01/07/2024
De pronto, si se viaja por la Tecnológico a la altura del Parque Central, el semáforo de la Teófilo Borunda nos hace detener el trayecto y desviar la vista por un momento, nos hace contemplar la efigie de una persona que se presume griega por la vestimenta que porta, ademas de un cayado y una lámpara. De entre las figuras principales de la Filosofía Griega, la mente empieza a barajar nombres, pero no acierta en el auxilio de reconocer al anciano, que no es Sócrates, Platón o Aristóteles, menos a Hipócrates, padre de la medicina, a Heródoto padre de la história, Pitágoras Padre de las matemáticas, a Demóstenes elocuente orador, o a Heráclito Padre de la Dialéctica (la busqueda de ideas opuestas para generar conocimiento). Más honor le concedió el Ingeniero Gustavo Elizondo al erigirle a Diógenes de Sinople una estatua encima de un pedestal, siendo que este filósofo nunca buscó el reconocimiento de nadie, incluso ni el de el gran Alejandro Magno, que cuando lo tuvo frente a él y con el ruego que le pidiera cualquier cosa que al instante se le concedería , su única petición fue que se moviera ya que estaba interrumpiendo su baño de sol. Entonces, en lugar de estar en lo alto, él hubiera preferido estar a ras del suelo, representando su frugalidad viviendo en un tonel a lado de un perro, ya que decía que entre más posesiones tuviera el individuo menos libre sería, que por cierto, de lo único que era dueño se encontraba la ropa que vestía, un bastón y anteriormente un cuenco para el agua, el cual eliminó al ver como un niño tomaba agua con solo sus manos. El escultor Juan Carlos Canfield le añadió una lámpara que usaba para buscar hombres tan libres como él, la historia no nos dice si alguna vez lo encontró.