28/12/2025
Michelle,
Fuiste mi estudiante Pensamiento Social y Kárate Do, mi dirigida de tesis… Y por encima de ello, mi maestra de servicio, en un arco de tiempo que se dice rápido: quince años.
De ti aprendí a restar horas al sueño para sumar sonrisas en Navidad; a servir a los más necesitados no como terapia, sino como donación. Pero -sobre todo- me enseñaste lo que significa la fidelidad a los lazos adquiridos y que la amistad -como diría Romano Guardini- no es un puente construido de una vez para siempre: hay que cultivarla.
Por ti descubrí los más hermosos colores de una palabra tan escasa: reciprocidad. Este año me buscaste para saber cómo estaba y me retaste con cariño, para que aprendiese -¡de una buena vez!- a cuidarme, para que me rodease de personas auténticas. Leal, desinteresada, comprometida hasta el final. Eres un tesoro, demasiada nobleza para este mundo.
Última labor social en la que hicimos equipo: 31 de agosto de 2025. Te quedaste con los problemas de la familia visitada, ofreciste ayuda y la cumpliste.
Último encuentro: 11 de noviembre, me acompañaste a almorzar entre clase y clase. Fue un momento de confianza recíproca, compartiendo alegrías y vulnerabilidades. A los pocos días me escribiste un sabio mensaje, porque te habías llevado contigo mis inquietudes: las procesaste y concluiste con unas palabras, gigantes y luminosas, a la medida de tu corazón.
Último mensaje: 19 de noviembre, repentino, sin ninguna petición de por medio. “Dime (…) qué necesitas para ver si puedo ayudarte (…)”. Nuevamente: maduraste dentro de ti incertidumbres transmitidas en el último encuentro: querías dar una mano, cubrir vacíos, solventar la rotación de personal, la falta de equipo... Lecciones de reciprocidad, amor de ida y vuelta… Todavía te preocupaba que encontrara personas fieles, como tú. Calculabas el servicio desde tu generosidad incalculable.
Que Dios te tenga a su lado, queridísima Mishu.
Espero con ilusión el reencuentro eterno.