09/06/2026
CAPEAR UN TEMPORAL
José Vicente Domínguez
Capitán de Pesca y de la Marina Mercante
Somos Mar
Para apartarse un poco de los términos náuticos exclusivamente dirigidos a la construcción naval, en este artículo hablaremos de una de las maniobras que más allá de las condiciones marineras de los barcos, depende de las personas que las gobiernan.
Don José María Arana, viejo director de la Escuela Oficial de Náutica y Máquinas de A Coruña, dentro del capítulo de consejos que nos daba a los futuros marinos, tenía uno del que todavía hoy me acuerdo:" A la mar, ni la afrontes, ni le huyas"
No hace falta ir muy lejos en el tiempo, cuando el luto aún no se extinguió, para darnos cuenta de que la prudencia es una virtud, que no una cobardía. Es claro que todo marino al mando de un barco, lo primero que debe conocer son las limitaciones marineras de su embarcación y no sobrepasarlas nunca ; pues de valientes está la mar llena.
La mar, ese espacio líquido, origen de la vida en el planeta, ocupa más del setenta por ciento de toda la superficie del globo terráqueo. Y, cuando se navega sobre él, ese fértil y proceloso elemento, no diferencia en categorías sociales. Hay barcos con extraordinarias condiciones de navegabilidad que naufragan por maniobras arriesgadas durante un temporal, y otros con características más limitadas logran mantenerse a flote en las mismas condiciones. En esto consiste el consejo del viejo director cuando nos habla de la valentía o de la prudencia. Esta última virtud siempre va unida a la experiencia y al conocimiento; imprescindible cuando un marino se encuentra frente a una situación en la que es necesario capear un temporal.
Esta maniobra, tratándose de un barco de vela en medio del océano, lo mejor es hacerlo a palo seco, con la caña metida a barlovento, trinchar y cerrar todo y esperar a que calme. Nosotros, aquí, nos vamos a referir a las embarcaciones propulsadas a motor, y a los barcos de pesca en particular, por ser estos, por la situación de los caladeros más fértiles donde faenan, los más expuestos a condiciones climáticas adversas. Así es: donde hay peces hay mal tiempo. En todo caso, definiríamos la decisión y la maniobra de capear, como la de " sortear el mar por la amura, con la máquina suficiente para mantener el gobierno del barco".
Los que vivimos la temible y salvaje belleza de una temporal, y lo sufrimos con fuerza 10 o 12 de la escala de Beaufort, con vientos de más de 120 kilómetros por hora, rugiendo y barriendo todo cuanto encuentran a su paso; con una mar blanca de espuma y nula visibilidad que, según la escala de Douglas, equivale a olas excepcionalmente grandes, de más de 15 metros, entre las que los barcos, metidos dentro de sus senos, desaparecen de la vista, sabemos y nos damos cuenta de la insignificancia de nuestra embarcación frente a los "procelosos pontos" a que se refería Homero. Y, por supuesto, somos conscientes de la temeridad suicida de largar un aparejo de pesca cuando hay viento duro, tal que sucede con fuerza 8 o más. Ante el anuncio de tales temporales , la única acción posible es la de velar por la seguridad, tratando de seguir a flote en las mejores condiciones posibles. Es decir: mantenerse a la capa.
Por otro lado, y tratando de volver al placentero buen tiempo, ¡cuántas acepciones tiene la palabra capa! En términos de derecho marítimo, se llamaba así a la anárquica gratificación que se les daba a los capitanes para que tuvieran buen cuidado de las mercancías. Sin olvidarnos del natural y lógico término referido a la vestimenta o a la tradicional acción de anularle la capacidad sexual a los cerdos.
Y, como no, en términos de la actualidad política , se puede aplicar al buen y lógico consejo de ser cauto, mantenerse a la esperara y no tomar decisiones precipitadas basadas en un entorno desfavorable. Eso, más o menos, es lo que venía a decir nuestro director náutico: ni te "escornes" contra la adversidad presente, ni huyas de ella. Pero, desgraciadamente, en este y en otros muchos casos, cada uno es libre de hacerse de su capa un sayo