14/10/2024
El Festival de Cultura del Caribe: Un Espejismo de lo que Fue
En los medios oficiales se ha promocionado lo que llaman el Festival Cultura del Caribe, pero no logro ver el verdadero sentido de cultura caribeña que solíamos celebrar. El Festival de Cultura del Caribe fue una iniciativa pionera del Dr. Miguel Borge Martín, quien con gran visión lo estructuró como un verdadero intercambio cultural entre Quintana Roo y los países del Caribe. Se trataba de un festival con auténtica representatividad, que recorría todos los municipios del estado, desde Cancún hasta Chetumal, ofreciendo a sus habitantes una mirada profunda a nuestras raíces y tradiciones compartidas con los pueblos caribeños.
El Festival no solo era una fiesta de música, como ahora parece ser, sino una plataforma para mostrar la riqueza cultural del Caribe: gastronomía, cine, plástica, santería, y hasta rituales religiosos que causaron controversia, como cuando trajimos muestra de la santería caribeña, lo que casi me costó un enfrentamiento con el arzobispo. Pero todo esto formaba parte de la verdadera esencia de lo que debía ser este festival: un intercambio auténtico y profundo.
Fui directora del Festival de Cultura del Caribe durante cinco años y tuve la fortuna de liderar un proyecto que traía a Quintana Roo a artistas de renombre mundial. Celia Cruz, Tito Puente, Santana, Andy Palacio de Belice, Eddie Santiago, Óscar de León, Wilfrido Vargas, Willie Chirino, Bam Bam de Cuba, el grupo Fascinación de Venezuela, entre otros, fueron parte de este intercambio que hacía vibrar a nuestro estado con la auténtica cultura caribeña. Estos grandes artistas convivían con el talento local, fortaleciendo la identidad de la región.
Sin embargo, más allá de los artistas internacionales, el corazón del festival era su gente. Nunca dejamos de involucrar a los ciudadanos. La gran participación de ellos se manifestaba en los concursos de diseño de nuestros carteles, donde estudiantes y ciudadanos competían para crear la imagen del festival. Era la verdadera fiesta del pueblo de Quintana Roo, no una vacilada. Todos se sentían parte de este gran evento, el cual representaba nuestro orgullo e identidad caribeña.
Recuerdo que cuando Mario Villanueva asumió el gobierno, se enfrentó con Conaculta y contrató una empresa privada para la organización del festival. Yo estuve muy relacionada con esa empresa y aprendí, de la mano de ellos, lo que era realmente llevar un festival de esta magnitud. Durante esos cinco años, el festival vivía la diversidad caribeña: desde la música hasta la gastronomía, pasando por la literatura y el arte grandes conferencias sobre el Caribe. Viajé a países como República, Dominicana, Haití, Cuba, y Jamaica, Puerto Rico, entre otros, para audicionar a los grupos que nos acompañarían. Les pagábamos sus vuelos, hospedaje gratis apoyada por los hoteleros, comidas, y una dieta simbólica para que pudieran llevarse algo de nuestro Quintana Roo. Era un verdadero intercambio.
Ahora, lo que vemos anunciado como un Festival del Caribe no refleja esa trayectoria ni ese espíritu. Quiero suponer que la gobernadora Mara está siendo mal informada sobre lo que realmente es este evento, porque esto no es, ni por asomo, un Festival de Cultura del Caribe. Nos están vendiendo una versión diluida, una imitación que no honra lo que este evento solía ser. El público y los ciudadanos merecen respeto, merecen conocer qué es realmente el Caribe: cómo viven, qué comen, cómo son sus manifestaciones artísticas y culturales. Especialmente en estos tiempos, en los que el Caribe está creciendo como potencia turística, al igual que nuestro estado.
Un buen festival nos recuerda quiénes somos, nos conecta con nuestras raíces y con nuestros vecinos del Caribe, que compartimos más que un mar. Ya sea en la música, en la literatura, o en el cine, había una diversidad que hoy parece haberse perdido en lo que nos están presentando.
Hagan bien las cosas, por favor. No engañen a la gente ni a la gobernadora. El público merece un festival que haga justicia a su nombre y que recorra todos los municipios del estado, como lo hacía antes, llevando la cultura del Caribe a cada rincón de Quintana Roo. No es mucho pedir, solo respeto y autenticidad.