La Alianza de Lordaeron fue la unión de los siete reinos humanos, junto con los enanos de Khaz Modan (que también incluyó a los gnomos de Gnomeregan) y Pico Nidal, con los elfos nobles de Quel'Thalas, y con otros con gran influencia política, incluyendo la Iglesia de la Luz Sagrada. Al darse cuenta de la amenaza que los orcos planteaban, el Señor Regente Anduin Lothar, líder de los refugiados de A
zeroth, fue capaz de convencer a los líderes de los reinos humanos, así como a los enanos y gnomos, cuyas tierras habían sido objeto de asedio por la Horda, para unirse en contra de los orcos. Los elfos nobles se unieron a regañadientes, obligados por su honor a acudir en ayuda de Lothar, el último descendiente del linaje Arathi. Su renuencia se convirtióen entusiasmo cuando se dieron cuenta de que los Amani se había unido a la lucha. Más tarde, en la guerra, los enanos Ma****lo Salvaje de Pico Nidal se unieron al conflicto del lado de la Alianza. La Alianza de Lordaeron fue liderada por el rey Terenas Menethil II, quien aceptó embajadores o monarcas de todos las naciones miembro y razas en su capital. Por lo general hablaban a través de mensajes y diplomáticos. Uno del consejo interno del Kirin Tor había estado presente en eventos de este tipo (con la excepción de una reunión de Dalaran que no fue invitado, dirigido por Lord Prestor, aunque espiados por Krasus). Aunque Terenas fue el más alto encargado de la Alianza en relaciones militares, cada nación y raza conservó su autonomía y autogobierno en sus asuntos internos. Este acuerdo, sin embargo, sólo fue eficaz en tiempos de guerra, y llevó a la Alianza a la victoria en la Segunda Guerra, aunque también a sus estragos durante el ataque de la Plaga. La Alianza de Lordaeron fue modificada después de la Tercera Guerra, creando así una Alianza entre los humanos, los enanos, los elfos de la noche, los draenei, y los gnomos, así como grupos menores como los elfos nobles, semielfos, enanos Ma****lo Salvaje, y algunos semiorcos. Los elfos de sangre no fueron miembros, debido a su partida a Terrallende o nueva lealtad a la Horda. Consecuencias de la Segunda Invasión
Los sucesos de la Segunda Invasión de la Legión Ardiente llevaron a que se formara una alianza con los miembros de la Nueva Horda liderada por Thrall. Sin embargo esto duró hasta que Archimonde fue derrotado en Hyjal y aunque se firmó un pacto de no agresión entre ambas facciones, las hostilidades entre algunos miembros ha sido siempre inevitable. Durante el conflicto, la mayoría de supervivientes de la destrucción del reino elfo de Quel'Thalas decidieron llamarse elfos de sangre y volver a unirse a la Alianza bajo el mando del Mariscal Garithos para no ser barridos por la Plaga pero su trato les provocó la repulsa a los humanos y a seguir perteneciendo a la Alianza, tiempo después se unieron a la Horda. El resto de elfos nobles que se encontraba en Theramore, permanecieron fieles a Lady Jaina Valiente y al Capitán Darillω y en la Avanzada de Quel'Danil en las Tierras del Interior bajo el liderazgo de Jalinde Dracoestíoω . Más adelante los elfos nobles que andaban desperdigados por Azeroth, se reagruparon en Rasganorte como el Pacto de Plata. Unos años más tarde, un grupo de draenei que había aterrizado en Azeroth se unieron a la Alianza. Pertenecientes a un lejano mundo, establecieron una base permanente localizada en los restos del Exodar y trataron de ganarse el favor de aquellos que habían derrotado a la Legión, los responsables de su huida de Argus. Tras el regreso de Alamuerte, una nueva raza entró a formar parte de las filas de la Alianza: los huargen del antiguo reino humano de Gilneas. La maldición licántropa y el acoso de los Renegados a su reino hicieron que los elfos de la noche los acogieran y les ayudaran a controlar su salvajismo.