Desde Le `Patafisic Cabinet, ponemos solución a tus requerimientos gráficos y escenográficos, a través de medios sencillos y una desbordante imaginación. La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias, que atribuye simbólicamente a los alineamentos las propiedades de los objetos descritos por su virtualidad. La patafísica, cuya etimología debe
escribirse epi (meta ta jusika), y su verda
dera ortografía 'patafísica -precedida por un
apóstrofe, con el fin de evitar un fácil retruécano- es la ciencia de lo que se sobreañade a la metafísica, sea en sí misma, sea fuera de ella, extendiéndose tan lejos de la metafísica como ésta se extiende más allá de la física. Ejemplo: al ser el epifenómeno
frecuentemente un accidente, la 'Patafísica será la ciencia de lo particular, aunque se diga
que no hay ciencia más que de lo general. Estudiará las leyes que rigen las excepciones;
explicará aquel universo suplementario al nuestro, o menos ambiciosamente, describirá un
universo que se puede ver, y que quizá se deba ver, en lugar del tradicional; dará cuenta
de las leyes que se creyó descubrir en ese Universo como correlaciones a su vez de
excepciones, aunque más frecuentes, en todos aquellos casos de hechos accidentales
que, al reducirse a excepciones poco excepcionales, no tienen la atracción de la
singularidad. La ciencia actual se funda en el principio de inducción: la mayor parte de los hombres vio,
en general, tal fenómeno preceder o seguir a tal otro, y concluyó que todo sería siempre
así. En principio, esto no es exacto más que la mayor parte de las veces; depende de un
punto de vista, y está codificado por comodidad. ¿Y entonces? En lugar de enunciar la ley
de la caída de los cuerpos hacia un centro, ¿no preferiríamos la de la ascensión del vacío
hacia la periferia, considerando al vacío como la unidad de no-densidad, hipótesis mucho
menos arbitraria que la elección de la unidad concreta de densidad positiva, el agua? Porque aun este cuerpo en sí mismo es un postulado y un punto de vista de los sentidos
de la multitud, y porque si no su naturaleza al menos sus cualidades no varían demasiado,
es necesario postular que la talla de los hombres quedará siempre sensiblemente
constante y mutuamente igual. El consentimiento universal es ya un prejuicio bastante
milagroso e incomprensible. ¿Por qué cada uno de nosotros afirma que la forma de un
reloj es circular, lo cual evidentemente es falso, ya que se ve de perfil una figura
rectangular angosta, elíptica al verla de tres cuartos, y por qué diablos no se notó su
forma más que en el momento de mirar la hora? Pero el mismo niño que dibuja el reloj redondo, dibuja también la casa cuadrada, vista
desde la fachada, y esto evidentemente sin razón alguna; porque es extraño, excepto en
el campo, que se vea un edificio aislado, y aun que en una calle las fachadas se vean
como trapecios oblicuos. Hace falta necesariamente admitir que la multitud (incluyendo a los niñitos y a las
mujeres) es demasiado grosera para comprender las figuras elípticas, y que sus miembros
concuerdan con el consentimiento denominado universal porque solamente perciben las
curvas que tienen un solo foco, dado que es más fácil coincidir en un punto que en dos. Se comunican y equilibran por el borde de sus vientres, tangencialmente. O aún más, la
muchedumbre ha aprendido que el universo verdadero estaba hecho de elipses; a su vez,
los burgueses conservan sus vinos en toneles y no en cilindros. Para no abandonar con digresiones nuestro ejemplo usual del agua, con respecto al tema
meditemos sobre lo que dice el alma de la multitud irreverentemente de los adeptos a la
ciencia patafísica: otros tantos locos.