13/06/2025
Excelente reflexión!!
El problema del polizón: una advertencia para las elecciones del 2026
Por Roberto Jiménez
Con el inicio del ciclo electoral rumbo al 2026, los partidos políticos costarricenses enfrentan un reto doble: presentar candidaturas competitivas y preservar la coherencia ideológica que justifica su razón de ser.
Conviene recordar que, según el Código Electoral vigente, los partidos no deben limitarse a ser simples maquinarias electorales. Su deber es mucho más profundo: ser centros de estudio y reflexión permanentes sobre la realidad nacional. A partir de su ideología y estatutos, están llamados a ofrecer al electorado una visión país, con objetivos claros, estrategias viables y equipos preparados para asumir el gobierno con propiedad si resultan electos. Y si no resultan electos, ejercer una oposición responsable y constructiva, apoyando aquello que beneficie al país, como corresponde en una auténtica cultura democrática.
En este marco, es oportuno traer a colación un concepto de la filosofía política: el problema del polizón (free rider problem). El polizón es quien se sube al barco del esfuerzo colectivo sin aportar al viaje ni comprometerse con su destino. En política, es aquel que se integra a un partido fingiendo adhesión a sus principios, pero que, una vez en el poder, actúa movido por intereses personales, externos o incluso contrarios a la visión que juró defender.
Este fenómeno ha afectado a partidos de todo el espectro ideológico en Costa Rica. Personas que alcanzan curules, alcaldías u otros cargos gracias al respaldo partidario, y luego se desligan de la agrupación, debilitando sus estructuras, defraudando a su electorado y sembrando desconfianza en la democracia representativa.
Frente a esto, es urgente que los partidos recuperen su rol institucional. Que fortalezcan sus procesos de formación política y selección interna, exijan coherencia programática, y garanticen que quienes aspiran a cargos públicos lo hagan con auténtico compromiso hacia la propuesta partidaria y el proyecto de país que representan.
De cara al 2026, la ciudadanía espera algo más que rostros nuevos o discursos llamativos. Exige integridad, transparencia y lealtad a los principios. La función pública no debe ser vista como un trampolín para ambiciones personales, sino como una vocación al servicio del bien común.