Gabriela Guerrero Idrovo

Gabriela Guerrero Idrovo Activista política y feminista | Inspirada por ideales de justicia social y humanidad | Comunicación Política | Defensora de los DDHH

La justicia social es una construcción colectiva que nace en el corazón de nuestras comunidades. Inspirados en el legado...
30/03/2026

La justicia social es una construcción colectiva que nace en el corazón de nuestras comunidades. Inspirados en el legado de Rodrigo Borja, ayer en Salitre compartimos con la militancia del Frente Amplio para seguir fortaleciendo este proyecto de esperanza y equidad. ¡Juntos, avanzamos hacia un futuro mejor! 🧡🇪🇨

18/02/2026
16/02/2026

No es tiempo de silencio. Cuando el miedo se usa como herramienta de poder, hablar se vuelve un acto de defensa democrática. No vamos a normalizar el abuso ni a callar ante lo que pone en riesgo nuestros derechos. Este país no se construye de rodillas — se defiende de pie, con voz, memoria y dignidad.

01/01/2026

A veces no hace falta entenderlo todo para darse cuenta de que algo no está bien.

El país anda cansado, y cuando un país se cansa, empieza a doler en silencio. La injusticia se vuelve rutina y la política corre el riesgo de olvidarse de su razón de ser: cuidar la vida y la dignidad de la gente.

El universo sigue girando, indiferente a nuestras pequeñeces, recordándonos que nada es eterno y que estamos de paso. Por eso no tiene sentido acostumbrarse a vivir mal ni dejarle a los que vienen un país más áspero del que recibimos.

La justicia social no es una consigna bonita. Es respeto. Es asumir que nadie sobra y que gobernar no es mandar, sino hacerse cargo del otro.

Que el 2026 nos encuentre menos distraídos y más responsables. Menos cómodos frente a la injusticia y más comprometidos con lo común. Con la humildad de escuchar y la firmeza de no callar.

No se trata de milagros ni de optimismos fáciles. Se trata de trabajo paciente, de organización y de decencia cotidiana. Eso no sale en las noticias, pero es lo único que cambia de verdad las cosas.

Yo elijo seguir creyendo.
No por ingenuidad, sino porque rendirse también es una elección… y no es la mía.

Digno 2026.

Un año después, hay sentencia.Hay justicia.Pero es una justicia que llega tarde, cuando el daño ya fue profundo y la her...
23/12/2025

Un año después, hay sentencia.
Hay justicia.
Pero es una justicia que llega tarde, cuando el daño ya fue profundo y la herida permanece abierta.

Durante doce meses, mientras las familias cargaban la ausencia de sus hijos, el Estado no estuvo a la altura del horror. Hubo dilaciones, desvíos y decisiones que no buscaron verdad ni reparación, sino administrar el tiempo y el silencio.

Este no es un caso más ni una página que se pasa.
Es un quiebre ético que interpela al Estado y a nosotros como sociedad que no podemos (ni debemos) acostumbrarnos a la barbarie.

Cuando la justicia tarda, no es neutral: beneficia al poder y abandona a quienes solo tenían dolor.

A las familias, respeto absoluto, solidaridad sin condiciones y un abrazo que el país les debe. Ninguna sentencia devuelve la vida ni calma la ausencia de sus hijos.

Hoy la responsabilidad no se agota en los condenados.
Por ética, por dignidad y como mínimo gesto frente a una gestión incapaz de responder ante un crimen de esta magnitud, Gian Carlo Loffredo debe renunciar a su cargo.

No como castigo.
Como acto de decencia pública.

Porque cuando el poder falla así, la renuncia no es debilidad: es la última forma de responsabilidad.

Hoy despedimos a Rodrigo Borja Cevallos, expresidente de la República y fundador de la Izquierda Democrática.Su pensamie...
19/12/2025

Hoy despedimos a Rodrigo Borja Cevallos, expresidente de la República y fundador de la Izquierda Democrática.
Su pensamiento, su ética política y su compromiso con la democracia dejaron una huella profunda en la historia del país y en la construcción de la socialdemocracia ecuatoriana.

Nos deja un legado inmenso y una tarea ineludible: recuperar la esencia de la Izquierda Democrática, devolverla al lugar que nunca debió perder y honrar su nombre con coherencia, organización y convicción democrática.

Que su memoria nos obligue a estar a la altura del momento histórico.

En el Día de los Derechos Humanos, Ecuador es el recordatorio doloroso de lo que un Estado no debe ser.Este es el país d...
10/12/2025

En el Día de los Derechos Humanos, Ecuador es el recordatorio doloroso de lo que un Estado no debe ser.

Este es el país donde un gobierno asaltó una embajada, violó el derecho internacional y normalizó el abuso de poder.
El país donde cuatro niños fueron asesinados, donde hay más de 30 desaparecidos, donde cerramos el año más violento de nuestra historia y los femicidios siguen creciendo sin respuesta del Estado.

Y es también el país donde, durante el paro nacional de este año, comunidades enteras fueron reprimidas, aisladas sin luz ni conexión, violentadas en sus propios territorios.
Jóvenes cuya esperanza fue marcada para siempre, vidas que cargan cicatrices que ningún país debería permitir, y personas que perdieron la suya defendiendo derechos que son de todos.

Mientras tanto, la crisis se desborda: cárceles en emergencia sanitaria, hospitales sin insumos, dializadoras paralizadas, escuelas que se derrumban y universidades asfixiadas.
Y un presidente que debería enfrentar esta tragedia, pero pasa más tiempo viajando que gobernando.

Nada de esto es normal.
Nada de esto debe normalizarse.
Y callarlo jamás será una opción.

Defender los Derechos Humanos es decirlo con claridad:
Ecuador merece un Estado que cuide, no uno que violente; uno que acompañe, no uno que abandone.

Sin derechos no hay país.
Sin dignidad no hay futuro.

08/12/2025

Un año.
Un año desde que Ismael, Nehemías, Josué y Steven fueron arrancados de sus casas, de sus juegos, de su vida.
Un año desde que sus padres comenzaron esta vigilia interminable que nadie debería vivir.
Un año desde que el país supo (otra vez) que la infancia en Ecuador puede desaparecer sin que el Estado tiemble, sin que el poder se sonroje, sin que la justicia se apure.

He escrito antes sobre ellos.
En días distintos, con palabras distintas, pero siempre con la misma herida abierta.
Porque algo en este caso nos quebró a todos: nos quitó el derecho a la ingenuidad, a creer que los niños están a salvo, a pensar que las tragedias no se repiten.

Hoy, como tía, como mujer que ama a su sobrina con un amor que protege, que cuida, que teme, me hago la pregunta que miles de familias deberian hacerse en silencio:
¿Qué garantías tienen nuestros niños y niñas?
¿Quién vela por ellos cuando el gobierno mira a otro lado?
¿Quién les defiende cuando la institucionalidad se encoge de hombros?
¿Quién responde cuando la vida se quiebra y el Estado prefiere la comodidad del silencio?

La respuesta duele.
La respuesta es que hoy no hay garantías.
No hay seguridad.
No hay un mínimo de dignidad asegurada para nuestras infancias.

Pero la memoria sí existe.
La memoria y el señalamiento.
La memoria y el derecho a no consentir el olvido.
La memoria y la exigencia de justicia que no se agota, que no se resigna, que no se arrodilla.

Hoy, a un año, los seguimos nombrando:
Ismael.
Nehemías.
Josué.
Steven.

Nombrarlos es no entregarles al olvido.
Nombrarlos es recordarle al país que este dolor tiene responsables.
Nombrarlos es decir, con toda la fuerza, que no aceptamos vivir en un país donde la infancia es descartable.

Por ellos, por sus padres, por cada niño y niña que amamos:
no hay minuto de silencio.
Hay memoria viva, hay señalamiento, hay exigencia.
Hay un país que no va a dejar de preguntar:
¿Dónde está la justicia?
¿Y quién cuida a nuestros hijos, sobrinos, nietos, hermanos?

  | El país que se sostiene sobre los cuerpos de las mujeresHay países que se explican desde su economía.Otros desde sus...
25/11/2025

| El país que se sostiene sobre los cuerpos de las mujeres
Hay países que se explican desde su economía.
Otros desde sus disputas políticas.
Ecuador, en cambio, solo puede explicarse desde sus cuerpos.
Y particularmente, desde los cuerpos de las mujeres.

Porque en este país el cuerpo femenino se volvió frontera: frontera entre Estado y abandono, entre crimen y poder, entre obediencia y castigo, entre quién vive y quién muere.

Entre enero y noviembre de este año, 349 mujeres y niñas fueron asesinadas.
Una mujer o niña cada 22 horas.
Cuarenta eran niñas.
Catorce estaban embarazadas.
Ciento nueve eran madres.
Ciento treinta y siete niños quedaron huérfanos.

No es violencia aislada.
Es la evidencia de un país que colapsa desde adentro.

La violencia contra las mujeres se produce, se permite, se sostiene.
Crece donde el Estado se retira, donde las instituciones agonizan, donde el poder elige no proteger y a veces, incluso, elige castigar.

Por eso no sorprende que el mismo gobierno que eliminó el Ministerio de la Mujer en el año más violento de nuestra historia, sea también el que ha construido un patrón claro de hostilidad hacia mujeres que no se someten.

Los nombres importan, porque revelan el método:

Verónica Abad, marginada, enviada al exterior como castigo político y convertida en advertencia para toda mujer que se rehúse a ser decorativa.

Gabriela Goldbaum, víctima de violencia vicaria, tratada como nota de farándula para no asumir lo que realmente significan estas denuncias.

Alondra Santiago, expulsada por pensar y decir lo que el poder no tolera.

María Sol Borja, censurada mediante el cierre de su programa, un mensaje para toda periodista que se atreva a ser independiente.

Andrea Arrobo, expuesta y ridiculizada para disciplinar a toda mujer que ose tener criterio propio.

Y las madres de los niños asesinados en Las Malvinas, abandonadas incluso en el duelo, obligadas a enfrentar la muerte de sus hijos sin un Estado capaz de acompañarlas.

Cada una sufrió un tipo distinto de violencia.
Pero todas comparten la misma raíz: fueron castigadas por no encajar en el molde de docilidad que este gobierno exige a las mujeres.

Ecuador hoy funciona bajo una lógica perversa:
el crimen domina territorios, el Estado domina mediante el abandono, y el poder domina mediante el castigo.

Uno mata cuerpos.
El otro intenta matar voces.
Ambos necesitan que las mujeres tengamos miedo.

Y sin embargo, seguimos hablando.
Seguimos denunciando.
Seguimos incomodando.
Seguimos existiendo fuera del guion.

Y lo digo con claridad: sé que los ataques continuarán.
Quieren vernos calladas.
Quieren vernos sumisas.
Quieren vernos pidiendo permiso para existir.
Pero yo (como tantas otras) no nací para obedecer ese mandato.
No sirvo para callarme.
No sirvo para agachar la cabeza.
No sirvo para acomodarme al silencio.
Soy rebelde, soy contestona y soy persistente.
Y en un país que castiga a las mujeres que hablan,
seguir hablando es una forma de resistencia.

Así que,

Si quieres saber qué tan violento es el poder,
mira a las mujeres que necesita destruir.

Si quieres medir la fragilidad de un presidente,
mira cuántas voces femeninas debe callar para sostenerse.

Si quieres comprender la enfermedad de una sociedad,
mira cuántas niñas entierra sin exigir respuestas.

Y si quieres saber hacia dónde va Ecuador,
mira cuántas mujeres deben caer
para que este gobierno permanezca en pie.

Un país que normaliza la muerte de sus mujeres
ya perdió el rumbo.
Un país que castiga a sus mujeres
ya perdió la ética.
Y un país que abandona a sus mujeres
empieza, inevitablemente,
a perder su futuro.

21/11/2025

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