02/07/2012
Con toda seguridad la fiesta Cuencana de mayor atractivo para quienes visitan la ciudad durante el mes de diciembre, son los alegres y coloridos pases del niño que son procesiones para venerar a la escultura del Niño Dios. Esta manifestación de la religiosidad popular tiene una extraordinaria riqueza de simbolismos sagrados y sociales en los que se conjugan tradiciones indígenas y urbanas. La principal procesión es el pase mayor del 24 de diciembre que tiene un complejo sistema de organización que se inicia con meses de anticipación, preparación en la que los principales protagonistas son los priostes y mantenedores que son personas encargadas de apoyar económicamente y en todos los aspectos organizativos como las invitaciones a los niños de la ciudad y del campo, la preparación de los disfraces, comidas, etc. El pase del 24 de diciembre que recorre las principales calles del centro histórico de la ciudad, se inicia a las diez de la mañana y tiene una duración aproximada de cuatro horas. El desfile lo protagonizan imágenes escultóricas del Niño Dios provenientes de iglesias y de propiedad particular que van engalanadas y acompañadas por niños disfrazados de pastorcillos, ángeles, vírgenes, reyes magos, cholas, cañarejos, fitajas, etc. Los carros alegóricos (vehículos decorados con grandes cortinas y decoraciones que representan diversas escenas bíblicas y motivos autóctonos), conjuntos musicales campesinos y bandas populares que interpretan las llamados "tonos del niño", constituyen elementos imprescindibles. Merecen destacarse también los mayorales (antiguos campesinos del Cañar que tenían prestigio y poder social) que conducen caballos arreglados en forma artística con cintas guirnaldas de frutas y ofrendas para el Niño consistentes en productos campesinos, frutas, licores y alimentos cocinados como el típico cuy. Con la llegada de los Españoles al nuevo continente y su posterior conquista, los pueblos aborígenes poseedores del cultura y creencias religiosas propias adoptaron la religión cristiana. No se puede afirmar con exactitud, desde cuando en el Ecuador y concretamente en Cuenca, nace la devoción al Niño Dios, pero podemos asegurar que ésta tiene sus inicios en la Colonia.