12/10/2026
Compartimos un mismo instante, pero no necesariamente percibimos lo mismo dentro de él.
Algunas aves, como los herrerillos, pueden distinguir cambios visuales tan rápidos que a nosotros se nos escapan. Esa diferencia invita a pensar en la relatividad de nuestra percepción: lo que apenas advertimos puede estar lleno de acontecimientos para otro ser vivo.
La cámara lenta nos acerca a esos detalles, aunque no nos permita saber exactamente cómo sienten ellos el paso del tiempo. Y nos propone algo sencillo: prestar atención.
Al observar estos pequeños vuelos, empezamos a descubrir relaciones, movimientos y respuestas donde antes solo veíamos pájaros pasando. Mirar con atención nos permite comprender un poco mejor la vida que tenemos delante.
También hay una calma especial en entregarse a esa observación. Durante un momento, las preocupaciones ceden espacio a lo que está ocurriendo aquí, tan cerca.
Quizá parte de esa paz consista en esto: concederle al presente toda nuestra atención y descubrir cuánto había en él.
Saluda Antonello Dellanotte