04/09/2026
¡𝗖𝗮𝘆𝗼́ 𝗹𝗮 𝘃𝗼𝗹𝗮𝗱𝗼𝗿𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗠𝗼𝗻𝘁𝗮𝗻̃𝗮! 𝗹𝗲𝘀 𝗮𝗴𝗮𝗿𝗿𝗮𝗿𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝘁𝗶𝗿𝗮 𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝘁𝗶𝗿𝗮𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗮𝗻𝗱𝗮𝗿 𝗱𝗲 𝗽𝗶𝗰𝘂𝗱𝗼𝘀
¡Ay, mi valedores y de barrio bravo! Se les arrugó el chiquihuite a varios que se sentían muy bravos allá en lo alto de la de . Resulta que este jueves, bien tempranito, cuando apenas andaba saliendo el sol y los gallos afinaban para dar su cantico, se armó la gorda en , y . Les cayó nada menos que la voladora, ¡la mera crema de la tropa federal! La , la , los guachos y toda la bola de la comitiva llegaron sin avisar, como abono en quincena, y le entraron hasta el fondo a las instalaciones de la policía municipal.
¡Virgen de la panocha prieta, les arrimaron un sustote que hasta la chancla tiraron! Y es que estos muchachos, que según estaban para cuidar y poner orden, terminaron saliendo más largos que las excusas de mi tía Abe ¡Saz! Que les caen en chinga de manera simultánea y que empieza la repartidera de pulseras de acero (esposas para los de baja compresión lectora). Dicen las malas lenguas porque las buenas ya no tienen dientes, que cayeron más de diez elementos a los que les gusta agarrar’ de todo menos la manguera para apagar incendios.
A los meros jefazos y a la tropa de los alcaldes , y se les aflojó el masticable cuando vieron tanto uniforme junto. ¿Querían sentir la macana? ¡Abran paso que ahí les va el garrote de la Ley gritaban los guachos bien truchas!
Pero no crean que todo es desgracia y chisme de lavadero, mis compas. La neta del planeta es que esto nos deja un sabor bien sabroso y una luz al final del túnel. Ya era hora de que a la gente buena de nuestra querida Montaña le dieran un respiro. Da un gustazo enorme ver que las cosas están cambiando y que las instituciones se están poniendo las pilas para limpiar la casa desde adentro. Saber que los verdaderos guardianes del orden vienen a poner orden nos llena el pecho de esperanza, demostrando que no estamos solos y que se vienen tiempos mejores, más tranquilos y de paz para todas las familias de la región.
Porque, a ver, mi gente bonita, memorícense esta lección de vida, el que la hace, tarde o temprano la paga, no hay de otra. No importa qué tan arriba andes bailando, qué tan pesado te sientas, ni qué tan alta y empinada esté la montaña donde te vayas a esconder; tarde que temprano la justicia te alcanza, te agarra bien despeinado y te acomoda las ideas.
Así que compartan este lecciones que a más de uno le va a caer como anillo al dedo, antes de que le caiga mi dedo en su mero anillo.