17/04/2026
EL ESPEJISMO DE COLORES: SOMBRILLAS QUE MAQUILLAN UN CENTRO HISTÓRICO SIN SOLUCIONES REALES
La Plaza de la Constitución vuelve a sucumbir al ya manido recurso de las seiscientas sombrillas, una "solución" estética que se repite año tras año con la misma falta de ambición estructural. Este despliegue de poliéster y varillas, lejos de ser una mejora urbanística, se ha convertido en una cortina de humo cromática que pretende ocultar la carencia de proyectos de calado para el casco antiguo. Mientras el Ayuntamiento se apresura a colgar el reclamo visual para que los turistas llenen sus perfiles de Instagram, los problemas de accesibilidad, el declive de la vivienda residencial y la falta de servicios reales para el vecino de a pie siguen esperando una respuesta que no llegue por vía aérea. Se prioriza la decoración efímera sobre la planificación urbana, convirtiendo el corazón de Torrox en un mero decorado de cartón piedra que solo parece cobrar vida cuando se mira a través de un filtro fotográfico.
En cuanto a su utilidad práctica, la medida resulta tan frágil como el material que la compone. Es cuestionable que una inversión constante en mantenimiento y reposición de sombrillas sea la forma más eficiente de gestionar los recursos públicos, especialmente cuando el supuesto alivio térmico es anecdótico frente a la necesidad de zonas verdes reales o infraestructuras de sombra permanentes. La coincidencia del montaje con la eterna finalización de las obras de la plaza no hace sino confirmar la sospecha de que se busca un efecto distractor: una explosión de colores para que el ciudadano no repare en los retrasos ni en una reforma que parece haber priorizado la estética sobre la funcionalidad. Al final, cuando el viento o el tiempo retiren las telas, lo que quedará en Torrox será la misma realidad gris de siempre, solo que un poco más gastada tras otra temporada de parches visuales.