21/01/2016
La Rueda del Milenio o "The London Eye"
Inaugurada el 9 de marzo de 2000, tras casi dos años de construcción, con sus 135 metros, es actualmente uno de los puntos de obligada visita en Londres.
Pero a los ojos de todos, no deja de ser una simple noria, con un tamaño descomunal y que, a algunos como yo, nos produce un cierto vértigo (entendido como fobia o miedo a la altura o al vacío, y no como afección del oído).
Una noria que para unos supone una posibilidad de ver Londres desde su punto más alto en una perspectiva envidiable, pero que en su ciclo de giro vuelve a llevarnos abajo, haciendo que otros vean lo mismo desde nuestra perspectiva anterior, mientras nosotros recuperamos nuestro ángulo "a pie de calle": una forma de volver a la realidad para unos, o de arrastrarse por el fango para otros, siempre según el color del cristal con el que se mire...
Pero una noria, también y debido a su estructura, no deja de ser, curiosamente, un obstáculo que no nos deja ver qué hay al otro lado. Nos encontramos en esta situación cuando por miedo o desconfianza no queremos subirnos a la cabina (vida) que tan pronto nos lleva a lo más alto, como nos devuelve a la taquilla de salida, siempre con una nueva experiencia vivida.
A veces, la diferencia solo está en acercarte a la taquilla y pagar ese simbólico precio que cuesta el billete, aunque sean las únicas monedas que tengas en el bolsillo... Siempre va a merecer la pena vivir la experiencia y las monedas, al fin y al cabo, no dejan de ser pedazos de metal que van y vienen, sin tener más valor que el que le quiera dar cada cual. Pero el momento vivido mientras estás en la cumbre, la sensación en los oídos al subir y bajar y el n**o en la boca del estómago cuando vuelves a pisar tierra ¡no tiene precio!
Y para lo demás, siempre nos quedará París...