02/09/2026
🤔LA EXPERIENCIA COMO CAMINO DE RESPUESTAS🤔
La experiencia no es más que la aplicación de lo aprendido. Si tuviéramos que definir el concepto humano de experiencia, no hablaríamos de un título colgado en la pared ni de la cantidad de años que acumulan las arrugas; hablaríamos de esa cicatriz invisible que te enseña a no volver a tocar el fuego, de la memoria muscular de haber caído y saber exactamente cómo levantarte. Y hoy, justo hoy, necesito hablarles de eso.
Mira, nuestro messenger ha recibido un aluvión de criterios y preocupaciones, todas acertadas, todas con un elevado grado de realismo. El tema en cuestión es el transporte, y la cosa está que arde con los precios. Jóvenes y trabajadores... todos ahogados en unas cuantías que se pagan por moverse de un punto A a un punto B. Los precios de los servicios están en una órbita que no guarda ninguna relación con el salario básico de ningún trabajador cubano. Es, simplemente, insostenible.
A ver, seamos honestos: los reclamos son válidos. Totalmente válidos. Pero ante este escenario, la mente nos juega trucos y nos preguntamos: ¿Qué hacer? Porque no hay transporte porque no hay combustible. ¿Será con multas que se va a resolver este problema? ¿Será retirando las patentes? ¿Cómo demonios hacemos para que los “riquimbileros”, los cocheros y todos los que le ponen precio al transporte en la calle bajen la mano?
Salimos a buscar respuestas. Y no, no las busqué en la Inteligencia Artificial ni en los discursos de los expertos oficiales de turno. Me senté en un portal con dos "abuelos". Los encuesté. Ellos me escucharon con esa mesura y sapiencia que solo da la vida, esos sabios de barrio que siempre encuentran la salida a los problemas más disímiles, me miraron atentamente. Y nos respondieron:
"Mis niñas, nosotros somos de una generación que conoció el SOCIALISMO REAL. Cuando había casi de todo y también nos quejábamos, porque como ser humano, nuestras necesidades son siempre crecientes — (eso lo explica el marxismo), —. Y de buenas a primeras, como un apagón, LLEGÓ EL PERIODO ESPECIAL. CERO TODO. Casi todo, los taxis Chevy y las guaguas Hinos, luego las Ikarus cada una hora, con unos tikes que se ponchaban para pagar, desaparecieron de sopetón y pasamos a los coches tirados por caballos. Pero no nos sentamos a rendirnos, porque hay que seguir caminando. No existía transporte, tambien era caro para los precios de la época y entonces todo el mundo se montó en una 'BURRA'...y así íbamos a la escuela, al trabajo y hasta Rancho luna los Domingos. En el Prado, se habilito una senda a la “zurda” (el que lo hizo se quedó loco porque era por el lado izquierdo, solo para bicicletas) porque eran un montón"
Yo los interrumpí, creyendo que hablaban de un animalito. Se rieron y me explicaron que "la burra" era esa bicicleta “asmática” que sacaba el aire por lo mal hechas que estaban. Las hacían en Villa Clara y todo el mundo tenía una para ir a su trabajo o a la escuela. La vida continuó, y aquí no nos detuvimos. Somos de una generación que, lejos de detenerse a pedir sones, armó las guitarras para cantar, porque nadie nos puede quitar las ganas de vivir.
Hoy hay desde “naves espaciales” privadas que ruedan por nuestro Prado, hasta triciclos, caballos y bicicletas con piñas de ciclismo. ¿Qué nos falta? Que estamos perdiendo el corazón. Le pregunto ¿Por qué? Nos responden: Simple cuando veníamos cansados del trabajo o la escuela, le decíamos a nuestro compañero que aún no tenía transporte: "emparrillate", y ahí nos lo llevábamos. Aunque llegáramos con la lengua afuera a nuestra zona de apagón. Hoy hay más transporte que antes, pero también hay más individualismo. Y ojo, no estamos en contra de que la gente prospere, al contrario. Pero tenemos que hacer más por nosotros y quejarnos un poco menos.
"Si los jóvenes no tienen guagua para ir a la escuela, que les compren bicicletas", los de ahora no serán menos que los de antes, lo que los tenemos más “amamantados con la creencia que no quiero que mi hijo pase lo que YO”, al final su dicha o su calvario no se lo quita nadie, ni se lo pone, solo es definido por la vida misma o el creador, me dijo el abuelo, ajustándose las gafas. "Si total se gastan hasta 400 dólares en celulares ultra caros... una 'burra' se arma como sea. Lo que no se puede es dejar que el joven se quede b***o".
La lógica de ellos es aplastante: más bicicletas rodando, más salud, y los precios de los triciclos y coches tienen que bajar por pura ley de oferta y demanda, porque ya no tienes la necesidad imperiosa de montarte en ellos si puedes pedalear. Y esto, aclaran, no quiere decir que se eliminen otras opciones, solo que tu elección hace que el precio baje. Tampoco quiere decir que el Estado se desentienda del abuso. ¡Para nada! Lo que pasa es que los precios no se bajan con inspectores o multas. Si menos gente coge estos medios por su propia decisión económica, se ahorra y por consecuencia, el precio del uso, baja.
Claro está, siempre van a ver quiénes necesiten estos medios, pero ya es una elección de uso, lo cierto es que ante la disminución de la demanda de movilidad y la necesidad de ganar “algo” el trabajador del transporte bajará el precio.
Aprendamos de la senda que ya recorrimos y vencimos; allí encontraremos muchas soluciones a los laberintos de hoy, que al igual que ayer, la vida nos lo impuso.
Quizás no estemos de acuerdo al 100% con la lógica del abuelo —porque el Estado sí tiene una responsabilidad ineludible de regular y proteger al consumidor ante el desbalance salarial—, pero lo que sí está claro es que ellos no se cruzaron de brazos a esperar que el cielo se abriera. Ellos encontraron salidas. Ellos pedalearon y hoy lo siguen haciendo.
Y mientras el mundo intenta entender la economía del transporte en una Cuba sin petróleo y bloqueada, ellos siguen firmes en su filosofía de barrio, demostrando que la verdadera experiencia es saber cuándo subirse al coche y, sobre todo, cuándo decir al riquimbilero: "No, mi hermano, 500 pesos por un tramo de 10 cuadras, no te los pago ni loco. S**o mi burra y me voy".