20/10/2025
En esta foto, Terezinha sostiene con cariño un dibujo que le hizo Carmela, una niña de Aracena. En él aparece un hilo rojo que las une, un símbolo poderoso que representa ese lazo invisible que conecta a las personas, sin importar la distancia, el idioma o las fronteras.
Es un recordatorio de que, aunque estemos lejos, siempre habrá alguien que se preocupe por ella.
Cuando viajé a Angola, no lo hice sola.
Conmigo viajó la urdimbre.
No solo vosotras, las mujeres que la hacéis posible, sino también vuestros hijos, nietos, sobrinos… Todos aquellos que se dejaron tocar por este sentimiento de pertenencia a una causa común.
Una causa que la mueve la empatía.
Esa empatía que no se limita a sentir, sino que actúa: que tiende la mano, que acompaña, que recoge y que sostiene.
Desde el inicio, nos propusimos que este proyecto fuera humano, cercano, real.
Por eso, mirar a Terezinha a los ojos no fue un gesto simbólico, sino un compromiso: conocer su historia, comprender su entorno, y con ello, la realidad de tantos otros niños y niñas que viven en Angola.
Conseguimos convertir la solidaridad en acción, y el impacto fue más allá de las palabras.
Gracias a todos y todas por hacerlo posible 🫶🏼