08/03/2022
Declaración con motivo del
La Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), como organización política de vanguardia dentro de la juventud cubana, tiene la responsabilidad de hacer suya toda lucha que contribuya a la edificación de un mundo sin opresiones de ningún tipo. En tal sentido, la organización se moviliza y prepara para profundizar las garantías democráticas ya alcanzadas en la lucha revolucionaria, entre ellas las luchas por alcanzar la plena emancipación de las mujeres. En correspondencia con esto, la UJC de la Universidad de La Habana realiza la siguiente declaración:
Las mujeres cubanas han ganado numerosos derechos debido a su activa y genuina participación en las luchas revolucionarias. Desde etapas coloniales hasta nuestros días nos llega el ejemplo de mujeres como Ana Betancourt, Mariana Grajales, Clodomira Acosta, Melba Hernández, Celia Sánchez, Haydée Santamaría, Vilma Espín, y muchas otras mujeres que han luchado y han estado a la altura de las necesidades de la Revolución. Sin la participación activa de las mujeres, la Revolución nunca hubiera podido coronarse ni expandir su ejemplo.
A ellas: a las que dirigieron la lucha; a las que cayeron en medio de las balaceras independentistas; a las que recibieron el látigo español; a las que se agruparon y organizaron para obtener mayores garantías democráticas en la República neocolonial; a las que en las universidades pusieron freno a los esbirros; a las que en el clandestinaje debilitaron a la dictadura batistiana; a las que se alzaron en la Sierra y prepararon el terreno para la consolidación del Ejército Rebelde; a las que se ganaron su puesto como combatientes en las guerrillas; a las que se diseminaron en América Latina y África para llevar luz de fuego y liberación combatiendo al imperialismo yanqui; a las que llevan el mayor peso de los trabajos de cuidados y a las que se enfrentan a las más atroces manifestaciones de machismo y violencia; a las discriminadas por ser negras; a las excluidas por su identidad de género; a las trabajadoras sexuales; a las acosadas; a las que se encuentran en situación de discapacidad; a las que no tienen la oportunidad de defenderse; a las silenciadas y a las que tienen miedo hoy y despertarán mañana. A todas ellas, a las que ya no están, a las que viven y a las que vendrán, va dedicada esta declaración.
En los últimos tiempos se ha evidenciado el avance de fuerzas conservadoras opuestas al ejercicio de los derechos y las libertades de algunos sectores de nuestra sociedad. Un ejemplo de esto es la disputa que ha surgido con el anteproyecto para el nuevo Código de las Familias, al que han intentado desacreditar a través de la tergiversación, la manipulación e interpretaciones superficiales. Dicho fenómeno trasciende el territorio nacional y se manifiesta en articulaciones continentales y ascensos a los gobiernos de programas reaccionarios. Ante estos acontecimientos se organizan en nuestro país movimientos que practican formas de entender la Revolución desde perspectivas de
género. En este sentido, el feminismo es una de las corrientes que dentro de Cuba comprenden en su accionar las luchas por la emancipación de la mujer.
El feminismo reconoce en el capitalismo y el patriarcado, los principales responsables de la inmensa mayoría de las injusticias: la explotación de los trabajadores y trabajadoras; la privatización de los derechos básicos de salud, educación y vida digna; la discriminación racial y por género; el neocolonialismo; la exclusión de las personas en situación de discapacidad; la contaminación y la depredación ambiental. Sabe que no pueden ofrecer igualdad entre las personas, por el contrario, naturalizan la desigualdad mediante discursos engañosos con el fin de mejorar los métodos de sometimiento del género femenino e identidades no reconocidas por la heteronorma.
El feminismo entiende que el capitalismo desprecia a la mujer y solo la necesita en tanto garantice la reproducción del capital. Por eso la intenta confinar en el hogar; por eso le molesta que decida sobre su cuerpo; por eso se opone al ab**to; por ello no la quiere haciendo política; por eso no la quiere decidiendo. Por ende, el capitalismo reproduce constantemente mecanismos encaminados hacia la represión de toda expresión de deseo común que incluya la solidaridad y la verdadera igualdad. Contra estos intentos de silenciar, el feminismo aspira a construir una vida en común entre todas las personas. Ese es el feminismo revolucionario, el que convierte lo personal en político, y lleva hasta sus últimas consecuencias la lucha por proyectos de vida que reproduzcan valores de comunidad, en oposición al individualismo y la competencia que el capitalismo quiere imponernos.
La Unión de Jóvenes Comunistas de la Universidad de La Habana entiende que este feminismo revolucionario, corriente histórica cuyos orígenes nacen del ideario socialista al calor de las luchas obreras, ha de ser rescatado como una forma más de avanzar en la “Revolución dentro de la Revolución”, como dijera Fidel en el acto fundacional de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
Apoya la labor de la FMC en su empeño de gestionar políticas encaminadas a la incorporación, participación y promoción de las mujeres cubanas en la vida económica, política, social y cultural del país, en condiciones de igualdad de derechos y oportunidades.
Asume el feminismo y su lucha contra todas las formas de opresión como una manera de entender la construcción socialista. No hay contradicción entre la lucha por un mundo nuevo y el feminismo. El socialismo llevado hasta sus últimas consecuencias implica asumir el deseo de un mundo de libertades, en el que los hombres y las mujeres seamos iguales. Asimismo, la lucha feminista llevada hasta sus últimas consecuencias es la asunción del socialismo, puesto que no concibe un mundo de represión a la vida, de opresiones por identidades, de menosprecio a la dignidad humana. Ambos horizontes se funden mientras se avanza en la lucha.
Entiende a la mujer como un sujeto político capaz de ejercer transformaciones revolucionarias. La larga historia de opresión y resistencia de las mujeres le ha conferido a este sector la capacidad de hacer germinar proyectos políticos que intenten superar las condiciones bajo las cuales no pueden ejercer sus libertades. De esta forma el sujeto político feminista se ha ido consolidando hasta alcanzar ser en nuestros días un actor político imprescindible para la transformación social. Ya no se trata solo de mujeres organizadas, el feminismo ha sabido agrupar a mujeres y hombres para las grandes transformaciones que demandan nuestros días.
Reconoce la participación de los hombres en esta lucha, siempre que no se pretenda monopolizar la dirección y el accionar de las políticas feministas mediante el mandato masculino autoritario y excluyente.
Exalta la sororidad como un valor y un derecho humano. El ejercicio de apoyo mutuo y los sentimientos de solidaridad entre mujeres y con las mujeres es fundamental en la construcción de una sociedad nueva, alejada de competencias entre unas y otras, de opresiones y prejuicios por cuestión de género.
Se opone a cualquier intento de privatizar y controlar el cuerpo femenino y se pronuncia en contra del acoso, el acallamiento de la voz y contra la violencia sexual y de género.
Apoya todas las luchas por la plena libertad de la mujer en cualquier parte del mundo. Se solidariza con los movimientos revolucionarios feministas de Nuestra América, Asia y África, regiones donde más se sufre la dominación sobre la mujer; pero también nos solidarizamos con los movimientos europeos y norteamericanos que, aun conscientes de sus posiciones privilegiadas, luchan por la ampliación de sus derechos y practican la sororidad militante internacional.
Repudia los intentos de sectores conservadores y reaccionarios de denigrar a la mujer y su lucha contra la dominación patriarcal en el hogar, el centro de trabajo estatal o privado y el espacio público. Las mujeres no pertenecen a un lugar específico, ni laboran en un trabajo específico, ni realizan un oficio específico. Ellas han conseguido sus libertades a través de auténticas y heroicas luchas y siempre comprometidas con el avance revolucionario de la sociedad.
Rechaza los intentos de la contrarrevolución por monopolizar la agenda de género. Los grupos contrarrevolucionarios, asalariados o no, que se signan como feministas, no son más que intentonas hipócritas de representar los intereses y demandas de ese sector. Sabemos que la contrarrevolución no está dispuesta a llevar hasta sus últimas consecuencias el ejercicio de la libertad de la mujer en cualquier parte del mundo, ni a ensanchar las libertades ganadas por las mujeres cubanas en territorio nacional.
La Revolución también es obra de las mujeres, de manera que la Revolución no le da dignidad a las mujeres, sino que son las mujeres quienes se ganan su dignidad haciendo la Revolución. Luchar por que esta dignidad sea reconocida y defendida, es un principio revolucionario de la militancia.
Patria o Muerte
¡Venceremos!