28/09/2024
PREÁMBULO DE MI LIBRO "ERRORES DEL SISTEME; quizá no sea tu culpa..."
Si has tomado este libro es porque quizá sospechas del Sistema que nos rige, aquel que se nutre de nosotros y que, pese a ello, nos devuelve muy poco. Ni, aunque aceptemos sus reglas, nos deja encajar en complacencia con su impasible engranaje.
Vamos a conversar acerca de esas dudas, de estas cosas que intuimos no están bien, y que, sin embargo, conforman nuestro entorno en un tácito de ideas inamovibles, las que no se discuten pese a lo vital que sería hacerlo.
Y si del tratar de encajar hablamos, puede que no debas hacerlo, o al menos, no lo será tomar las reglas del sistema para medir si es que estás haciendo bien las cosas. Si has notado que el Sistema se nutre de nosotros y que, sin embargo, no nos retribuye adecuadamente, concordaras también con lo dicho antes: es tan poco lo que nos da de vuelta, que ni siquiera alcanza para encajar en su apático engranaje, y será comprensible que estarás molesto con este austero escenario. Esta falta de reciprocidad es injusta, por decir lo menos, y puede resultar frustrante. Visto esto, será transcendental cuestionarnos, qué mantiene vigente este entorno de ideas mezquinas y poco prácticas, el porqué de su permanencia absoluta.
Si el Sistema tiende a rechazarnos, vale preguntarnos, si el encajar en este nos sea contraproducente; no parece buena idea tratar de hacerlo. Al Sistema no le interesa nuestras verdaderas necesidades, solo nos utiliza para perpetuar su propia existencia. No se ocupa de nuestro bienestar y, sin embargo, nos obliga a seguir una dirección que no necesariamente nos beneficia. Si es que experimentamos una constante insatisfacción, “sin aparente sentido”, quizá esta provenga del hostigamiento que nos aplica el Sistema; de la innecesaria complejidad en la que intenta empaquetarnos. Lo hace a través de su discurso social, el que nos sesga a creer que al seguirlo estamos haciendo bien las cosas. Podría ser que, en esos momentos que nos permitimos ponerlo en duda, estamos ampliando nuestras ideas y tengamos razón al presentir que no necesitamos de tantas “cosas” para estar bien; que lo que nos mantendría satisfechos en realidad es muy simple. Por ejemplo, no debiera ser tan complejo convivir con los demás siendo tú mismo, sin tener que buscar la forma de encajar con el grupo; sin anular aquello que te haría estar en paz contigo mismo; siendo feliz. Mucho de lo que nos frustra podría ser consecuencia del sistema que nos rige, éste que no tiene por intención abrazar lo que nos daría paz, sino el usarnos para empujar su enorme cuerpo en una sola dirección, la que lo alimenta.
Mientras hablamos del Sistema, el que nos manipula, podríamos asumir que esto es trabajo de un grupo privilegiado; de unos cuantos que lo dominan y se sirven de este; la verdad es que no sirve a nadie, sólo al mismo sistema. Es por eso que no caben aquí las teorías conspiratorias, las que promulgan que el sistema es organizado por un grupo poderoso. Decir que, nuestra estructura social fallida sea fruto de una gran conspiración armada por un grupo privilegiado, no es cierto de modo preciso. Echarles la culpa a otros no resuelve nada. Ellos son también sirvientes de las consignas del sistema.
Sin que deje de ser cierto que, estos poderosos se engolosinan con las mezquindades que el sistema les provee, su estructura es algo más compleja que ello.
Estos gigantescos Errores del Sistema han sido fraguados en nuestra propia conducta de vida; vienen desde hace mucho antes; con los inicios de la civilización. Responden a una falla antropológica, incluso genética, una que nos ha conducido a la manera en que armamos nuestros pensamientos.
Este texto intentará describir algunos de estos errores de concepto, los colocará aquí no como una verdad única, sino para evidenciar la existencia de estos errores, para que se hable de ellos, sobre todo para dejar claro que existen estas fallas fundamentales del pensamiento, las que se deben explorar en su búsqueda y corrección.
Uno de estos errores, quizá de los más importantes, es el modo como construimos nuestro crecimiento. Siendo que la especie humana se caracteriza por su constante ímpetu de construir será importante examinar los métodos que usamos para ello. La forma en que lo hacemos es ya una disposición mental, la que está arraigada en nuestra naturaleza; así, se ha constituido en nuestra mayor fortaleza, pero, es patente que, también es nuestra más persistente debilidad. Ha dependido siempre del modo en que usemos esta gran habilidad, la de construir nuestros pensamientos, lo que determine su valor.
El pensamiento creativo es en sí un proceso de construcción, uno que genera ideas. A partir de ellas damos forma a nuestro entorno y elaboramos las estrategias que guían nuestras acciones. No será exagerado afirmar que nuestro ser y creaciones dependen de la calidad de estos pensamientos.
Si consideramos que la generación de ideas es un acto de construcción, y que es a partir de ellas que elaboramos nuestra realidad subjetiva y material, entonces será preponderante construir estas ideas en la más alta calidad posible. Para lograrlo se debe contar con materiales de calidad y trabajarlos con la habilidad de un gran albañil; así aseguraremos el mejor producto posible.
En la construcción de pensamientos los materiales están representados por las premisas, verdades, argumentos y valores que utilizaremos en su elaboración, mientras que la albañilería refleja el método, la forma y la estrategia que empleamos en su consecución. La calidad del resultado final estará determinada por la combinación acertada de ambos elementos, ya que una materia prima deficiente, es decir, conceptos erróneos, puede afectar la calidad del pensamiento, incluso si se utiliza el mejor método de elaboración.
Basado en lo dicho podríamos afirmar que, aquellos que emplean premisas acertadas y hacen un análisis racional de las mismas podrán alcanzar siempre un nivel elevado de pensamientos, sin embargo, y para nuestro infortunio, eso no siempre es cierto. En el ámbito humano nada es demasiado simple. Para empezar, debemos estar conscientes de que construimos nuestros conceptos dentro de una estructura ya preconcebida, una que rige desde hace muchos siglos y que, en general, nos conduce a descartar cualquier idea que no encaje en ese diseño vertical. Esta visión vertical de nuestras realidades reduce nuestra perspectiva, nos lleva siempre a mirar en ese único sentido. Observamos lo que está atrás para basar en ello lo que vamos a construir en adelante. Esta tendencia, la de construir de manera vertical, sin mirar otros entornos, es una de las principales fallas del sistema. Ello nos limita y nos aleja de pensamientos excelsos, los que requieren una visión más amplia.
En este capítulo nos centraremos en los errores generados por esta construcción vertical de ideas, especialmente de aquellas que han afectado más nuestro Sistema. Al mostrarlos aquí intentaremos alcanzar la perspectiva de nuestros lectores, quienes al final decidirán, provistos ya de una visión más horizontal, si deberán ejercer algún cambio en sus métodos de construcción.
El identificar estos Errores del Sistema es lo que nos ha convocado aquí, para observar que es lo que nos ha conducido en esta manera defectuosa de armar nuestros pensamientos y, con ello, quizá corregirlos antes de que ya no sea posible.
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