11/09/2021
Nunca hemos comentado sobre estos temas en esta comunidad, pero la ocasión lo amerita.
Vamos a tomar un escrito de nuestro buen amigo José Luis Canepa, radicado en Córdoba Argentina, que refleja lo que sentimos.
Siempre es un dilema moral cuando una vida se acaba, si genera dolor o tranquilidad.
En este caso concreto, se murió la peor cagada que pudo nacer en el Perú. Un infeliz que no escatimaba esfuerzos en asesinar, destruir y acabar con todo lo que había a su paso.
¡Hoy por primera vez en mi vida me alegra una muerte y la celebraré como se debe!
Y aunque la tradición católica de mi ser me censure el gozo, sacaré las chelas y haré votos para que su alma miserable se queme en el in****no por la eternidad 🥳
Y para los amigos que puedan leer esto desde espacios internacionales y les quieran vender el cuento del líder guerrillero les digo NO.
Mil veces no, este cobarde asesinaba por la espalda, nunca dió la cara, no respetaba ni los protocolos establecidos para la guerra, simplemente era un enfermo que gozaba con la muerte de los peruanos y era capaz de dinamitar padres frente a sus hijos para lograr su objetivo de hacerse millonario sentándose en Palacio de Gobierno.