15/08/2026
Muchos dirán que soy un desagradecido, pero el verdadero desarrollo territorial exige plantear soluciones de fondo. Cuando se trata de problemáticas complejas que tocan la vida de la gente, las respuestas superficiales terminan saliendo muy caras.
Hace poco la administración municipal mandó a tumbar ramas y mutilar árboles con la idea de "despejar" la zona para frenar el consumo de sustancias. La realidad del territorio es contundente, pues los jóvenes siguen ahí. Quitar sombra o alterar el espacio público jamás ha sido una solución, porque los problemas sociales no se resuelven podando árboles ni maquillando esquinas para la foto.
El consumo de sustancias psicoactivas debe abordarse como lo que realmente es, un asunto prioritario de salud pública, no un problema que se reduzca a la seguridad o al control policial. Detrás de cada persona que consume existen realidades que el cemento y la poda no tocan: vacíos de atención psicosocial, falta de oportunidades, ausencia de alternativas culturales y comunitarias, y una desconexión profunda con su entorno.
Tratar la adicción únicamente como una amenaza al orden público desvía la mirada de lo importante. Un municipio no se transforma escondiendo lo que incomoda, sino asumiendo la responsabilidad técnica y humana de atender las causas estructurales. El espacio público se recupera llenándolo de vida, acompañamiento y programas integrales de salud, nunca desde la cosmética institucional.