26/05/2023
AMAR A BADAJOZ.
Me preguntaba esta tarde una señora, al decirle lo que nos diferencia del resto de partidos y candidatos, que qué era eso de amar a Badajoz que yo le exponía.
¿Qué es amar a Badajoz?
Podríamos dar numerosas respuestas, pero si la cuestión se circunscribe a los políticos locales, la cosa se puede y debe analizar con su necesaria reflexión. Si lo concretamos en su máximo representante, el alcalde actual o los anteriores, todos deberíamos tener claro que amar Badajoz supone trabajar por mejorar la ciudad en todos sus ámbitos y dejarla mucho mejor que cuando se asumió la responsabilidad de gestionarla.
Hay distintos grados e intensidades a la hora de “amar” Badajoz, y que algunos políticos no tienen muy claro ese concepto:
Para mí, amar a Badajoz consiste en hacer política de verdad, de nivel, no solo “mi política” condicionada por mis intereses o los de mi partido, con el objetivo de poder mantenerse el mayor tiempo posible. Supone no estar a la gresca permanentemente con los adversarios, porque, los demás también tienen buenas ideas o iniciativas para mejorar la ciudad. Se trata de llegar a entendimientos, más que de tratar de poner a la opinión pública en su contra para así sacar rédito político.
Amar a Badajoz no es utilizar el ayuntamiento como trampolín para hacer carrera en otras esferas superiores y vivir de la misma, mientras se pueda demostrar lealtad y fidelidad, que no siempre… preparación. Podría citar muchos nombres conocidos. Los sillones de la Asamblea, del Senado y del Congreso podrían contar mucho si pudieran hablar.
Amar a Badajoz también consiste en no vender periódicamente titulares que se repiten, sobre obras o proyectos que nunca se ejecutan o que tardan una eternidad en realizarse. La mejor prueba de amor sería cambiar el “vamos a hacer” por el “hemos hecho”. Ese amor no se demuestra presumiendo de tener un montón de millones de superávit y en el banco, mientras gran parte de la ciudad está sin recibir la atención adecuada. Amar a Badajoz es conocer y respetar nuestra Historia y nuestro Patrimonio, ser sensible con él, promoverlo y potenciarlo. No es perpetrar atentados contra el Baluarte de la Trinidad o el Fuerte de San Cristóbal, por ejemplo.
La mejor prueba es tener nuestro legado histórico en perfecto estado de revista después de tantos años, ponerlo en valor, abrirlo y ofrecerlo a propios y extraños, con un Plan Turístico serio y bien articulado.
Amar la ciudad es intentar corregir los desequilibrios existentes entre sus barrios; que no haya barriadas de primera, segunda o tercera categoría. En cuatro años no da tiempo, pero sí en casi tres décadas. Los barrios y las calles hay que patearlas, pasear por ellas más a menudo y conocer de primera mano qué sienten y qué piensan los conciudadanos, hablando con ellos y no apareciendo antes de las elecciones en las AA.VV (politizadas muchas, por cierto) para salir en la prensa. Amar a Badajoz supone que barrios como el Gurugú, Colorines, la UVA, Progreso, Cerro de Reyes o Suerte de Saavedra, vean realmente que la mayor parte de los fondos EDUSI se emplean específicamente en ellos en sus distintos ámbitos y necesidades. Amar a Badajoz es tan simple como colocar una barandilla que puede evitar una muerte de un vecino en su calle.
Por supuesto, el amor también se demuestra cuidando regularmente la ciudad, no solo con los conocidos zafarranchos generales de antes de las elecciones. Manteniendo y no abandonando muchos parques y jardines, fuentes, aceras por doquier, baches diseminados por los cuatro puntos cardinales de cualquier calle o calzada…
Amar de verdad a Badajoz implica y exige que nuestro Barrio Histórico debería haber contado con un Plan de Recuperación y Regeneración a nivel social, urbanístico y económico. Después de 12 años de unos y 28 de otros, nadie se ha preocupado de ello. Hace 23 años, a finales de 1.999, algunos conseguimos reunir al Señor Celdrán, al señor Ibarra, al presidente de la Diputación y a la Universidad, para constituir el Consorcio del Casco Antiguo de Badajoz. En la última reunión entre el alcalde y el presidente, se decidió el acuerdo firme de establecer los estatutos para firmarlos en febrero de 2.000. No pasaron más de 24 horas y el alcalde de Badajoz hizo unas desafortunadas declaraciones en contra del presidente de la Junta, que iba a ser quien presidiera el Consorcio, y todo se fue al garete. La zona histórica de Badajoz podría haber tenido Consorcio desde entonces, pero prevalecieron intereses personales, urbanísticos y económicos. Mal ejemplo de amor.
El amor a la ciudad se demuestra también, exigiendo a los de mi partido cuando gobiernan en la Junta o en España, lo mismo que les exijo a los del otro lado, dando la tabarra constantemente por las autovías prometidas, por las inversiones que no llegan y por los plazos del AVE. Medidas anunciadas por Zapatero o Sánchez, pero también antes por Aznar y luego Rajoy y que nunca se cumplieron.
Amar a Badajoz es que no nos birlen el proyecto del CIEREE aprobado en la Cumbre Hispano-Portuguesa de 2008, con una inversión de 80 millones de euros y la creación de 200 puestos de trabajo. Esperando a verlas venir para que, cuando nos enteramos que Cáceres se estaba moviendo desde hacía tiempo, quisimos reaccionar y el pescado ya estaba vendido. ¿Se le envió a la ministra Calvo el informe que pidió sobre el proyecto? No he leído ni oído hablar de él. Eso se llama despreocupación y estar a otras cosas, como ha venido pasando con el lamentable estado del Guadiana. No se puede reaccionar solo cuando se anuncia una movilización ciudadana, por el “qué dirán” y por hacer el paripé. Hay que mostrar más determinación. Viene de muy atrás la cosa. No se puede tardar una eternidad en elaborar el informe técnico que pedía el Ministerio, para la Evaluación de Impacto Ambiental y que la CHG pudiese actuar en los azudes del río, y no contestar durante meses y meses.
Amar a Badajoz no es presentarse en el congreso del partido en Madrid y afirmar con rotundidad que “El Casco Antiguo de Badajoz está felizmente recuperado”… ¡por favor! o irse a FITUR con las ocurrencias de cada año para salir del paso y ofreciendo una Alcazaba idílica en un vídeo editado para que parezca la octava maravilla del mundo. Los turistas se suelen llevar una decepción cuando comprueban que la realidad es otra y que nuestros monumentos más representativos suelen estar cerrados la mayor parte del año.
Amar a Badajoz no es traicionar a miles de votantes que dieron su confianza a unas siglas y que esos votos te los lleves a tu antojo a otro partido, con tal de conservar el sillón. Repartirse la alcaldía no parece que tenga mucho que ver con el amor a la ciudad, sobre todo, si después de eso Badajoz ha continuado hecha un desastre hasta hace unos meses, que empezó a trabajar la maquinaria del zafarrancho para engañar a la gente y tratar de perpetuarse en el ayuntamiento.
Amar a Badajoz es otra cosa.