17/06/2026
➡ Mientras que la desgravación actúa sobre la base imponible, la deducción reduce directamente la cuota resultante de aplicar los tipos impositivos a esa base. Es decir, una vez calculada la cuota íntegra del impuesto, las deducciones restan cantidades fijas o porcentajes que disminuyen el importe final a pagar.
Un ejemplo clásico en IRPF es la deducción por inversión en vivienda habitual o las deducciones autonómicas por donativos a ONG. Supongamos que tras aplicar las desgravaciones tu cuota es de 5 000 €; si tienes derecho a una deducción de 300 €, pagarás 4 700 €. A diferencia de la desgravación, la deducción es un descuento “final” y, a veces, con límites cuantitativos o porcentuales sobre determinadas bases.
Para deducir correctamente conviene:
- Comprobar requisitos (residencia, periodos mínimos, destinatarios).
- Calcular la cuantía (porcentajes o cifras planas).
- Verificar compatibilidades y topes (algunas deducciones excluyen otras).
La distinción es vital: si confundes ambos procesos, podrías restar antes de tiempo o después, o dejar de aplicar un beneficio por error. Aplicarlas en el orden y momento correcto maximiza tu ahorro total.
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