07/08/2026
Don Héctor Arrivillaga vivió la vida a su manera, bajo sus propias reglas y en su propio mundo. No fue una persona perfecta, porque nadie lo es. Había días en que era imposible no llevarse bien con él y otros en los que su carácter dejaba huella. Pero precisamente así era: auténtico, sin pretender ser alguien más.
Fue de esos vecinos que, con su sola presencia, se vuelven parte de la historia de un lugar. Su partida deja un vacío entre quienes compartieron una charla, una sonrisa, una discusión o simplemente la costumbre de verlo.
Hoy lo despedimos con respeto, recordando que cada persona deja una marca distinta en quienes la conocieron. Que descanse en paz, Don Héctor Arrivillaga. Su recuerdo seguirá viviendo en la memoria de su familia, sus amigos y sus vecinos. Porque, al final, la gente auténtica nunca pasa del todo desapercibida.