15/09/2026
NOTICIAS DEL TIEMPO
APODACA, NUEVO LEÓN.
Por Ramiro Estrada.
Anécdota en ocasión por el CCXVI aniversario de nuestra Independencia.
LA NOCHE DE LOS DOS GRITOS
El 1 de enero de 1983, dio inicio la Administración Municipal que presidió José Rene Guajardo Guajardo. Aunque me resistí todo lo que pude porque Apodaca se me hacía muy distante, al final acepté la invitación que René me hizo de ser Secretario del Ayuntamiento.
Ya avanzado ese año de 1983, un día cualquiera llega Rene a la Presidencia Municipal con una alegría exhuberante; había encontrado una réplica de la campana de Dolores Hidalgo para colocarla en el balcón del edificio. Por primera vez el grito de Independencia se daría tañendo una campana propia, pues hasta ese entonces la ceremonia se apoyaba en las campanas de la iglesia.
Lo cierto es que la campana, que de ninguna manera era réplica de la de dolores, la había encontrado Rene en una visita que le hizo a los fierreros que se colocaban abajo del puente del Papa.
En prevención de la llegada del 15 de septiembre, se colocó la campana, como he dicho, en el balcón. Con la señora Rosy Garza de la florería La Condesa, se mandó hacer una trenza tricolor amarrada al badajo.
René, emocionado, salía de su oficina a ver que todo quedara bien. Para probar la campana, jaló la cuerda para abajo. Ni un sólo sonido se escuchó. Volvió a jalar pero el badajo no se movía. empezaba a enojarse contra quienes le habían venido una campana hueca, cuando llegó el ingeniero Lombardo Guajardo Guajardo, quien había sido monaguillo y al ver los frustrados intentos del alcalde, le dijo:
-Es que la cuerda se tira no para abajo sino para un lado. Y oh sorpresa, al fin René pudo escuchar el latir metálico de su preciada campana,
Llegó el 15 por la noche. La plaza principal reventaba de gente. René estaba impaciente por estrenar la campana, Además, había ensayado muchas veces lo que parecía un acto de malabarismo: Tocar la campana, agitar la bandera y vitorear a los héroes. Todo al mismo tiempo.
Termino de leer el Acta de Independencia y le digo a René -Tú sigues. Presuroso, el Alcalde, al fin, se disponía a poner en práctica lo tantas veces ensayado, cuando de pronto, sorprendentemente, hacia el fondo de la multitud, un hombre en estado de ebriedad, grita: ¡Viva don Miguel Hidalgo! La gente toda se voltea dando la espalda al balcón y a las autoridades municipales. Cientos de voces, al mismo tiempo, responden al hombre ebrio: ¡Viva!
El hombre continúa vitoreando: ¡Viva don José María Morelos! y la multitud le vuelve a responder. Así sucede al mencionar a doña Josefa, a Allende y todo lo demás que se dice en estos casos.
René etaba como congelado. Como sin creer lo que estaba pasando. Cuando el hombre concluyó su pase de lista de los héroes independentista y toda la gente de responderle con "viva", entonces René respiró hondo, sonó la campana, ondeó la bandera e inició sus propios vítores y la muchedumbre otra vez a corearlos.
Noche de excepción, noche de antología. Noche de dos Gritos. El de abajo y el de arriba. El de la autoridad y el del pueblo.