13/03/2020
Mi credo (58). Creo en Jesús que según hebreos “¡era igualito a su papá!”. Así lo expresa: “es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es” (Heb 1:3). Lo que se nos está diciendo, al puro principio del libro, es que en las acciones, vida y mensaje de Jesús Dios se reveló o se dio a conocer. Encontrarse con Jesús es encontrarse con Dios. ¡Qué curioso! Ese lenguaje de “gloria” se usaba en el AT para hablar de la presencia o manifestación de Dios primero en el tabernáculo y luego en el templo. Que el autor vincule la gloria de Dios, relacionada con el templo, ahora con Jesús, es muy significativo para su argumento, su intención teológica y pastoral. Los destinatarios de esta carta estaban siendo tentados a volver a su antigua confesión religiosa representada en el templo, sus rituales y toda su parafernalia. Pero, mientras otros buscan la “gloria de Dios en el templo”, la gloria de Dios ahora está relacionada con la sencillez de “un Dios que camina en sandalias”. Jesús ejerció un sacerdocio, pero no ritual sino existencial, su templo fueron los demás; fue un sacerdote que acogió a los débiles y se hizo uno con ellos. Por ello “gloria” aquí no tiene que ver con “esplendor o poder” sino con intensidad, esa con la que vivió, sirvió, iluminó y rehabilitó, desde su condición humana, a los demás. Así las cosas, muchas veces Dios no está donde creemos que debe estar (según categorías tradicionales), sino que está en donde menos pensaríamos, en los márgenes, “fuera del templo y la religión”. Por esto, al final del libro el autor invita a los suyos a romper definitivamente con el sistema religioso del templo, a empezar a sacrificar “buenas obras” en vez de chivos, y a “recibir” (respetar) la imagen sencilla y humilde del pastor en vez de la imagen pomposa, ostentosa y suntuosa del sacerdote del templo (Heb 13:13-17). Una comunidad “intramuros” (del templo) necesita sacerdotes y clericalismos, pero una comunidad “extra muros” (fuera del templo) precisa de humildes pastores. El llamado a “sujetarse” (o a aceptar) a los pastores es la muestra clara de la ruptura con el sistema religioso, y no es el llamado a construir otro sistema institucional o personal. Si creo en Jesús, quien es manifestación plena de la gloria de Dios fuera de las formas y categorías ya sabidas y esperadas. Sin lugar a dudas, ¡igualito a su papá! J.C.D