05/08/2026
Se trata de la etapa superior de un Falcon 9 de SpaceX, lanzada en enero de 2025 y que quedó a la deriva tras enviar misiones hacia la Luna. Este 5 de agosto de 2026 impactó contra la superficie lunar a unos 8.700 km/h, cerca del cráter Einstein.
Lo interesante es que el accidente se ha convertido en un experimento científico involuntario. Como los investigadores conocen bastante bien la masa del objeto, su velocidad y trayectoria, podrán comparar esos datos con el cráter que dejó y estudiar con mayor precisión cómo se forman los cráteres por impactos de alta velocidad.
Además, el choque habría levantado una nube de polvo y regolito lunar. Analizar cómo se dispersó ese material puede ayudar a comprender mejor el comportamiento del polvo lunar en ausencia de atmósfera, algo especialmente importante para futuras bases, vehículos y astronautas en la Luna. Los científicos también quieren probar métodos para localizar impactos, útiles para futuros estudios sísmicos lunares.
Otro punto importante será observar el cráter desde órbita. La NASA ya ha demostrado que este tipo de impactos artificiales pueden revelar información inesperada: en 2022, su Lunar Reconnaissance Orbiter descubrió que otro cuerpo de cohete produjo un extraño cráter doble, cuya forma permitió hacer inferencias sobre la distribución de masa del objeto que chocó.
Y hay una enseñanza menos geológica: la basura espacial también está llegando a la Luna. Con el aumento de misiones lunares, estos impactos no controlados podrían convertirse en un riesgo para sondas, infraestructura y futuras zonas habitadas.
En resumen, de este choque la ciencia puede aprender sobre formación de cráteres, dinámica del polvo lunar, efectos de impactos a gran velocidad, técnicas para detectar futuros impactos y gestión de basura espacial alrededor de la Luna.