04/06/2026
La cultura ya no es un motor, es un trámite.
Y eso, en un pueblo como Buñol, se nota en cada esquina.
Durante años tuvimos una cultura que movía, que tenía sentido, que hacía que la gente saliera de casa porque sabía que lo que se hacía aquí tenía valor. Había ciclos, había proyectos, había una idea clara de hacia dónde queríamos ir. No era perfecto, pero era cultura con intención, no cultura para rellenar huecos.
Ahora, en cambio, la sensación es otra: con PP-XBUÑOL,
la cultura se hace porque toca, no porque importe.
Se programa para cumplir, no para transformar.
Y así es como un pueblo pasa de tener una identidad cultural fuerte a tener un calendario lleno de actos que se olvidan al día siguiente.
Con este gobierno del "cambio" hemos perdido estructura: antes había proyectos estables, ahora hay actividades sueltas.
Hemos perdido ambición: antes se traía cultura, ahora se improvisa.
Hemos perdido profesionalidad: antes convivían lo amateur y lo profesional, ahora casi todo es de andar por casa.
Hemos perdido agenda social: antes había contenido, ahora hay gestos.
Hemos perdido cultura educativa: antes se formaba criterio, ahora se entretiene cuando se puede.
Hemos perdido dinamización del patrimonio: antes el Castillo estaba vivo, ahora es un decorado ocasional.
Pero lo más grave no es lo que falta en el calendario.
Lo más grave es lo que falta en la mirada.
Porque cuando un gobierno no tiene proyecto cultural, la cultura se convierte en eso:
un trámite, una obligación, una casilla que marcar para que parezca que se hace algo.
Y Buñol no es un pueblo cualquiera.
Buñol tiene dos sociedades musicales que son historia viva, un tejido asociativo enorme, artistas, creadoras, gente que se deja la piel para que pasen cosas.
Lo que falta no es talento.
Lo que falta es dirección.
La cultura no se improvisa.
La cultura se piensa, se cuida y se defiende.
Y cuando no se hace, pasa lo que está pasando:
que se va apagando, no por falta de ganas, sino por falta de proyecto.
Buñol merece más.
Y lo sabemos todos.