01/06/2018
¿ Y ahora, qué ?
Pedro Sánchez ha ganado la moción de censura y se ha convertido en el nuevo Presidente de Gobierno de España. Vaya por delante nuestra felicitación, aunque tengamos muchas dudas respecto a las posibilidades del nuevo Gobierno (aún desconocido).
Las dudas radican, fundamentalmente, en el escasísimo número de escaños (85) con el que puede contar el PSOE. Si el PP lo ha pasado realmente mal durante este último año contando con sus 137 dipùtados, más los 32 prestados por C´s, y ha tenido que hacer concesiones importantes al PNV para poder aceptar los presupuestos… ¿Qué concesiones tendrá que hacer Pedro Sanchez para contar con el voto de los que han respaldado la moción de censura? Sinceramente, nos entra cierta congoja al pensarlo.
Porque no nos engañemos: el socio más fuerte de los socialistas intentará, sibilinamente, que el gobierno de Sánchez sea un fracaso para quedarse Podemos al frente de la izquierda, sobre todo si forma un gobierno monocolor. Es algo que ya han intentado en el pasado reciente, y no hay motivo alguno que permita presumir ahora lo contrario, por más que las palabras “democracia, demócratas y por el bien de los españoles” hayan sido las más utilizadas por unos y otros.
Respecto al resto de los socios, está claro que todos los independentistas intentarán arrimar el ascua a su sardina y pondrán un alto precio a sus apoyos. Lo malo es que ese precio contribuirá sin duda a la inestabilidad de esto que llamamos España.
En fin, que si Pedro Sánchez quiere ser un buen presidente de todos los españoles, al final no le quedará más remedio que reconocer la imposibilidad de gobernar y convocar elecciones anticipadas. Tal vez los españoles sepan reconocer así a un presidente que prefirió renunciar al cargo para no hacer lo que no quería.
Del PP y de D. Mariano Rajoy ¿Qué vamos a decir? Que ese es el precio que hay que pagar por apoyar a todos los impresentables a los que ha apoyado. Un presidente de gobierno no puede dar la cara por un “cara”, porque al final, a quien se la parten, es a él. Y no podemos olvidar que apoyó todo lo que pudo a Fabra, a Camps, a Rita Barberá, a Bárcenas, al expresidente de Murcia, a la expresidenta de la Comunidad de Madrid… sin contar a Eduardo Zaplana ni a Rodrigo Rato.
¡Que Dios nos pille confesados! No vaya a ser que vayamos a salir de Málaga para meternos en Malagón. El tiempo, que todo lo cura, pondrá a cada uno en su sitio.