21/08/2026
Juan Álvarez: El último combate de "La Pantera del Sur"... Un día como hoy 21 de agosto, pero del año de 1867. Apenas habían transcurrido unas semanas desde que la República había recuperado su aliento y el imperio de Maximiliano se había derrumbado definitivamente. México celebraba el triunfo liberal, pero en la Costa Grande de Guerrero una noticia vestía de luto a quienes habían luchado por la libertad durante más de medio siglo. En su hacienda de La Providencia, moría Juan Nepomuceno Álvarez Hurtado, el viejo caudillo del sur, conocido por sus adversarios como "La Pantera del Sur" y por sus seguidores como "Tata Juan".
Con su muerte desaparecía uno de los últimos gigantes de la generación que había combatido por la Independencia y que, después, había dedicado toda su vida a la construcción de la República.
La historia de Juan Álvarez había comenzado el 27 de enero de 1790, en Santa María de la Concepción, hoy Ciudad Álvarez, Guerrero. Hijo del español Antonio Álvarez y de Rafaela Hurtado, mestiza de Acapulco, nació en una familia acomodada que le permitió estudiar en la Ciudad de México. Sin embargo, la muerte temprana de sus padres cambió su destino. La fortuna familiar fue dilapidada por su tutor y el joven heredero tuvo que ganarse la vida como vaquero, experiencia que lo acercó al pueblo y le dio el carácter recio que lo distinguiría durante toda su existencia.
Cuando el llamado de la insurgencia sacudió a la Nueva España en 1810, Juan Álvarez no dudó en unirse a las fuerzas de José María Morelos y Pavón. Ingresó como soldado raso, pero su valentía pronto lo llevó a ascender. Peleó en las campañas del sur, fue herido gravemente en ambas piernas durante los combates frente al fuerte de San Diego, en Acapulco, y desde entonces cargaría para siempre con las secuelas de aquellas heridas. Ni el dolor ni las dificultades lograron apartarlo de la lucha.
Bajo las órdenes de Morelos y de Hermenegildo Galeana participó en numerosos enfrentamientos y fortificó posiciones estratégicas como el cerro del Veladero. Tras la muerte de Morelos, se mantuvo firme junto a Vicente Guerrero, sosteniendo la resistencia insurgente en las montañas del sur. Durante aquellos años difíciles, las guerrillas dirigidas por Álvarez mantuvieron viva la llama de la independencia cuando muchos pensaban que la causa estaba derrotada.
La victoria llegó finalmente en 1821. Junto con Guerrero contribuyó a derrotar a las últimas fuerzas realistas en el sur y participó en la consolidación del Ejército Trigarante. Ese mismo año encabezó la capitulación de Acapulco, uno de los bastiones más importantes del poder español. Había nacido una nueva nación, pero para Juan Álvarez la lucha estaba lejos de terminar.
Durante las décadas siguientes se convirtió en una de las figuras políticas y militares más influyentes del país. Republicano convencido, federalista y liberal, combatió los intentos centralistas que amenazaban la joven República. Defendió el gobierno de Vicente Guerrero, enfrentó rebeliones conservadoras, luchó contra los franceses durante la llamada Guerra de los Pasteles y más tarde participó en la defensa nacional durante la invasión estadounidense de 1847.
A pesar de las viejas heridas que le obligaban a caminar con muletas, continuó recorriendo los campos de batalla montado a caballo. Su figura se volvió legendaria entre los habitantes del sur, donde era visto no solamente como un militar, sino como un protector de campesinos e indígenas. Su autoridad moral y política se extendió por Guerrero, Oaxaca, Morelos y Michoacán.
Cuando en 1849 fue creado el estado de Guerrero, Juan Álvarez se convirtió en su principal líder político. Como gobernador impulsó la educación superior y sentó las bases de instituciones que con el tiempo darían origen a la actual Universidad Autónoma de Guerrero. Pero su mayor legado político aún estaba por llegar.
En 1854 encabezó el movimiento que cambiaría el rumbo de México. Desde Ayutla promovió el plan que exigía la caída de la dictadura de Antonio López de Santa Anna. La Revolución de Ayutla triunfó y el 4 de octubre de 1855 Juan Álvarez fue nombrado Presidente de la República.
Su gobierno duró apenas unos meses, pero resultó trascendental. Rodeado de hombres como Benito Juárez, Melchor Ocampo, Guillermo Prieto y Ponciano Arriaga, inició las grandes transformaciones liberales. Durante su administración fue promulgada la Ley Juárez, la primera de las Leyes de Reforma, que eliminó los privilegios de los fueros eclesiásticos y militares.
Sin embargo, consciente de su avanzada edad y de sus quebrantos físicos, decidió abandonar el poder. Su despedida quedó grabada en la memoria nacional cuando declaró:
"Pobre entré en la presidencia y pobre salgo de ella..."
Aquellas palabras resumían la honestidad que caracterizó toda su vida pública.
De regreso en Guerrero continuó defendiendo la causa liberal. Combatió durante la Guerra de Reforma y posteriormente desempeñó un papel fundamental durante la Intervención Francesa. Su prestigio era tan grande que el propio presidente Benito Juárez recomendaba a los jefes republicanos consultar con Juan Álvarez cuando las circunstancias les impidieran comunicarse con el gobierno nacional.
Así, el veterano caudillo participó en la defensa de la soberanía hasta contemplar el desenlace que había esperado durante años: la derrota del Imperio de Maximiliano y la restauración de la República en 1867.
Parecía que el destino le había reservado ese último triunfo. Apenas un mes después de la entrada victoriosa de Juárez a la Ciudad de México, el viejo guerrero sintió que su misión había concluido. El 21 de agosto de 1867, en la tranquilidad de su hacienda de La Providencia, expiró quien durante más de cincuenta años había combatido por la libertad del país.
La noticia recorrió la nación. Había mu**to un insurgente de Morelos, un compañero de Guerrero, un fundador del estado de Guerrero, un presidente de la República y uno de los arquitectos de las Leyes de Reforma. Había desaparecido el hombre que sobrevivió a imperios, dictaduras, invasiones extranjeras y guerras civiles.
Hoy, al conmemorarse un aniversario más de su fallecimiento, la figura de Juan Álvarez Hurtado permanece como símbolo de lealtad republicana y compromiso con la libertad. Su vida fue la historia misma de México en el siglo XIX: desde los campos de batalla de la Independencia hasta la restauración de la República. Por ello, la memoria nacional lo recuerda no solo como "La Pantera del Sur", sino como uno de los más grandes forjadores de la nación mexicana.