02/09/2026
No es la roca lo que buscamos cuando comenzamos a subir,
sino el camino que nos devuelve a lxs demás.
Porque quien migra aprende que la distancia no se mide en kilómetros,
sino en las voces que ya no escuchamos,
en las puertas que dejaron de abrirse,
en las mesas donde ya no hay un lugar reservado para nuestro nombre.
Y a veces el corazón se vuelve extranjero incluso para sí mismo.
Entonces nos reunimos.
No para conquistar muros,
ni para demostrar fuerza,
sino para recordar que ningún cuerpo fue creado para caminar solo.
Mientras una mano busca el siguiente agarre,
otra espera abajo para sostener la caída.
Y en ese gesto sencillo habita una verdad antigua:
que el cuidado es también una forma de valentía.
Escalamos porque el cuerpo necesita movimiento,
pero también porque el alma necesita encuentro.
Porque compartir el miedo lo vuelve más ligero.
Porque celebrar un pequeño avance multiplica la alegría.
Porque la confianza crece lentamente, como una planta que encuentra tierra fértil.
Y así, entre risas, magnesio y cansancio,
vamos construyendo algo más grande que un grupo deportivo.
Construimos refugio.
Un lugar donde nuestras historias pueden descansar por un momento.
Un lugar donde la comunidad vuelve a tener rostro.
Un lugar donde recordamos que pertenecer no es haber nacido en el mismo territorio,
sino elegir cuidarnos mutuamente.
Por eso nos encontramos.
Para escalar la roca,
pero también para escalar el exilio.
Para fortalecer el cuerpo,
pero también la esperanza.
Y para descubrir que, incluso lejos de casa,
podemos volver a construir hogar.