para separar de una organización a uno de sus propios dirigentes.

Y entonces surge una pregunta inevitable:

¿Acudir ante la justicia para controvertir una decisión interna puede considerarse una deslealtad política?

DOS CASOS DIFERENTES, UNA MISMA REFLEXIÓN

No sería correcto equiparar ambos episodios.

En uno se discutía una representación ante el CNE. En el otro existe una controversia electoral sometida a la justicia.

Pero ambos tienen un punto que merece reflexión: dos dirigentes provenientes del mismo proyecto político, con años de trayectoria en Colombia Humana y posteriormente en el Pacto Histórico, quedaron casi simultáneamente enfrentados a decisiones o reacciones provenientes de su propia organización.

En el caso de Alirio, el respaldo mayoritario de la bancada no resultó suficiente frente a la posición expresada por Petro.

En el caso de Dagoberto, acudir al Consejo de Estado abrió inmediatamente la discusión sobre una posible expulsión.

Ninguno de estos hechos permite, por sí solo, sacar conclusiones definitivas.

Pero sí permite hacer una pregunta profundamente democrática:

¿Hay suficiente espacio para la crítica y la autocrítica?

DESDE NUESTRA ORILLA LIBERAL

Varios sectores liberales acompañamos la candidatura presidencial de Iván Cepeda y contribuimos electoralmente a ese proyecto.

Desde el Movimiento LIBERALES DE BASE – Nelson Pereira, con liderazgo en Bogotá y presencia en diferentes regiones del país, hicimos parte activa de ese acompañamiento, manteniendo nuestra identidad, nuestra autonomía y nuestro criterio político.

Precisamente por haber compartido importantes coincidencias observamos estos acontecimientos con respeto, pero también con la libertad necesaria para reflexionar sobre ellos.

No pretendemos intervenir en las decisiones internas del Pacto Histórico ni convertirnos en jueces de sus controversias.

Tampoco se trata de determinar quién ganó o perdió estas discusiones.

El asunto de fondo es otro.

Las grandes coaliciones políticas están integradas por personas y organizaciones diferentes. Esa diversidad puede convertirse en una fortaleza siempre que exista capacidad para tramitar los desacuerdos.

Porque unidad no significa unanimidad.

La disciplina puede ser necesaria para desarrollar un proyecto político, pero también debe existir espacio para formular observaciones, advertir equivocaciones e incluso controvertir decisiones.

La crítica respetuosa no necesariamente debilita.

La autocrítica tampoco.

En muchas ocasiones son precisamente las organizaciones que saben escuchar sus propias diferencias las que logran corregir a tiempo y mantenerse vigentes.

¿HASTA DÓNDE LLEGA EL DISENSO?

Este debate trasciende a Alirio Uribe y Dagoberto Quiroga.

La pregunta es válida para cualquier partido, movimiento o coalición que aspire a representar una sociedad plural:

¿Puede un dirigente disentir sin convertirse en adversario?

¿Puede cuestionar una decisión sin que inmediatamente se dude de su lealtad?

¿Puede una mayoría interna expresar una posición diferente a la del principal liderazgo?

¿Puede acudirse a las instituciones de justicia sin que eso implique automáticamente una ruptura política?

La respuesta no debería encontrarse en los extremos.

Ni toda discrepancia significa persecución, ni toda disciplina partidaria puede confundirse con autoritarismo.

Pero tampoco sería saludable que el temor a las consecuencias terminara llevando a dirigentes y militantes a guardar silencio frente a aquello que consideran equivocado.

En democracia, saber escuchar al contradictor es importante.

Saber escuchar al contradictor que está dentro de la propia casa puede ser todavía más difícil.

Tal vez allí se encuentra el verdadero desafío para el Pacto Histórico y, en realidad, para cualquier proyecto político que aspire a mantenerse unido sin perder su pluralidad.

Desde el Movimiento LIBERALES DE BASE – Nelson Pereira creemos que las alianzas pueden fortalecerse cuando las coincidencias son capaces de convivir con los matices y cuando las diferencias pueden discutirse sin que necesariamente terminen convertidas en rupturas.

Porque una organización amplia necesita liderazgo, pero también deliberación; necesita unidad, pero también pluralismo; necesita disciplina, pero nunca debería perder la capacidad de preguntarse si puede estar equivocada.

Y por eso dejamos abierta, con respeto, la pregunta que titula esta columna:

¿DISENSO, CONSENSO O AUTORITARISMO?

¡Trabajando Duro Estamos Con La Gente!

LA RECONSTRUCCIÓN: $30 BILLONES16 departamentos • 470 municipiosCentenares de damnificados esperan que las promesas del ...
23/08/2026

LA RECONSTRUCCIÓN: $30 BILLONES

16 departamentos • 470 municipios

Centenares de damnificados esperan que las promesas del Gobierno se conviertan en soluciones efectivas

Han transcurrido varios días desde el terremoto que golpeó a buena parte del país. Superada la primera reacción de emergencia, comienza una etapa todavía más compleja: convertir los anuncios, los recursos y las promesas en soluciones concretas para las familias damnificadas.

La dimensión del desafío es enorme. Se habla de $30 billones para la reconstrucción, mientras las afectaciones alcanzan 16 departamentos y 470 municipios. Detrás de estas cifras hay familias que perdieron sus viviendas, comerciantes que vieron desaparecer años de trabajo, instituciones educativas afectadas y comunidades enteras que necesitan recuperar cuanto antes condiciones dignas de vida.

La emergencia ya no puede quedarse solamente en expresiones de solidaridad. Ahora corresponde avanzar hacia la reconstrucción, la recuperación económica y social y el restablecimiento de la infraestructura afectada.

DEL ANUNCIO A LAS SOLUCIONES

Centenares de damnificados esperan respuestas. El Gobierno Nacional, las gobernaciones, alcaldías y demás instituciones tienen el enorme compromiso de actuar con rapidez, coordinación y transparencia.

Los recursos anunciados deben traducirse en viviendas reparadas o reconstruidas, colegios nuevamente en funcionamiento, vías recuperadas, servicios públicos restablecidos y apoyo efectivo para comerciantes, trabajadores y familias que perdieron sus fuentes de ingreso.

La reconstrucción no puede convertirse en una interminable cadena de trámites, anuncios y promesas.

Cada peso destinado a la emergencia debe tener un propósito identificable, un responsable y resultados que puedan ser conocidos y evaluados por la ciudadanía.

SHAKIRA: APOYO PARA LA EDUCACIÓN

La presencia de Shakira en el Chocó y el acompañamiento de su Fundación Pies Descalzos ponen nuevamente sobre la mesa una prioridad fundamental: la educación de los niños y jóvenes de las zonas afectadas.

Su apoyo a la recuperación de instituciones educativas constituye un aporte importante. Los niños no pueden convertirse en víctimas permanentes de la tragedia ni perder meses de formación mientras se reconstruyen sus comunidades.

Pero este esfuerzo también recuerda algo esencial: la cooperación privada, empresarial, artística y ciudadana puede contribuir significativamente, pero la responsabilidad principal de garantizar la reconstrucción y los derechos de la población corresponde al Estado.

LA AYUDA DEBE LLEGAR A QUIENES LA NECESITAN

Desde el Movimiento Liberales de Base, hacemos un llamado especial para que las ayudas, donaciones y recursos destinados a los damnificados sean manejados exclusivamente mediante canales oficiales, entidades reconocidas y mecanismos verificables.

No podemos permitir que la necesidad de miles de colombianos se convierta en oportunidad para personas inescrupulosas.

Por eso insistimos en tres principios fundamentales:

CANALES OFICIALES. Las donaciones deben realizarse únicamente a través de entidades y cuentas debidamente autorizadas.

TRANSPARENCIA. La ciudadanía tiene derecho a conocer el origen, destino, contratación y ejecución de los recursos destinados a atender la emergencia.

VEEDURÍA CIUDADANA. Las comunidades, organizaciones sociales y ciudadanos debemos ejercer control para ayudar a garantizar que los recursos lleguen verdaderamente a quienes los necesitan.

¡QUE TIEMBLEN LOS CORRUPTOS!

Los organismos de control tienen una responsabilidad histórica. Ni un peso destinado a los damnificados puede terminar en los bolsillos de corruptos, intermediarios oportunistas o contratistas favorecidos irregularmente.

La emergencia no puede convertirse en excusa para relajar los controles. Por el contrario: cuanto mayores sean los recursos públicos comprometidos, mayor debe ser la vigilancia.

Desde Liberales de Base acompañaremos la reconstrucción con espíritu constructivo, pero también ejerceremos veeduría y control ciudadano sobre la inversión de los recursos públicos y las donaciones.

Colombia demostró su capacidad de unirse frente a la tragedia. Ahora comienza la verdadera prueba: lograr que esa reacción inicial se transforme en obras, viviendas, escuelas, oportunidades y tranquilidad para quienes lo perdieron todo.

Los damnificados no necesitan más promesas. Necesitan soluciones efectivas.

Movimiento LIBERALES DE BASE
Nelson Pereira – Fundador y Director Nacional
¡Trabajando Duro Estamos Con La Gente!

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Bogotá

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