Eliossana

Eliossana Su nombre proviene del hebreo Eli ossana אלי הושענא, "Dios nos salve", nombre con el cual fue llamada originalmente por los judíos

𝐋𝐎𝐒 𝐉𝐔𝐃𝐈𝐎𝐒 𝐄𝐍 𝐀𝐋-𝐀𝐍𝐃𝐀𝐋𝐔𝐒Para los judíos la conquista musulmana de la península ibérica significó aparentemente el fin de...
16/08/2022

𝐋𝐎𝐒 𝐉𝐔𝐃𝐈𝐎𝐒 𝐄𝐍 𝐀𝐋-𝐀𝐍𝐃𝐀𝐋𝐔𝐒
Para los judíos la conquista musulmana de la península ibérica significó aparentemente el fin de la persecución a la que habían sido sometidos por los monarcas visigodos y por la Iglesia católica. Sigue siendo objeto de debate si pidieron ayuda a los musulmanes del otro lado del estrecho de Gibraltar, algunos han llegado a calificar a los judíos de quinta columna de la invasión musulmana, pero sea como fuere, está comprobado que los recibieron con los brazos abiertos y que colaboraron con ellos en la custodia de algunas ciudades, como Córdoba ―en la que también colaboraron en su conquista―, Sevilla, Granada o Elvira, mientras los ejércitos de Tariq y de Musa seguían avanzando hacia el norte. A lo largo de la Edad Media se fue extendiendo en los reinos cristianos, no sólo en los peninsulares, el mito de la «traición» de los judíos aliados con los musulmanes para destruir a los cristianos ―la creencia de que habían entregado Toledo estaba muy extendida―, mito que se intensificará durante las Cruzadas (1099-1291).
Los musulmanes, siguiendo las enseñanzas del Corán, consideraban que los judíos, en tanto que «gentes del Libro», no debían ser convertidos a la fuerza al islam y eran merecedores de un trato especial, la dhimma. Los dhimmi (en árabe ذمّي , "protegidos") tenían garantizadas la vida, la propiedad de sus bienes y la libertad de culto, así como un alto grado de autonomía jurídica, que les permitía, por ejemplo, acudir a sus propios tribunales para dirimir los asuntos de sus comunidades. Sin embargo, a pesar de las garantías que les ofrecía la condición de dhimmis parece que muchos judíos acabaron convirtiéndose al islam a lo largo de los siglos siguientes a la conquista aunque carecemos de cifras concretas.
Como contrapartida, estaban sujetos a impuestos específicos, debían aceptar una situación social inferior y someterse a discriminaciones diversas ―tenían que llevar vestidos, sombreros, cabalgaduras y hasta nombres distintos de los musulmanes―, teniendo negado el acceso a la mayor parte de los cargos públicos: no podían, en concreto, acceder a funciones militares ni políticas en que tuvieran jurisdicción sobre musulmanes, pero sí ocupar ciertos puestos administrativos. Sin embargo hubo judíos que detentaron el cargo de visir, como Samuel ibn Nagrella en el reino taifa de Granada, o un lugar preeminente en la corte califal como el médico y diplomático Hasday ibn Shaprut en tiempos de Abd al-Rahmán III (912-961), pero se trató de un número muy reducido y sus encumbramientos fueron muy precarios, pues dependían del favor de los príncipes y se exponían a caídas y muertes violentas tan pronto como perdían la confianza de sus amos, además de levantar la ira popular al tratarse de dhimmis. Fue el caso del hijo de Semuel ibn Nagrella, Yosef, que sucedió en el cargo de visir a su padre y no se comportó tan discretamente como él, haciendo ostentación de su poder, por lo que fue una de las víctimas de la terrible matanza que tuvo lugar en Granada el 30 de diciembre de 1066 en la que murieron cerca de cuatro mil judíos.
En cuanto a las actividades que realizaban los judíos, inicialmente no tuvieron una dedicación específica ―muchos judíos cultivaban la tierra―, pero algunos de ellos pronto se especializaron en el comercio ―el comercio de esclavos procedentes del este de Europa y la «fabricación» de eunucos fue un monopolio judío― y en el préstamo, además de ocuparse de la recaudación de impuestos, por encargo de las autoridades andalusíes que no querían que musulmanes realizaran las actividades más impopulares. Ello permitió a los judíos ―o por lo menos a algunos de ellos― llegar a una posición económica de prosperidad, pero les exponía también, en épocas de crisis y recesión, a sufrir la ira del resto de la población, que tendía a ver en ellos los beneficiarios y los responsables de todas las dificultades.
La situación de los judíos en Al-Ándalus no fue siempre igual. En general, se distinguen dos períodos bien diferenciados: antes y después de la llegada de los almorávides en torno a 1086. El primero, que abarca el Emirato de Córdoba (711-912), el Califato de Córdoba (912-1031) y los primeros reinos de taifas (1031-1086), se caracterizó porque los judíos pudieron vivir sin graves problemas bajo el estatuto de dhimmis y sin padecer ninguna persecución. (Con notables excepciones como la matanza de judíos de Granada de 1066).
El segundo periodo, iniciado con la llegada de los almorávides a Al-Ándalus en 1086, se caracterizó por el empeoramiento de la situación de los ‘’dhimmis’’ en general y de los judíos en particular. Los almorávides, defensores de la ortodoxia islámica, echaron en cara a los reyes de las taifas su condescendencia respecto a cristianos y a judíos y criticaron el poder que habían alcanzado algunos ellos. La intransigencia de las nuevas autoridades provocó una primera emigración de judíos hacia los reinos cristianos del norte y conversiones forzosas al islam. Pero el deterioro definitivo se produjo con la llegada a mediados del siglo XII de los aún más fundamentalistas almohades que se mostraron absolutamente intransigentes con los dhimmis. Al parecer la mayoría de los judíos se vio forzada a convertirse al islam aunque siguió practicando clandestinamente el judaísmo. Los que no lo hicieron emigraron, en su mayor parte a los reinos cristianos del norte. Allí donde opusieron resistencia, como en Granada, fueron objeto de una dura represión y obligados a llevar una indumentaria que los diferenciara de los musulmanes ―en Granada vestido azul y gorro amarillo en lugar de turbante―, incluso aquellos que se habían convertido porque el califa almohade, según un cronista andalusí, «dudaba de la sinceridad de su fe islámica». Además a estos conversos se les prohibió comerciar y sus hijos fueron separados de sus familias para ser educados por musulmanes. Así pues, se acabó con la prosperidad y la vida cultural hebrea en al-Andalus que no volvió a reconstituirse. Los judíos que permanecieron en territorio musulmán después de la caída de los almohades [en el primer tercio del siglo XIII] fueron una minoría de la que sabemos poco, pero que distó mucho de conocer una situación comparable a la de antes.
Fuentes: Los judíos en España, de Joshep Pérez.
La tolérance andalouse a-t-elle existé?, de Emmanuelle Tixier du Mesnil
Imagen: Miniatura del Libro del ajedrez, dados y tablas de Alfonso X el Sabio que representa a un judío (izquierda) y a un musulmán (derecha) jugando al ajedrez.

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10/08/2021

[ר]ב[י] ל[כ]טושוש יש[ן]
בשלו[ם מ]שכב בשלום
[ע]ד [י]בא מנחם
משמ[י]ע שלום
בשער שלום יש[—]
שלום ויאמרו ל[ו]
משכבו בשלום

Rabí Lactosus duerma
en paz. Descanse en paz
hasta que venga el Consolador
que anuncia la paz
en la puerta de la paz [—]
paz. Decidle:
descansa en paz

10/09/2020

Lucena, la antigua Eli-Hossana, es una ciudad sita en el sur de la provincia de Córdoba en Andalucía; como tal fue una importante comunidad judía entre los siglos IX y XII de nuestra era.
Durante el periodo de dominio musulmán en la Península Ibérica, se caracterizó por ser una ciudad enteramente judía cuya tradición contaba que fue fundada exclusivamente por personas provenientes del mismo Israel. Varias familias importantes de la época incluida la del historiador Abrahan ibn Daud aseveraban que su asentamiento en Eli-Hossana databa de la época del mismísimo rey persa Nabucodonosor II. El teólogo Isaac Abravanel vincula la derivación del nombre de Eli-Hossana, mas tarde Lucena, con la ciudad bíblica de la Luz. Lo que sí es cierto es que hasta el siglo XII Eli-Hossana fue centro cultural de la comunidad judía en Al-Andalus, de este modo, en el año 853 el Rabí Natronai , Gaón de la academia de Sura escribió que "Eli-Hossana era una ciudad enteramente judía en cuyo interior no existía gentil alguno". En otra responsa el mismo Gaón preguntó: ¿Existen gentiles que intentan prohibir vuestras actividades? ¿Por qué no establecéis una "Hazerot Eruv"? (Comunidad privada e independiente al uso de Israel) Teshuvot Ge'onei u-Ma'arav 1888, párrafo 26.
El geógrafo árabe del siglo XII Idrisi también habló del carácter judío de Eli-Hossana y afirmó que mientras que los musulmanes vivían extramuros en aquella población, las grandes familias y los judíos en general vivían dentro de la ciudad amurallada; esta misma información la conocemos por los escritos de Menachen b. ibn Zera, afamado Rabí del siglo XIV en su obra Zeidah la-Derekh.
Aquellos habitantes de Eli-Hossana eran diestros en el cultivo del olivo, la vid y toda la agricultura general, conocían el secreto de la industria de la seda, eran grandes ceramistas y curtidores a la vez que inmejorables comerciantes; en definitiva, independientemente de todo esto era conocida aquella Madinat al-Yahud por sus importantes academias, así es que se tiene constancia de como a mediados del siglo IX los Gaones de Sura y Pumbendita mantenían una vasta relación epistolar con aquella Academia Talmúdica atendiéndose entre ambas multitud de preguntas y respuestas. En este mismo siglo el Rabí Eleazar b. Samuel Hurga de Eli-Hossana recibió los títulos de Alluf (Juez) y Rosh Kallah (Presidente de Jueces) por parte de aquellas academias orientales donde gozó de un gran prestigio.(Véase A. Harkauy, Teshuvot ha. Ge'onim, Berlín,1887,párrafo386,p. 201,pp. 376-7).
Ya en el siglo XI con la gran Academia de Eli-Hossana consolidada tenemos a tres grandes Rosh Yeshiva (Directores de academia) consecutivos, Isaac b. Judah ibn Ghayyat sucedido por el ínclito Isaac Al-Fassí que a su vez fue relevado tras su muerte por su discípulo predilecto, Joseph ibn Migash.
En el año 1006 de nuestra era, la viuda de Joseph ibn Samuel ha-Naguid (Visir del rey Zirí de Granada, poeta y príncipe de las aljamas judías de aquella ciudad) y su hijo Azariah estuvieron entre los refugiados que llegaron a Eli-Hossana después de los levantamientos contra los judíos acaecidos en aquella ciudad, lo que nos habla de la importancia de Eli-Hossana., (Abrahan ibn Daud, Sefer ha- Qabbalah, El libro de la Tradición,Ed. G. Cohen 1967,p.77).
Durante el reinado de Abdallah el último rey Zirí de Granada y coincidiendo con la inclusión de los Almorávides en el sur de la Penísula, los historiadores Ziries nos hablan de revueltas en Eli-Hossana ya que se negaban a ser sometidos por la Taifa granadina, mas tarde y tras la total invasión Almoravide, un gobernante musulmán llamado Yusuf ibn Tashfin (1061-1106), intentó someter a la ciudad y convertirla al Islam, de este envite consiguen salir victoriosos y conservar su autonomía tras pagar una fuerte suma de Doblas (Moneda de la época).Como consecuencia de esto y temiendo a la inseguridad los habitantes de aquella ciudad se fueron mudando paulatinamente hacia el norte de la Península, concretamente hacia Navarra, cerca de Tudela, donde fundaron un poblado que llamaron Eli-Hossana y donde continuaron viviendo según sus antiguas reglas y costumbres de la comunidad original.
El gramático Jonah ibn Janah, los poetas Moises y Abrahan ibn Ezrá, Juda Ha Leví y Joseph ibn Saúl estuvieron estudiando y formándose en Eli-Hossana durante algún tiempo de su vida. El Poeta hebreo del siglo XI Abu-ar-Rabia b. Baruch, conocido en todo Al-Andalus vivió y se formó en aquella ciudad de los poetas.
En 1146 durante la invasión integrista de los Almohades los judíos fueron perseguidos y gran cantidad de ellos fueron obligados a convertirse al Islam. Aquella comunidad a la que venimos haciendo referencia como otras tantas comunidades, desapareció totalmente en el año 1148. Eli-Hossana fue conquistada definitivamente por Castilla en el año 1240. El destino de aquella comunidad sefardí siguió unido en el tiempo aunque en diferentes lugares, hasta que en 1391 tras los disturbios antisemitas se vieron abocados a desaparecer, muchos asesinados, otros convertidos a la fuerza y algunos escaparon.

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