24/02/2026
¿Se le desmorona el poder a Franky Medina? Chichimilá entre el nepotismo, la negligencia y el abandono
En los últimos días, el municipio de Chichimilá ha sido escenario de una serie de acontecimientos que evidencian desorden, improvisación y una preocupante falta de liderazgo. Lo que debería ser una administración enfocada en el bienestar del pueblo, hoy parece tambalearse bajo el peso de decisiones cuestionables y hechos que han causado indignación social.
Hace apenas poco más de dos semanas, se anunció con expectativa un supuesto concurso para elegir a la Reina de la Feria. Sin embargo, el evento nunca se realizó como tal. En su lugar, fue impuesta Rocío Medina Rosado, hija del presidente municipal Francisco Medina Martín (conocido políticamente como Franky Medina), quien además recibió un premio de 10 mil pesos sin competencia alguna. Como si no fuera suficiente, trascendió que la asesoría de imagen para la joven fue cargada al erario público, generando señalamientos de uso indebido de recursos y nepotismo evidente.
Como si la controversia no fuera suficiente, el pasado domingo, durante el evento cultural en el que se presentó Doña Chela —figura esperada dentro del marco de la feria— la reina simplemente brilló por su ausencia. La pregunta es inevitable: si fue impuesta para representar al pueblo, ¿por qué no cumple con estar presente en los eventos oficiales? ¿Para qué se designa una representación que no representa?
El 14 de febrero, durante el tradicional convite, otro hecho encendió las críticas: el hijo del alcalde fue señalado por conducir presuntamente en estado de ebriedad, acompañado de familiares, y protagonizar un choque por alcance contra un vehículo particular. Aunque no hubo consecuencias mayores, el mensaje que queda es preocupante: ¿dónde está la responsabilidad y el ejemplo que debe emanar desde el Ayuntamiento?
Durante la vaquería, la recién nombrada reina olvidó su discurso y mostró desconocimiento incluso de la lengua maya, en una tierra profundamente orgullosa de su identidad. Chichimilá no es cualquier municipio: es tierra de mayeros, cuna histórica vinculada a Manuel Antonio Ay, figura emblemática de la resistencia durante la Guerra de Castas. La falta de preparación cultural en quien representa la feria no pasó desapercibida entre la población.
El concurso de jarana también fue objeto de críticas por presunto favoritismo, dejando dudas sobre la transparencia y el respeto a las tradiciones que deberían enaltecese, no politizarse.
Pero la situación fue más allá del ámbito festivo. El pasado 23 de febrero, en la autopista Valladolid–Mérida, a la altura de Pisté, la ambulancia del municipio se incendió aparentemente por falta de mantenimiento. Afortunadamente no hubo pérdidas humanas, pero el hecho exhibe descuido en servicios básicos y prioritarios para la ciudadanía.
Ese mismo día, se registró un estallido de violencia en una escuela de la comunidad de Dzitox, encendiendo alertas sobre el clima social y la falta de atención institucional.
En cuestión de días, los hechos se acumulan: crecimiento del clandestinaje, percepción de ausencia de autoridad, desorden en eventos públicos, favoritismo y cuestionamientos sobre el manejo de recursos. Para muchos ciudadanos, Chichimilá hoy luce como un municipio sin rumbo claro, donde pareciera que no hay presidente municipal al frente, o donde las prioridades están lejos de las verdaderas necesidades del pueblo.
Si este es el cierre de una administración que sería su último periodo al frente del Ayuntamiento, la pregunta que flota en el ambiente es inevitable: ¿se gobierna para servir o para aprovechar lo que queda en las arcas municipales?
La ciudadanía observa, cuestiona y comienza a perder la paciencia. Porque cuando un pueblo siente que no hay conducción firme, lo que se desmorona no es solo una administración… es la confianza pública.