24/11/2025
Científicos descifran el misterio milenario de la Tabla de Eclipses de los antiguos Mayas.
Un estudio revolucionario revela cómo los astrónomos mayas desarrollaron y perfeccionaron un sistema para predecir eclipses solares con notable precisión, desmontando un siglo de interpretaciones erróneas sobre el Códice de Dresde.
Durante siglos un enigma ha permanecido oculto en las páginas del Códice de Dresde, uno de los escasos y preciados libros mayas que sobrevivieron a la conquista europea. En sus páginas, una compleja tabla de números y glifos ha sido identificada como un mecanismo para predecir eclipses. Pero, ¿cómo funcionaba realmente? ¿Cómo lograron los antiguos astrónomos mayas, los «guardianes del tiempo», anticipar estos dramáticos eventos celestes sin la tecnología moderna?
Un artículo publicado en Science Advances por los investigadores John Justeson y Justin Lowry ofrece la explicación más completa y convincente hasta la fecha. Su investigación descifra el funcionamiento interno de la tabla y reconstruye su historia evolutiva, revelando una sofisticada comprensión de los ciclos lunares que se mantuvo precisa durante más de 700 años.
La interpretación tradicional, mantenida durante más de cien años, asumía que para crear una nueva tabla de eclipses, los mayas simplemente tomaban la fecha final de la tabla anterior y comenzaban una nueva desde ahí. El estudio de Justeson y Lowry demuestra que este método habría sido un error con consecuencias predecibles.
Anteriores trabajos con la tabla de eclipses han asumido consistentemente que una tabla sucesora de la misma estructura se calcularía desde una base que era la última estación de la tabla precedente, explican los autores. Sin embargo, su análisis revela que si se hubiera hecho así, eclipses no anticipados podrían ocurrir en la aplicación de la siguiente tabla o dos… y cada vez más con cada reinicio sucesivo.
En lugar de esto, los «guardianes del tiempo» mayas empleaban un procedimiento mucho más inteligente y robusto.
La clave está en el número 405
La tabla de eclipses del Códice de Dresde abarca 405 lunaciones (ciclos de luna nueva). Este número, 405, no fue elegido al azar para los eclipses, sino que resultó ser la pieza clave de un rompecabezas calendárico más amplio.
Los mayas utilizaban, entre otros, un calendario sagrado o «adivinatorio» de 260 días. Los investigadores proponen que, originalmente, los astrónomos mayas desarrollaron una tabla lunar general de 405 meses para relacionar el ciclo lunar con este calendario de 260 días. Dentro de esta larga secuencia, el patrón de 405 meses era el primero en alinearse casi perfectamente con un múltiplo de 260 días (11960 días), creando una conexión calendárica profundamente significativa.
Fue dentro de este marco de 405 meses donde, tras varias repeticiones de observar el cielo, los mayas comenzaron a discernir patrones en los intervalos entre eclipses solares observables. La tabla de eclipses nació, por tanto, como una adaptación especializada de un almanaque lunar más general.
La tabla no lista todos los 405 meses, sino 69 fechas específicas de luna nueva, llamadas «estaciones». De estas, 55 fueron diseñadas como fechas en las que un eclipse solar podría ser observable en territorio maya. Estas son las estaciones «reales» o «intencionadas».
Las 14 estaciones restantes son «artificiales». No se esperaba ver eclipses en ellas, ya que la Luna estaba demasiado lejos de la alineación perfecta necesaria. ¿Por qué incluirlas? Su función era puramente estructural: mantener la secuencia de la tabla. Las estaciones de eclipse, tanto reales como artificiales, aparecen en grupos, separados por intervalos de 5, 6, 11 o 17 meses. Las estaciones artificiales actuaban como separadores entre estos grupos, asegurando que la tabla mantuviera su integridad formal y sus conexiones con el calendario de 260 días.
El secreto del reajuste: 358 y 223 meses
El hallazgo más crucial de la investigación es el procedimiento para «reiniciar» la tabla y mantener su precisión a lo largo de los siglos. En lugar de empezar una nueva tabla en el mes 405 de la anterior, los astrónomos mayas la reiniciaban en uno de dos puntos clave dentro de la tabla actual: el mes 358 o el mes 223.
Por qué estos puntos? Porque son las estaciones que, en promedio, se desvían menos del momento exacto en el que el Sol, la Luna y la Tierra se alinean perfectamente (el nodo). El mes 358 se desvía solo unos 2 horas y 20 minutos, mientras que el 223 lo hace en unas 10 horas y 10 minutos.
La estrategia era elegante: la mayoría de las veces, la nueva tabla comenzaba en el mes 358 de la anterior, una corrección mínima. Pero ocasionalmente, para corregir desviaciones acumuladas, el reinicio se hacía en el mes 223, una corrección mayor en la dirección opuesta.
Los autores lo explican así: Este artículo propone que la primera fecha de una nueva tabla usualmente se establecería en el mes 358 de una tabla actual… Este procedimiento también conllevaría que, ocasionalmente, la primera fecha en una tabla sucesora se establecería en el mes 223… para ajustar por las desviaciones que se acumulan gradualmente.
La combinación óptima, según el estudio, era usar cuatro reinicios en el mes 358 por cada reinicio en el mes 223. Este ciclo de 1655 meses (4×358 + 223) equivale a casi 134 años y presenta una desviación promedio de menos de 51 minutos, un margen de error extraordinariamente bajo para una civilización antigua. Este sistema habría mantenido la viabilidad de la tabla indefinidamente.
El estudio también rastrea la historia de la tabla hasta sus orígenes. La evidencia sugiere que un marco precursor pudo haber estado en uso alrededor del 550 d.C., basándose en la acumulación de observaciones de eclipses. Analizando eclipses visibles en la región maya entre el 356 y el 1148 d.C., los investigadores identifican cuatro fechas candidatas para la base de la tabla del Códice de Dresde: 1043, 1076, 1083 y 1116 d.C.
Un legado de asombro y precisión
Tras un análisis detallado, concluyen que las colocaciones más probables son en 1083 o 1116 d.C. Una pista crucial es que, para estas bases, la tabla habría comenzado y terminado con un eclipse solar visible en Yucatán, un evento notable y raro que pudo motivar que esta tabla específica fuera conservada en el códice.
La investigación pinta un cuadro de una tradición astronómica viva y en evolución. Los guardianes del tiempo mayas no eran simples registradores de eventos; eran científicos que construyeron y refinaron modelos predictivos basados en siglos de observación meticulosa. Su herramienta principal no fue el telescopio, sino el calendario, un profundo entendimiento de la aritmética y una paciencia generacional.
El estudio concluye: Este artículo ha proporcionado evidencia para los desarrollos de la teoría lunar entre los especialistas en calendarios mayas desde aproximadamente 350 d.C.. Su trabajo desmonta un error de interpretación de un siglo y nos acerca a comprender la verdadera genialidad de los astrónomos mayas, cuyo asombro por el cielo oscurecido se transformó en uno de los sistemas de predicción más duraderos y precisos del mundo antiguo.
FUENTES
John Justeson, Justin Lowry, The design and reconstructible history of the Mayan eclipse table of the Dresden Codex. Sci. Adv. 11, eadt9039(2025). DOI:10.1126/sciadv.adt9039.
Guillermo Carvajal-La brújula verde.
En nuestra imagen: Páginas del Códice de Dresde. Crédito: Dominio público / Wikimedia Commons.