LaParola.ec

LaParola.ec Bueno, empecemos, seguramente esto molestará a algunitos

EL MORLACUM CHISMOSORUM: ESPECIMEN DE (IN)EVOLUCIÓN AL SUR DE LA MITAD DEL MUNDO(Léase con voz de narrador de documental...
14/04/2026

EL MORLACUM CHISMOSORUM: ESPECIMEN DE (IN)EVOLUCIÓN AL SUR DE LA MITAD DEL MUNDO
(Léase con voz de narrador de documental de los años 80)

¡Bienvenidos, queridos telespectadores, a este asombroso registro de la fauna antropológica! Situémonos en el tiempo: es el 12 de abril del año del Señor de 1557. En este valle andino, entre cuatro ríos de aguas cantarinas, se produce un hito biológico sin parangón: el nacimiento del Morlacum Chismosorum. Un espécimen cuya columna vertebral está diseñada para asomarse por el balcón y cuya lengua posee la bifidez suficiente para, al mismo tiempo, rezar un credo, cuatro avemarías y tres padrenuestros, mientras por otro lado cuenta vida y milagro ancestral de todo miembro de la comarca.

Observad con detenimiento el primer rasgo de esta especie: su Bipolaridad Estacional. El Morlacum Chismosorum vive en una contradicción científica que desafía las leyes de la lógica. Durante seis meses al año, el espécimen hincha el pecho de orgullo al recordar su "nobleza de origen español"; se siente un hidalgo extraviado en los Andes, descendiente directo de la alcurnia de Castilla, pregonando a viva voz su nobiliaria ascendencia. Sin embargo, al llegar el ciclo de noviembre, su sistema nervioso experimenta un cortocircuito: celebra con igual frenesí que sus antepasados "mandaron sacando" a esos mismos españoles. Es un ciclo fascinante, señores: seis meses ebrios de Zhumir y felices porque llegaron los barbudos, y los otros seis meses ebrios y felices —con el mismo Zhumir— de gozo porque los expulsaron. La coherencia, para el morlaco, es una enfermedad que se cura con puntas y agua de naranjilla con canela.

Fijaos ahora en este espécimen a la llegada de la década de los 70. Un “Curita de buena familia”, terrateniente de vasta estirpe y, por supuesto, fundador de centros educativos. Este ejemplar es el caso de estudio perfecto sobre la "Ley del Silencio Selectivo Morlaco". Durante décadas, el chisme corrió por las venas de la comarca como un veneno silencioso; todos conocían las debilidades carnales y los apetitos prohibidos del padrecito, pero ¡ay de aquel que osara perturbar la decencia! El Morlacum Chismosorum prefiere un pecado aristocrático bien guardado que una verdad que manche el apellido. En Cuenca, la santidad y la alcurnia forman una capa de ozono que protege contra cualquier rastro de rayo cósmico.

Avanzamos al 4 de noviembre de 1985: una “noticia” recorre, a eso de las 21:00, todos los teléfonos (fijos, obviamente) de la ciudad. Los vecinos golpean las puertas para contar lo que oyeron: los “entendidos” dicen que, desde el norte, viene sacudiendo la tierra un “Terrible Terremoto”. Según la geología popular, el sacudón pasará por la ciudad donde los carros tienen placa "U" a eso de las 02:30; de allí pasará por Chuquipata, El Descanso, Chaullabamba, Ucubamba, Gapal, Totoracocha y, finalmente, a las 03:00 en punto llegará al mismísimo Parque Calderón (porque a esa hora no hay tráfico y el sismo sí puede hacer 30 minutos de Azogues a Cuenca). El objetivo: sacudir todos los malos pensamientos y pecados de la comarca.

Se pudo ver a cientos de miles de ejemplares temblando de frío con sus parejas, crías, parientes, peleados y reconciliados, vecinos, muchachas de mano, guaguas mal envueltos, curuchupas, ateos y algunos osados hasta con sus mozas, rezando mientras huían a cualquier lugar que pareciera más “seguro” que el tibio lecho. Al día siguiente, pocos fueron los puntuales en el trabajo, ya que el chuchaqui (seco y húmedo) dejó a casi todos como lo que son: los ilustres "Giles" de la comarca.

Años después, la fe mutó hacia las alturas. Los más devotos subían al Cajas a buscar mensajes divinos entregados a una "suquita" —porque hasta para los milagros el Morlacum Chismosorum exige que el mensajero sea de buena cepa—. Cientos de miles, más llevados por el chisme que por la fe, invadieron los páramos donde nace el río para esperar un mensaje celestial, que a la final fué entregado a través de una grabadora.

Al mismo tiempo, en el tradicional barrio de El Vado, un espécimen de poco abolengo engendraba "El Prohibido". A pocos metros de la cruz que señalaba la entrada sur de la ciudad colonial, se cavó una caverna de arte sacrílego, convirtiéndose en el refugio de la "Avant-garde" intelectual. Años después, cuando el artista decidió sacar sus esculturas frente a la Catedral, se produjo el desgarre de vestiduras. El Morlacum Chismosorum saltó a la yugular de la decadencia con gritos de indignación, pero observad la ironía: su furia fue el mejor agente de ventas. Miles pagaron su entrada para ver lo sacrílego, demostrando que al morlaco le gusta más el chisme de un pecado que una misa de domingo.

Pasando las páginas, llegamos al 2026; el espécimen ha evolucionado. La sacristía y los teléfonos fijos han dado paso a los allanamientos fiscales, los romances prohibidos de autoridades con barberos y las mansiones millonarias que brotan como kikuyo tras la lluvia en las rieles del tranvía. El círculo íntimo del poder ahora genera más miedo que respeto, y el chisme viaja a la velocidad de la luz, el wifi y la fibra óptica, pero la esencia es la misma.

Queridos amigos, hemos analizado siglos de contradicciones. Podrá cambiar el entorno, pero el Morlacum Chismosorum siempre será el mismo: un amante del espectáculo, del show, un guardián de la tradición que rompe a escondidas, un fiestero incansable y un devoto del Zhumir para pasar el trago amargo de su propia e incurable bipolaridad.

¡Feliz cumpleaños, Cuenca, cuna de este espécimen único! Que nunca nos falte la lengua larga ni el vaso lleno, porque, para colmo, nunca falta quien haga algo para dar papaya y alimentar este celo…

¡Eso nomás sería!

CUANDO LAS COMADRES SE PELEAN, SACAN LOS TRAPITOS AL SOL (Y HASTA LOS QUE NO ERAN SUYOS)Como todos los viernes, 07:00 en...
10/04/2026

CUANDO LAS COMADRES SE PELEAN, SACAN LOS TRAPITOS AL SOL (Y HASTA LOS QUE NO ERAN SUYOS)

Como todos los viernes, 07:00 en la puerta de la panadería:

— Clementina: ¡Ave María Purísima, mi Marujita! Ay, lo que los compadres se han peleado, ¡qué tal! Si antes eran uña de dedo gordo y sucio, inseparables mismo eran; como el mote y el chicharrón de la Diez de Agosto. Total, ahora están más peleados que cura y cantinero en Viernes Santo; allí se andan diciendo de todo, sacándose los cueros al sol en plena plaza pública sin un mínimo de decencia.

— Maruja: ¡Ele! Cuente nomás, Clementina, que ya me tiene con el Jesús en la boca. ¿Qué mismo ha pasado con todo ese alboroto de las oficinas paralelas y las dietas del "más allá"?

— Clementina: ¡Ay, mija! Si yo ya me tomé una agüita de pítimas para que no me dé el soponcio. Resulta que el “Gordito que era de la EMOV”, ese que ahora anda con el despecho que no le entra en el chaleco, ha salido a decir que el “Cuentero” ha sabido tener una "sucursal virtual". ¡Vea usted qué gringuería! Dice que toditas las propuestas para los servicios del pueblo pasaban primero por un correo personal, un Gmail ni sé qué, para que el “niño” les dé el visto bueno desde su alcoba allá en Chaullabamba. ¡Qué "oficinita" tan bien montada han sabido tener!

— Maruja: ¡A caray! ¿O sea que la ventanilla oficial ha sido de puro adorno, como santo de pueblo? ¿Y el “Tortillero” qué ha dicho pues? ¡Ese hombre es más resabiado que mishi de tejado! No se ha de haber quedado callado frente a la acusación del “Gordito canoso”.

— Clementina: ¡Qué se va a quedar callado pues! Ese hombre no tiene medida ni caridad cristiana. En vez de explicar por qué los negocios de la ciudad se tratan como chismes de barrio por correo privado, le ha mandado al “que necesita dieta” a cerrar el pico y abrir el gimnasio. ¡Qué bajeza, por la Virgen de Bronce! Le ha dicho que se ha vendido por un plato de lentejas y que mejor se vaya a trotar porque ya no entra ni en la silla. ¡Pobre hombre, le ha dado donde más le duele, en la barriguita mismo!

— Maruja: ¡Ay, pero espere, Clementina! Que la cosa no queda ahí. El “Gordito” se ha puesto digno y le ha gritado que es un “gordofóbico” al Tortillero. ¡Vea usted qué palabrotas se inventan ahora! Dice que le tiene fobia a la grasita. Pero yo digo una cosa, Marujita... si el pobre está así de "entradito en carnes", ha de ser de tanto comer Melcocha en el pasado, cuando eran tan íntimos. ¡Tanta melcocha le ha de haber hecho daño a la tiroides, y de tanta tiroides se habrá engordado!

— Clementina: ¡Calle, calle! Bien dice usted, de tanta melcocha dulce que se daban antes, ahora el uno está diabético de las iras y el otro está empachado de poder. Pero lo peor de todo, mija, es que el “Cuentero” negó la oficina paralela de dientes para afuera, pero ahí mismo aceptó que él revisa toditititos los papeles con lupa antes de que los suban al sistema. O sea, mija, que la oficina paralela es él mismo en pijama de arcoíris en el barrio de ricachos en Chaullabamba, decidiendo quién agarra contrato y cuánto de comisión. ¡Qué modernos nos han resultado!

— Maruja: ¡Atatay con esos modos! Parecen dos lavanderas peleándose por el jabón en el Tomebamba. La una le dice "traidor lentejero" y la otra le responde con la báscula en la mano. Y mientras estas dos comadres se sacan los trapitos, la ciudad está que parece selva virgen con tanto monte, porque para la bordeadora no ha de haber "correo personal" que valga. ¡Qué longuería, carajo!

— Maruja: Ojalá nosotras jamás nos peleemos, Clemen; si no, imagínese todo lo que contaría de usted... ¡hasta lo de su nieto que nació de seis meses y con 4 kilos la criatura, jajaja! ¡Ni me hará hablar! Jajaja.

— Clementina: ¡Vea a esta! ¡Calle la boca, caracho! ¡Lengua de hacha! Dios no quiera, mija, que aquí la que no cae, resbala. Mejor recemos un rosario de quince misterios para que al “Gordito Lentejero” le baje el azúcar de tanta melcocha vieja y al “Cuentero” no se le metan de nuevo los de Fiscalía a allanar su palacete; porque con este relajo, ya mismo nos cobran impuesto por pisar el kikuyo municipal de esos parques que ahora parecen selva de Jivaría. ¡Mírelo al "niño", tan tecnológico que nos resultó el Cuentero mandando correos en pijama!

— Maruja: ¡Ay, calle, vea! Lo que es yo, ya me voy guardando mis secretos bajo siete llaves, no sea que el Tortillero me los quiera "direccionar" por Gmail también. ¡Qué despropósito, por la Virgen de la Merced!

¡Eso nomás sería!

El Bryan, el taxista de Totora que con 3 latas, te dice lo que los concejales no dicen en 4 años de alzamanos y dietas—¡...
06/04/2026

El Bryan, el taxista de Totora que con 3 latas, te dice lo que los concejales no dicen en 4 años de alzamanos y dietas

—¡Buenas, jefe! ¿A dónde le llevo?
—Al Vergel.
—¡De una! Suba nomás. ¿Viene de lejos, jefe?
—De Quito.
—¡Asu madre, de la Capitalffff! Yo también estuve por allá una vez, tenía que bajarme en Quitumbe y total me desperté en Carcelén. ¡Chuta! A la Yoni sí llegué derechito... hasta que me regresaron. Me deportaron, jefe, pero eso es otra historia. El Bryan siempre vuelve, como el Cuenquita — que sube, que baja, pero nunca muere. ¡Y ahora imagínese! ¡La Sudamericana! ¡El Santos! Toda la ciudad loca con Neymar... y el man no viene. ¡Lesionado dizque! Yo digo que le dio miedo a la altura. Igual vamos con el Kevin — mi guagua de diez — aunque no venga. ¡El Cuenquita es el Cuenquita!
Arranca. Av. España. En el parterre central, las vías del tranvía aparecen enterradas en maleza.

—Jefe, mire el parterre de la España. ¡A la mi**da! ¿Eso es césped o la selva amazónica en plena avenida? Las vías del tranvía completamente enterradas en pasto. ¡Si ahí ya está pastando la vaca del Alcalde! Para eso nos cobran — para tener una hacienda en plena España. La EMAC dizque "mantiene áreas verdes"... ¡de ley que sí! Bien verdes, bien altas, bien llenas de bichos. ¡Simón!

—¿Cuánto te cobran de tasa de basura, Bryan?

—¡No me recuerde, jefe! ¡Dieciocho dólares! La Kimberly casi me bota pensando que era yo el que había gastado esa plata. Le digo: "Mi amor, es el municipio", y me dice: "Peor". ¡La mujer tiene razón!

Huaynacápac abajo. El Tomebamba aparece — kikuyo hasta las rodillas, camineras destruidas.

—Jefe, ¿usted ama los ríos de Cuenca?

—Como todo cuencano, Bryan.

—¡De ley! Yo al Tomebamba lo quiero como a mi mamá. Venía con el Kevin y la Britney — la niña de seis — a jugar en las orillas, allá en el parque del Paraíso. Venía, más bien... porque ahora ¡A la mi**da! ¿Esto es un parque o el Oriente? En la pandemia el pasto llegó hasta acá. [Señala el techo.] ¡Más de un metro! Las ratas se paseaban como dueñas de casa. Pero eso era la pandemia, había razón. Ahora, ¿cuál es la razón? ¿Que están ocupados cobrando?

—¿Y a quién reclamas?

—¡A nadie! Llamé una vez a la EMAC. ¿Sabe qué me dijeron? Nada. El teléfono sonando como chicharra. Pero la planilla sí llega puntualita, como cuñada que viene a quedarse y nunca se va.

Puente del Vergel. Calle de las Herrerías. El parque a la derecha — el césped alto, sin cortar, tomándose los espacios.

—Mire el parque, jefe. No es un desastre total, no... pero el kikuyo está hasta las rodillas. Los guaguas quieren jugar y uno no los suelta porque quién sabe qué hay ahí adentro. ¿Ochocientos mil dólares al mes no alcanzan para una bordeadora? ¡Una sola bordeadora! Yo con mi taxi s**o para el colegio del Kevin, para las clases de la Britney, para la cuota del carro, la gasolina... y hasta para los gustitos. [Sonríe al espejo.] Con mucho menos. ¡Simón!

—¿Y el Alcalde?

—Yo no me meto en política, jefe. Pero el que gasta cinco millones en reguetón y no tiene para una bordeadora, tiene las prioridades más chuecas que las vías del tranvía. ¡Eso nomás!
Junto a Los Corchos. El Bryan frena.

—Ya llegamos. Son tres dólares. Oiga... ¿usted no era el de La Parola? ¿El bar de la Calle Larga?

—El mismo.

—¡A la mi**da, jefe! ¡Si yo le he llevado a su casa mil veces desde ahí! A la madrugada, nosotros los taxis parqueados en la vereda esperando carreras... ese bar era una locura, jefe. Lleno todas las noches, la gente haciendo fila para entrar. De los mejores tiempos de la Calle Larga. Oiga, todo lo que hablamos... ¿no lo va a poner en algún lado, verdad?
—...
—Jefe... JEFE. ¡Chuta!

🪵 POV: DE UN CAMPESINO EN VIACRUCIS. CUANDO HASTA EL HIJO DE UN DIOS NECESITA QUE UN PENDEJO LE DÉ UNA MANO¡Qué hijuemad...
04/04/2026

🪵 POV: DE UN CAMPESINO EN VIACRUCIS. CUANDO HASTA EL HIJO DE UN DIOS NECESITA QUE UN PENDEJO LE DÉ UNA MANO

¡Qué hijuemadre con este calor de mi**da, carajo! Uno viene de lejos trabajando el campo, hecho leña, cansado y sudado de tanto camellar la tierra, con el polvo metido hasta las orejas y cagado de hambre. Lo único que quiero es llegar a esta maldita Jerusalén, comprar un poco de comida para que los guambras no se mueran de hambre y largarme antes de que la ciudad se vuelva el nido de locos que es hoy. Pero no: hoy a “los jerusaleños de bien”, a los curuchupas de templo y a los desocupados de siempre, se les dio por montar un circo de sangre de esos que te revuelven las tripas.

Entré por la puerta de la ciudad y me topé con una bola de gente gritando como loca. ¡Qué gente más asquerosa y desocupada, carajo! Los mismos hipócritas que el domingo andaban de shunshos tirando ramas de olivo y alfombras en la entrada, hoy están roncos de tanto grito pidiendo que maten a alguien. ¡Qué huevada, mijo! Si el chisme es gratis y hay a quién pisar, los longos se amontonan como moscas a la miel; eso no ha cambiado ni va a cambiar aunque pasen dos mil años.

Yo solo quería pasar de agache, escabullirme entre la gente y terminar mis pendejadas para regresar a ver a mi familia. Mi mujer ha de estar emputada. Pero claro, uno que es grandote no mismo puede pasar desapercibido; era obvio que algún romano que se cree la gran huevada me iba a poner el ojo. Uno es salado y no le dejan en paz.

De pronto, un casco de esos brillosos me frena el paso de un golpe. Un centurión que olía a vino barato, a sobaco rancio y a esa soberbia asquerosa de los que tienen uniforme y espada, chapa es chapa en todo lugar y en todo tiempo, me plantó la lanza en el pecho.

—¡Vos, el campesino grandote, ven acá! —me gritó el muy hijueputa, como si yo fuera su esclavo o un mitayo cualquiera.

—Vea, jefe, yo solo vine a comprar comida para mis guaguas, no soy de aquí. Déjeme en paz, que tengo cosas que hacer —traté de zafarme.

Pero nada. Me señaló a un pobre diablo que estaba en el suelo, vuelto un quiñapo, cubierto de tierra y sangre, con un tronco de madera encima que pesaba más que una deuda con doña Olga y que todos los pecados de esta ciudad juntos.

—Carga eso o te jodes aquí mismo —me dijo el chapa.

¡Lo que me faltaba! Ahora resulta que soy el cargador oficial de los jodidos. ¡Qué empute, mijo! Comido mi**da, empecé a putear entre dientes: que suerte la mía, por qué no lo carga uno de esos que están gritando insultos desde la vereda; que si los romanos no sirven ni para matar a un hombre sin pedir ayuda.

Pisando el mazo, me acerqué al pobre pana que estaba en el suelo. Agarré el tronco, lleno de astillas y mal cortado. Pero cuando me agaché y levanté la vista para mandarlo a la mi**da mentalmente, le vi la cara.

Estaba destrozado, el mijín. No me vengan con huevadas: le habían dado una paliza que ni al peor enemigo se le desea. Tenía la cara hinchada y respiraba como si tuviera vidrios en los pulmones, pero no soltaba ni un quejido. Me miró con una calma que, en lugar de darme lástima, me dio rabia. No era la mirada de un criminal rendido; era la de alguien que está pagando los platos que rompieron todos los longos que estaban ahí, mirando el show con una mano en el pecho y la otra en el bolsillo.

Me cargué el tronco al hombro. ¡Mierda, cómo pesaba esa pendejada! Me quemaba la piel, el sudor me hacía arder las heridas de las astillas y el polvo de la calle se me pegaba a la garganta. Pero cada vez que sentía que iba a mandar todo al carajo y soltar el palo, lo miraba a él. Caminaba a mi lado por esas calles de piedra, con las piernas temblando, tropezando con cada bache, pero sin bajar la cabeza ante los que le escupían.

Me volví su sombra. No por fe, que yo de curas y templos no quiero saber nada, sino por pura y física decencia. Estaba emputado viendo tanto “valiente” gritando desde lejos, mientras un desconocido tenía que venir a meter el hombro porque el tipo ya no podía más.

Llegamos a la loma del calvario. Solté la madera con un golpe seco que levantó una nube de tierra y ceniza. Estaba agotado, sucio y con un genio que ni yo mismo me aguantaba. Me quería largar antes de que me salpicara más tragedia. No me quedé a ver los clavos ni el final, porque uno tiene corazón, mijo, no es una piedra de río.

Bajé la colina refunfuñando, quejándome de que me dolía hasta el alma y de que me habían arruinado el viernes de feria. Me lavé las manos en una pileta, pero por más que frotaba, sentía que la aspereza de esa madera y el olor a injusticia se me habían quedado grabados en los huesos.

Llegué a la casa tarde. Mis hijos me preguntaron por qué estaba tan bravo y con la ropa hecha un asco. No les dije nada. Solo me senté en silencio a ver el atardecer con un trago fuerte en la mano.

Mañana seguiré siendo el mismo cascarrabias de siempre, quejándome de los baches, de los políticos ladrones y de la vida misma. Pero hoy aprendí una verdad que te golpea: todos, absolutamente todos, en algún momento necesitan ayuda. Hasta el hijo de un dios se queda sin fuerzas, y a veces esa mano no viene de tus amigos ni de tus seguidores, sino de quien menos te lo esperas: de un campesino malhablado que pasaba por ahí queriendo mandar a todo el mundo a la mi**da.

¡Eso nomás sería!

La Leyenda de:TAKIY KUCHA Y EL WAYRA URKUEn el valle, al pie del Cajas, vivía una joven y hermosa pastorcita cuya voz pa...
26/03/2026

La Leyenda de:
TAKIY KUCHA Y EL WAYRA URKU

En el valle, al pie del Cajas, vivía una joven y hermosa pastorcita cuya voz parecía tejida con hilos de viento. Cada día salía con sus llamas y, en lugar de guiarlas con silbidos o gritos, las conducía con un trino en cada aliento.

Las llamas la seguían dóciles, como si comprendieran el alma de cada nota. En el poblado todos la querían, pero nadie la amaba tanto como su padre. Él decía que su canto no era solo bello… era necesario. Porque cuando ella cantaba, el valle se sentía completo.

Sin embargo, la pastorcita guardaba un secreto: mientras cantaba, siempre miraba hacia la cordillera, hacia lo alto, hacia lo desconocido. Era como si su voz ya supiera que el infinito era su sagrado reto.

Un día, un cóndor andino cruzó el firmamento del valle. No era un ave de paso; era Apu Kuntur, el mensajero de los cielos. No la vio primero, la escuchó. Aquel canto, vibrando entre las rocas, lo detuvo en pleno vuelo. Descendió con la elegancia del rayo, tomó forma humana y se acercó a la joven que cantaba como si la vida misma dependiera de su acento.

Se encontraron en la frontera del pajonal. Él le habló de las alturas, donde nacen los vientos; ella le habló de la tierra, donde las cosas crecen y echan raíces. Él era el cielo infinito; ella, la savia del suelo bendito. Entre ambos nació un sentimiento puro que no necesitaba nombre, un lazo tan fuerte que ni el tiempo borraría su rastro.

—Quiero conocer lo que hay allá arriba —le dijo ella un día, señalando las cumbres más altas, donde el aire se vuelve cristal.
Apu Kuntur la miró en silencio. Sabía que aquel mundo de piedra y soledad no estaba hecho para los humanos, pero también comprendía que el canto de la joven poseía la fuerza de los elementos. Así que, con un gesto de ternura, aceptó.

Volaron. Subieron más allá de las nubes y del frío, hasta las cimas del hoy llamado Cerro Arquitectos. Allí, donde el viento nace y la paz sobreviene, ella miró el mundo desde la cumbre y sintió que su alma, por fin, encontraba su tarima. Pero entonces, el recuerdo de su padre cruzó su mente como una sombra.

—Quiero quedarme —dijo ella con firmeza—. Quiero estar aquí, contigo, donde el mundo es eterno. Apu Kuntur guardó silencio, escuchando el latido de la montaña. —Pero mi canto —continuó la joven— no puede quedar atrapado en la altura. Quiero que baje al valle. Quiero que mi padre lo escuche en la brisa y sepa que su hija es libre y está bien.

El viento se detuvo por un instante, como si el universo entero contuviera el aliento ante tal promesa.

Apu Kuntur extendió sus alas monumentales, no con tristeza, sino con una comprensión profunda. Entonces, la transformó: su voz se volvió agua cristalina y su canto se hizo ondas de plata. Así nació la Takiy Kucha (la Laguna que Canta): un espejo azul en lo alto que guarda dentro de sí una melodía viva que nunca calla.

Él no se marchó. No volvió a las naves del cielo, sino que se quedó junto a ella para siempre. Se volvió piedra, altura y vigía. Ese cerro es conocido, por quienes aún guardan la memoria del suelo, como Wayra Urku: el cerro del viento.

Desde entonces, Wayra Urku sopla desde su cima con aliento constante. No lo hace como tormenta que asusta, sino como una caricia necesaria para que Takiy Kucha cante; para que su voz descienda por los pajonales, viaje entre las quebradas y llegue, suave y rítmica, hasta los oídos del pueblo.

💔 Y cuentan que…Su padre, en ciertas tardes cuando el aire baja fresco del páramo, se detiene y cierra los ojos. Entonces sonríe, porque reconoce esa cadencia familiar. Sabe que no es solo el viento, ni es solo el agua; es su hija, la pastorcita del Cajas, cumpliendo su promesa de cantar para él hasta el fin de los tiempos.

¿Crees que se puede pagar una mansión de $700k vendiendo tortillas en menos de un año?
24/03/2026

¿Crees que se puede pagar una mansión de $700k vendiendo tortillas en menos de un año?

🥯 EL MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES Y LAS TORTILLAS: GUÍA PARA LAVAR.. PERDÓN, PARA EMPRENDER Había una vez, ...
24/03/2026

🥯 EL MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES Y LAS TORTILLAS: GUÍA PARA LAVAR.. PERDÓN, PARA EMPRENDER

Había una vez, en una ciudad colgada de los Andes (donde comemos mote y no tacos), donde los ríos cantan y dónde se lava ropa, entre otros menesteres, un caballero que descubrió la piedra filosofal de la economía. No era alquimista: era un entusiasta de las tortillas; básicamente, un “Tortillero”.

Para que lo entiendas, te lo voy a explicar como si fueras guambra de escuela: Imagina que tienes una alcancía. Tus papás, por tus buenas notas (disque trabajar para la ciudad y dar clases en la escuela grande), te dan 5 dólares al mes. Pero de repente decides que necesitas el “combo definitivo”: una consola de 700 dólares, de esas con todos los añañais que le darían envidia hasta al hijo de Donald Trump.

Tenías ahorrados 200. Le pides a tu papi que te preste, pero solo te suelta 80. Entonces vas a la tienda del barrio porque eres pana y te dan 400 latas de crédito. Y tú, con la seguridad de un estudiante del Benigno Malo en huelga, juras que todo lo vas a pagar en menos de un año.

Cualquier niño con dos neuronas haciendo contacto te diría: “¡Ele! A ver, si ganas 5 dólares al mes, ¿DE DÓNDE PUES? ¿Cómo vas a pagar 40 de cuota? ¿Vendes órganos o qué?”. Es aquí donde aparece el ingrediente secreto: la tortilla mágica.

Hagamos números, pero de los que sí deberían cuadrarte. Para pagar esos 40 dólares mensuales (que en la vida real hay que agregar 3 ceros), nuestro Tortillero asegura que su pequeña fábrica es la fuente del milagro.

Supongamos que cada funda de tortillas deja una ganancia limpia de 10 centavos, después de pagar maíz, gas y al pobre operario que las vira en el tiesto. Para cubrir la deuda, tendrías que vender cientos de miles de fundas al mes.

Traducido al mundo real: todas las familias de la ciudad tendrían que desayunar, almorzar, merendar y, de paso, usar de almohada las tortillas del susodicho. Tres veces al día, los 365 días del año. Sin falta. Ni en feriado, ni en dieta, ni con una diarrea fulminante. Si tú vas al supermercado, verías que uno de cada tres carritos debería estar repleto de estas fundas milagrosas. Un éxito de ventas que ni la Coca-Cola en sus tiempos más creativos habría logrado.

Aquí es donde el asunto se te pone color ututo. Para producir semejante cordillera de masa se necesitan camiones y camiones de maíz. Sin embargo, en los registros, la tortillería parece comprar lo justo para no desaparecer del mapa.

Estamos ante la primera fábrica cuántica del Austro: produce millones sin insumos, vende sin rastro y factura con una fe que ya quisiera cualquier iglesia. No es contabilidad, es teología. Tú metes una factura de tortillas en el Excel y, con la bendición correspondiente, del otro lado aparece un patrimonio que ni Mandrake podría justificar ante la Fiscalía.

Pagar una mansión de $700k en un año con sueldos de profesor y burócrata, más una pyme de tortillas, es como llenar el embalse de Mazar con la tacita de té de la Marujita. Un milagro financiero digno de estudio en alguna universidad de Mexico (como Jalisco).

Al final, este no es un caso de economía, sino de FE aplicada: creer contra toda evidencia, declarar contra toda lógica y facturar contra toda aritmética. Aquí no hay déficit, hay devoción. No hay inconsistencias, hay misterios.

¿Eres un cuencano de a pie? Sigue caminando nomás mijo y no pises los charcos. Porque para comprarte la casa de tus sueños en la zona de los aniñados no hace falta que te rompas el lomo trabajando. Basta con que conozcas la receta secreta: esa donde la masa no sube con levadura, sino con milagros de multiplicación y “préstamos en efectivo”, de esos que te caen del cielo.

Buen provecho con tu tortilla… y cuidado te la comas entera, capaz te atragantas con los números.
¡Eso nomás sería!

📰 ¡VIERNES DE PALANQUETA, ALLANAMIENTOS Y PROCESIÓN! 🐣🔦🏠7 en punto de la mañana, en la esquina de la Mariano Cueva y Hon...
20/03/2026

📰 ¡VIERNES DE PALANQUETA, ALLANAMIENTOS Y PROCESIÓN! 🐣🔦🏠
7 en punto de la mañana, en la esquina de la Mariano Cueva y Honorato Vázquez. El chisme está más caliente que café pasado en jarro de lata. Las Marujitas, firmes como misa de seis, desmenuzan la cartelera judicial como si fuera pan recién horneado.

Marujita: —¡Ay mija, mi Clemen del alma, qué angustia vea! He pasado la noche con el credo en la boca. Vi en el Facebook que al pobrecito le cayeron los de la Fiscalía como visita de suegra, a las dos de la mañana. Y sale pues el chinito casi llorando, dijo que es “persecución política” niseque, que le tienen miedo porque va a ser candidato… ¡Y salía con esa cara de “yo no fui” que hasta ternura da! Imagínese que los 80 mil dolaritos son un préstamo del papacito para el negocito de la mujercita… ¡Ay, qué desgracia del santito!

Clemen: —¡Ay Marujita, no sea tan shunsha vea! No se deje hipnotizar por ese TikTok con música de velorio y ojitos de venado atropellado. Ese es cuentero viejo, graduado con honores. Para llorar sí es PhD, pero para transparentar… ¡más turbio que agua de acequia luego de aguacero! ¿Cuál persecución ni qué ocho cuartos? Ahí están los 18 informes de Contraloría que no se tapan ni con la sotana del Cura Cordero. Y mientras hace drama por los 80 mil “bancarizados”, nadie dice ni pío de la mansión de 700 mil en Challuabamba. ¡Más raro que la Olga no cobre una deuda! Las cuentas no le cuadran ni con calculadora prestada.

Marujita: —¿Cómo que mansión pues? ¡Pero si él dice que es cuencano de a pie! ¡Si hasta sale comiendo mote en el Facebook, con cucharita de plástico!

Clemen: —¡De a pie será… pero de alfombra persa! Vaya vea si a un cuencano de a pie el papá le suelta 80 mil así nomás, como vuelto de pan.
Ese explica lo que le conviene y esconde lo que le quema. Tiene más informes guardados que ropa de estreno en ropero antiguo. ¿De dónde saca pues para una casa en urbanización de ricacho en Challuabamba o un carrote de lujo como el del Juan chico, ¿se acuerda? Es puro humo, mija… más humo que horno mal prendido. Ni que fuera la “Noche de los Giles”, cuando salió de la casa con el Arnaldo a las 3 de la mañana porque "disque" había temblor.

Marujita: —¡Ay Clemen, calle calle vea, me quedo helada! O sea que todo ese show era para que los guambras le pongan el "laic" en el celular…

Clemen: —¡Exactito! Puro teatro barato como telenovela de las 3. Mañana capaz amanece cocolo y de pijama tomate, junto al guagua lobo allá en el encuentro, allí si rindiendo cuentas sin filtro ni musiquita triste. ¡Y capaz hasta le toca trabajar, vea! Eso sí ha de ser novedad.

Marujita: —¿Pero y el montón que estaba fuera de la radio del Jorgito apoyándole?

Clemen: —¿Apoyo? ¡Usted sí cree en el cuco todavía! Eran los pelagatos municipales arreados. Las oficinas quedaron más vacías que iglesia en lunes, porque todos hacían bulto para la foto. Sin sánduche y cola… ¡ni el perro le mueve la cola!

Marujita: —¡AY JESÚS, VEA ESO! ¡UN UTUTO! ¡Ave María Purísima!

Clemen: —¡Ele, ya deje el drama! Ese bicho es feo pero sano… no roba ni firma contratos. Peor es la alimaña que anda de terno por la Bolívar y la Borrero… ¡esa sí pica y no suelta! Camine vea, pida la palanqueta y vámonos… que las mentiras de ese cuentero ya no las calienta ni el horno de Todos Santos.

Marujita: —¡Sípues… pero bueno, buenazo mismo ha estado el chisme!
¡Eso nomás sería!

Dirección

Cuenca

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando LaParola.ec publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto La Organización

Enviar un mensaje a LaParola.ec:

Compartir