20/12/2025
𝕃𝕒 𝔾𝕖𝕤𝕥𝕚𝕠́𝕟 𝕀𝕟𝕥𝕖𝕘𝕣𝕒𝕝 𝕕𝕖𝕝 ℝ𝕚𝕖𝕤𝕘𝕠 𝕖𝕟 ℂ𝕠𝕝𝕠𝕞𝕓𝕚𝕒: 𝕌𝕟𝕒 𝕔𝕣𝕚́𝕥𝕚𝕔𝕒 𝕒 𝕝𝕒 𝕚𝕟𝕖𝕗𝕚𝕔𝕚𝕖𝕟𝕔𝕚𝕒 𝕕𝕖 𝕝𝕒𝕤 𝕡𝕠𝕝𝕚́𝕥𝕚𝕔𝕒𝕤 𝕡𝕦́𝕓𝕝𝕚𝕔𝕒𝕤 𝕪 𝕝𝕠𝕤 𝕖𝕤𝕔𝕒𝕤𝕠𝕤 𝕣𝕖𝕤𝕦𝕝𝕥𝕒𝕕𝕠𝕤
Por Cͨᴛⷮ Aͣlvͮaͣrͬoͦ Eͤdͩuͧaͣrͬdͩoͦ Faͣrͬfaͣ́n Vͮaͣrͬgaͣs͛
Colombia un país con características geográficas y climáticas diversas, se enfrenta a desafíos constantes significativos en materia de la gestión integral de riesgos. A pesar de contar con un marco normativo amplio que busca integrar la gestión del riesgo en todas las dimensiones del desarrollo, la ineficiencia de las políticas públicas implementadas ha generado una ola de críticas en los diferentes niveles sociales. En este contexto, es esencial analizar cómo los escándalos de corrupción, la inequidad social, el manejo deficiente de los recursos y la insuficiente cultura del riesgo han obstaculizado una respuesta efectiva ante situaciones adversas, desde desastres naturales, antropicos y hasta crisis provocadas por el cambio climático.
Entrando un poco en el contexto legal Colombiano, la Ley 1523 de 2012 establece la política nacional de gestión del riesgo de desastres, orientada a prevenir, mitigar y responder a situaciones de emergencia. Sin embargo, su implementación ha sido significativamente afectada por la corrupción y la falta de coordinación adecuada entre las entidades territoriales, generando desconfianza en la ciudadanía respecto a las capacidades del Estado para garantizar su seguridad. Según un estudio del Observatorio de la Corrupción, se estima que más del 40% de los recursos asignados para la gestión del riesgo se pierden en prácticas corruptas (Título: Crítica a la Gestión Integral del Riesgo en Colombia: Ineficiencias y Desafíos en las Políticas Pública)
En Colombia, la gestión integral del riesgo es un aspecto crucial para garantizar la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos, especialmente dado el contexto geográfico y social del país. Sin embargo, los escándalos de corrupción, la inequidad en la distribución de recursos y la ineficacia de los controles han demostrado que las políticas públicas implementadas hasta la fecha son insuficientes. Este análisis reflexivo desde mi experiencia misional en diferentes escenarios de riesgo asi como en el manejo de varios incidentes de gran magnitud busca explorar cómo la combinación de estos factores ha afectado la capacidad del Estado como directo responsable para enfrentar no solo las crisis naturales, sino también los riesgos sociales y económicos, intensificados por el cambio climático.
La ley 1523 de 2012 establece el marco normativo para la Gestión del Riesgo en Colombia, enfocándose en la prevención, preparación, respuesta y recuperación ante desastres (Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres [UNGRD], 2012). Sin embargo, a pesar de esta estructura legal, las instituciones encargadas de implementar estas políticas enfrentan serios obstáculos.
Uno de los principales retos es la falta de coordinación entre diferentes niveles de gobierno. Los entes territoriales, que son responsables de ejecutar las políticas a nivel local, a menudo carecen de los recursos necesarios y de la capacitación adecuada, lo que limita su capacidad de respuesta (Bolaños & Gómez, 2021). Esta situación es agravada por la corrupción que permea diversas esferas de la administración pública, donde los recursos destinados a la gestión del riesgo son frecuentemente mal administrados o desviados.
Nuestro país infortunadamente ha sido testigo de numerosos escándalos de corrupción que involucran a funcionarios públicos en la mala gestión de recursos destinados a la atención de desastres. Por ejemplo, el caso de la "silla vacía", donde se evidenció que en varias regiones se destinaron recursos públicos a obras que nunca se realizaron o se entregaron sobrecostos por servicios que no cumplían con las especificaciones requeridas (González, 2020). Estos acontecimientos no solo afectan la eficacia de la gestión del riesgo, sino que también generan una profunda desconfianza en la población hacia las instituciones.
La inequidad también juega un papel fundamental en este entramado. Las comunidades más vulnerables, que suelen ser las más afectadas por desastres naturales, son frecuentemente las que menos recursos reciben. Según un estudio realizado por la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR, 2019), las áreas rurales y periféricas enfrentan un déficit significativo en la inversión pública para la mitigación de riesgos, exacerbando su vulnerabilidad.
A pesar de la existencia de mecanismos de control diseñados para supervisar el uso de los recursos públicos, como la Contraloría General de la República, estos han demostrado ser ineficaces. La falta de transparencia en la gestión de recursos por parte de las entidades locales y regionales dificulta un seguimiento efectivo. Un informe de Transparencia por Colombia (2021) reveló que más del 70% de los contratos relacionados con la gestión del riesgo en los últimos años presentaron irregularidades significativas, lo que pone en entredicho la responsabilidad de los entes territoriales.
Los sistemas de control deben ser reformulados para adaptarse a las necesidades y realidades del contexto colombiano. Es esencial que se promueva una cultura de la transparencia, donde la ciudadanía participe activamente en la vigilancia del manejo de recursos y pueda exigir cuentas a sus administradores. Las soluciones tecnológicas, como la implementación de plataformas digitales para la rendición de cuentas, podrían ser un paso positivo hacia la mejora de la gestión pública.
El cambio climático representa otro desafío significativo para la gestión integral del riesgo en Colombia. La alteración de patrones climáticos ha aumentado la frecuencia e intensidad de fenómenos como inundaciones, avenidas torrenciales, deslizamientos de tierra, sequías, incendios forestales, etc complicando aún más la labor de las autoridades y de los organismos operativos (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, 2020). Ante esta realidad, es imperativo que las políticas públicas no solo se centren en la respuesta ante desastres, sino que también integren estrategias de adaptación y mitigación que consideren el impacto del cambio climático.
Además, la cultura del riesgo debe ser fomentada desde niveles educativos hasta comunitarios. La sensibilización sobre la importancia de la gestión del riesgo y la preparación ante desastres debe ser un pilar fundamental en las políticas públicas. Programas de educación y capacitación que involucren a las comunidades pueden empoderarlas para que participen activamente en la identificación de riesgos y la implementación de medidas preventivas.
La responsabilidad de los entes territoriales en la gestión del riesgo es innegable. Ellos son quienes están más cercanos a las comunidades y, por ende, tienen un conocimiento privilegiado de sus dinámicas y necesidades. Sin embargo, la debilidad institucional y la falta de formación técnica son barreras que dificultan su gestión. Es esencial que se establezcan programas de fortalecimiento institucional que incluyan capacitaciones y recursos adecuados para que puedan desempeñar su labor de manera efectiva.
Asimismo, es fundamental promover la colaboración interinstitucional y el trabajo conjunto entre diversos actores, incluidas organizaciones no gubernamentales y comunidad internacional. Esta sinergia puede proporcionar herramientas adicionales para la gestión del riesgo y asegurar que se utilicen adecuadamente los recursos disponibles.
Para ir concluyendo mi columna de opinión soy un firme creyente de que la gestión integral del riesgo en Colombia enfrenta múltiples desafíos que ponen en evidencia la ineficiencia de las políticas públicas actuales. La corrupción, la inequidad en la distribución de recursos, la falta de controles eficaces y la incapacidad de adaptación ante el cambio climático son obstáculos que deben ser superados para garantizar la seguridad de la población.
Es necesario un giro en la forma en que se concibe y se ejecuta la gestión del riesgo, priorizando la transparencia, la participación ciudadana y el fortalecimiento de los entes territoriales. Solo así será posible construir un país más resiliente, capaz de enfrentar los retos que el futuro le depare.
Referencias:
Bolaños, J., & Gómez, A. (2021). Desafíos en la gestión del riesgo en Colombia: Análisis y propuestas. *Revista de Estudios Sociales*, 45(1), 58-75.
González, M. (2020). La corrupción en la gestión del riesgo: un análisis crítico. *Colombia: Problemas y desafíos*. Editorial Pontificia Universidad Javeriana.
Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. (2020). Estrategia nacional de adaptación al cambio climático. Recuperado de https://www.minambiente.gov.co
Transparencia por Colombia. (2021). Informe sobre la gestión del riesgo en Colombia. Recuperado de https://www.transparenciacolombia.org.co
Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). (2012). Ley 1523 de 2012: Por medio de la cual se adopta el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres. Recuperado de http://www.gestiondelriesgo.gov.co
Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR). (2019). Informe mundial sobre la reducción de desastres. Recuperado de https://www.undr.org
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