Centro Reformista Democrático

Centro Reformista Democrático Conseguir un PARLAMENTO DE HOMBRES LIBRES; superando la Democracia Partidista que nos atenaza

02/05/2015
02/05/2015

Derecho divino de las mayorías

Una de las consecuencias de la “democracia partidista” que nos atenaza es que “nos vemos obligados” a ceder nuestra voluntad personal, y por lo tanto nuestra libertad individual, a un grupo mayoritario. Dicha “cesión” está basada en una creencia más que en un análisis. Bien es verdad que en nuestro discurso decimos que “nos engañan”, que “nos mienten”, pero siempre acabamos “cediendo” nuestra pequeña parcela de poder.
Está asentado en nuestra sociedad que hemos de pertenecer a un “grupo”, el que sea, pues de lo contrario, pensamos, no podemos hacer nada ni llegar a nada. No pensamos en el esfuerzo que hemos realizado, o que estamos realizando, en nuestra vida diaria; ese esfuerzo es fruto de algo personal: o de un gusto, o de una profesión, o de lo que sea; bueno, pues somos capaces de “renunciar” a esa dimensión personal en aras de algo “colectivo” que no es el respeto a lo personal, sino que implica el abandono de ese esfuerzo.
Cuando hacemos esa dejación, vemos que quien está al “otro lado” es, precisamente, una persona que no ha realizado esfuerzo ninguno, que no se caracteriza por nada: sólo se limita a “decir unos tópicos”, a los que llamamos ideología y que, para más inri, no responden a nada ni de nuestros intereses ni de nuestros gustos; bueno, pues a esas personas es a quien hacemos “cesión” de nuestro poder, de nuestro pequeño poder: pero no olvidemos que la suma de muchos pequeños poderes es lo que da “el gran poder”.
Así, el “gran poder” no nace del esfuerzo y del trabajo de cada uno, sino de un “tópico”: ese “tópico ideológico” se aplica después sobre la propia realidad en la cual estamos y lo estropea todo, lo fastidia todo, hasta nuestro trabajo. Ahora bien, como ese “tópico ideológico” es la “mayoría” o la “suma de varias mayorías”, creando una mayoría aún mayor, creemos que es la verdad absoluta, pues “la mayoría no puede equivocarse”, pensamos.
Ahora mismo se está pergeñando en España, de nuevo, unas “nuevas mayorías”: llamémoslas como las llamemos, no responden más que a lo pergeñado en el siglo XIX por esos gurús del caciquismo llamados Cánovas y Sagasta y que todo el mundo conocemos como Restauración, Régimen de la Restauración. Este Régimen está asentado en los cimientos, en el sistema, de Donoso Cortés, y el Régimen ha ido cambiando de nombre a lo largo de todo el siglo XX; en los albores del siglo XXI parece que estamos dispuestos a cambiar de nombre al mismo Régimen; pero cambiando de nombre no cambiaremos la propia realidad y es que, entre otras cosas, la mayoría se impondrá sobre la minoría y anulará el esfuerzo y el trabajo de cada persona: “carlistas-liberales”, “izquierda-derecha”, “público-privado” son palabras que no han cambiado de significado, aunque sí ha cambiado la propia palabra.
De fondo, entre otras cosas, está la dejación ante una mayoría, a la que consideramos la “verdad revelada” precisamente porque es “mayoría”: ¿y nuestro esfuerzo, el fruto de nuestro trabajo? En los albores del nuevo siglo, y cuando decimos que nuestro país está en crisis moral e institucional, que está en una encrucijada, como tantas veces lo ha estado; en el alborear del nuevo siglo, repito, ¿nos someteremos de nuevo al dictamen de la mayorías? ¿Someteremos, de nuevo, nuestra libertad y voluntad, a un nuevo “revelacionismo mayoritario?
Decimos que los partidos, ¡restauracionistas!, nacidos después de la Transición, “en el Régimen del ‘82”, están en crisis; pero están en crisis por las consecuencias que han creado, pues las ideas son las mismas. Ahora están cambiando de nombre, pero las ideas son las mismas, y siguen exigiendo el mismo dogma: la mayoría. Quieren que nos sometamos a ese magma, pero se está extendiendo la idea de que “debemos” crear una nueva mayoría para “cambiar” las cosas. Miremos hacia atrás, y cuando, después del régimen de 1982 nació la nueva mayoría, precisamente con la misma idea de “cambiar” las cosas, vemos que “las cosas” siguieron como estaban.
Así que la “mayoría” no cambia las cosas, aunque “creemos” que sí puede cambiarlas, y de nuevo buscamos esa nueva mayoría para sustentar nuestra creencia; pero no va a cambiar nada. Las cosas seguirán como están y nosotros sometidos a ellas.

26/04/2015

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