Crece Cuautitlán

Crece Cuautitlán Esplendoroso lugar en el valle de México, pionero de acontecimientos históricos para y el Guadalupanismo. solo uno.
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La restauración del templo de la tercera orden dentro de catedral.
05/05/2026

La restauración del templo de la tercera orden dentro de catedral.

100 AÑOS DE HISTORIA CLUB DEPORTIVO CUAUTITLÁN “El Charro” Ordoñez, símbolo de orgullo, carácter y tradición.En los oríg...
20/04/2026

100 AÑOS DE HISTORIA

CLUB DEPORTIVO CUAUTITLÁN

“El Charro” Ordoñez, símbolo de orgullo, carácter y tradición.

En los orígenes del Club Deportivo Cuautitlán hay figuras que no solo participaron… sino que le dieron sentido a todo lo que vendría después. Una de ellas es la de Benjamin Ordoñez, conocido por todos como “El Charro”.

Su apodo no era solo un sobrenombre, era una forma de describir quién era. “El Charro” representaba carácter, orgullo y una identidad profundamente arraigada a sus raíces. En una época donde el fútbol apenas comenzaba a tomar forma en Cuautitlán, él ya entendía que no se trataba solo de jugar… sino de construir algo que pudiera permanecer.

Formar parte de la fundación del club en 1926 no fue un hecho menor. Era una decisión que implicaba compromiso, visión y, sobre todo, pasión. Junto a otros pilares, “El Charro” Ordoñez ayudó a transformar una idea en una realidad que, con el paso de los años, se convertiría en símbolo de identidad para toda una comunidad.

Semana Santa en Cuautitlán Óleo sobre tela con marco de madera y aplicaciones de hoja de oro, se observa a una multitud ...
03/04/2026

Semana Santa en Cuautitlán

Óleo sobre tela con marco de madera y aplicaciones de hoja de oro, se observa a una multitud en la procesión que camina detrás de los santos que llevan en hombros, del lado derecho un fraile con la mano derecha extendida y bajo de él un indígena tocando una trompeta. Hay un grupo de personas escuchando al fraile, al centro y en primer plano una mujer que toma por el hombro a un hombre que lo escucha con atención, la mujer tiene la vista hacia el frente con el rostro ligeramente inclinado a su lado izquierdo, del lado derecho personas a caballo y un indígena con una máscara que toca el tambor, una pequeña columna con una cruz donde hay un grupo de gente que observa la procesión, al fondo el pueblo de Cuauhtitlan.

Truenos Cuautitlán Filial del equipo de primera división necaxa años 98-99, Primera división"A".Jugaban en el l estadio ...
01/04/2026

Truenos Cuautitlán

Filial del equipo de primera división necaxa años 98-99, Primera división"A".

Jugaban en el l estadio municipal los pinos 🌲

16/03/2026

Murió en el mes de marzo y la noticia era contada por los y todo el país

El Profesor cuyo nombre real era Francisco Xavier Chapa del Bosque, era un famoso , y en la década de 1970, en esos años era conocido por sus actos de fuerza y hipnotismo. Se dice que también entrenó a los famosos halcones del Halconazo

Murió el 10 de marzo de 1972 durante una presentación pública en a los 31 años de edad.

Su deceso ocurrió mientras realizaba un acto colgado de una cuerda atada a un . Inicialmente, todo parecía parte del espectáculo, pero Zovek perdió el control, se deslizó por la cuerda y cayó desde una altura aproximada de 15 metros, impactando directamente contra el suelo cerca de la colonia

A pesar de los esfuerzos médicos falleció debido a múltiples fracturas en el cráneo, tórax y otras partes del cuerpo.

Te invitamos a una charla que nos llevará directo a los años 60 y 70: al origen del rock local, la experiencia de Avánda...
26/02/2026

Te invitamos a una charla que nos llevará directo a los años 60 y 70: al origen del rock local, la experiencia de Avándaro vista desde nuestra tierra y esa juventud desenfrenada que cambió para siempre el sonido y la actitud de un municipio entero.
Anécdotas, memoria viva, guitarras, rebeldía y el eco de una generación que tocó fuerte y con mucha actitud.
Nos vemos en “Guitarras Tierra Adentro”
Porque el rock de Cuautitlán tiene historia… y se tiene que contar.

Un viejo mapa del valle de   donde se aprecian los lagos de que lo conformaban así como los volcanes.Si amplían la image...
25/02/2026

Un viejo mapa del valle de donde se aprecian los lagos de que lo conformaban así como los volcanes.

Si amplían la imagen podrán ver su y municipios vecinos como entre otros eran considerados puntos de referencia y lugares de asentamiento de población y tributo.

𝐂𝐑𝐔𝐙 𝐀𝐓𝐑𝐈𝐀𝐋, 𝐏𝐑𝐈𝐍𝐂𝐈𝐏𝐈𝐎𝐒 𝐃𝐄𝐋 𝐒𝐈𝐆𝐋𝐎 𝐗𝐗Esta fotografía restaurada con tecnología actual muestra la cruz central del parque ...
11/02/2026

𝐂𝐑𝐔𝐙 𝐀𝐓𝐑𝐈𝐀𝐋, 𝐏𝐑𝐈𝐍𝐂𝐈𝐏𝐈𝐎𝐒 𝐃𝐄𝐋 𝐒𝐈𝐆𝐋𝐎 𝐗𝐗

Esta fotografía restaurada con tecnología actual muestra la cruz central del parque Wenceslao Labra actualmente parque de la cruz junto al emblemático fresno que existió antes de las canchas de frontón, juegos infantiles y bancas actuales. En aquellos años también ya existían entierros cristianos a falta de panteones municipales.

Así era el viejo

08/02/2026

¿Sintieron el sismo?

El día de la candelariaEl 2 de febrero se cierra el ciclo de las fiestas navideñas, al celebrarse el Día de la Virgen de...
02/02/2026

El día de la candelaria

El 2 de febrero se cierra el ciclo de las fiestas navideñas, al celebrarse el Día de la Virgen de la Candelaria, conmemora la presentación del Niño Jesús en el templo y la purificación de la Virgen María (de ahí las candelas o velas: símbolo de luz y bendición). Visto con serenidad, debería ser sencillo: un día solemne, tranquilo; la misa, una veladora encendida y cada quien para su casa. Pero en México —que todo lo volvemos pachanga y pretexto para la “sana” convivencia— se convierte en un hito y, de paso, en una prueba real: física, moral, gastronómica y de mucha creatividad.
Una de las cosas que más emociona de esta fecha es el pase de lista afectivo: saludar al compadre y a la comadre, al tío y a la tía, al primo, la prima, el sobrino, la sobrina, el ahijado, el perro, el gato, el entenado; posar para la foto obligatoria; morder el tamal que te quema la lengua porque viene recién salidito del bote; empinarte el atole de chocolate o de cajeta… y rematar con el chisme imprescindible para ponernos al día de todo lo que ha pasado en la comunidad.
En La Laguna, San Mateo Ixtacalco, Cuautitlán, esta festividad se celebra desde el 1 de febrero con una misa a las 2:00 de la tarde. Más adelante, la celebración se pone en modo “nocturno” con la misa estelar de las 11:00 de la noche y, a media noche, se le cantan Las Mañanitas a la Virgen de la Candelaria en un pequeño templo construido gracias a un donante de la comunidad. Y el 2 de febrero, la misa vuelve a celebrarse a las 2:00 de la tarde. Para esta fiesta se invita a comunidades aledañas, para que se sumen y vengan a disfrutar de tan alegre convivencia.
La fiesta de la Candelaria tiene la virtud de que uno puede participar incluso sin querer. Basta con haber sacado muñeco en la Rosca de Reyes —un acto que evoca el compromiso y el honor festivo del desafortunado que apenas va a llegar a la quincena rayando, después de una ardua cuesta de enero—, pues se va a tener que “mochar” con los tamales. En La Laguna, San Mateo Ixtacalco, se acostumbra que, saliendo de misa, los organizadores regalen los tamales. Pero para todos los ciudadanos de a pie que lo celebran bajo el compromiso firmado ante la presencia del interventor oficial de la palomilla, la familia tiene, sí o sí, que llevar la tamaliza; de lo contrario, está en riesgo de que la “excomulguen” de la convivencia y la conviertan en el villano oficial de la colonia, con la misma eficiencia con que a cualquiera lo convierten en “el que se cree mucho”.
La misa, como toda celebración religiosa, se sostiene en la solemnidad y en su motivo: estar ahí, juntos, recordando la luz y la bendición que representa la Candelaria. Pero también tiene ese orden profundamente humano que nos acomoda: una coreografía llena de paz. Uno se levanta, se hinca y se persigna como diciendo: “Diosito, aquí estoy; muchas gracias por echarme tanto la mano en la chamba, en la salud… gracias, vales mil”. Porque entre la gente hay de todo: quienes llegan con compromiso responsable, con una fe viva y sincera, con devoción limpia y esperanza puesta en lo alto; y quienes van nomás cumpliendo… y también están los que, entre dientes, mascullan: “a ver a qué hora salimos”. Uno entra con actitud sobria, aunque por dentro venga con el ruido del día, con pendientes, con cansancio, con la cabeza hecha n**o.
Se prenden las velas con el cuidado de quien sostiene un símbolo sagrado… y también con el miedo práctico de chamuscarle el suéter o el pelo al de enfrente, que siempre se para demasiado cerca, porque ya para ese entonces el templo está abarrotado de feligreses.
Pero también, como toda misa, es ese rato en el que uno —aunque llegue con el alma toda arrugada— pone su voluntad y su paz para tratar de ser mejor persona: mejor cristiano, mejor padre, hijo, esposo, esposa, novio, novia; mejor estudiante y mejor trabajador. Y eso aunque uno se aviente los “San Lunes” como si fueran tradición litúrgica; aunque ya haya desistido de los propósitos de Año Nuevo: la dieta keto que duró lo que dura un amén, ir al gimnasio porque estas llantitas no son gordura sino la felicidad que a uno se le está saliendo, o pagar a tiempo la tanda (que ahí sí, Dios aprieta, pero la comadre también).
Porque al final, la misa es eso: un intento decente —a veces torpe, a veces sincero— de volver a acomodarse por dentro.
Luego está el Niño Dios, esa pequeña figura que inspira ternura y devoción; y que, en la práctica, mueve toda una industria de textiles, escultura y modelado para su tuneo santo, con atuendos que van desde “angelito” hasta “edición especial con piel morenita”. Hay Niños Dios vestidos de doctor, de policía, de futbolista, de charro, de lo que sea, porque el sincretismo popular no tiene límites: si el Niño puede ser “el que cura” o “el que arresta”, ¿cómo no va a poder ser “el que simboliza la mexicanidad precuauhtémica”? De hecho, si uno observa con atención, toda la ceremonia parece organizada para que, al final, el verdadero milagro sea la creatividad.
La segunda parte de la festividad es el tamal, que es, básicamente, una barra energética artesanal: carbohidratos de liberación lenta (masa), proteína opcional y envoltorio eco-friendly, 100% compostable (hoja de maíz o de plátano), que además de calmar la tripa define alianzas, venganzas y jerarquías. El tamal es la evidencia oficial de quién cumplió y quién se hizo el desaparecido. El que pagó tamales llega con su cara de mártir —no del Calvario, sino del mercado— y hace cuentas con los ojos: “A ver, tú sí viniste… tú también… tú nada más vienes cuando hay gratis… tú te llevaste doce el año pasado…”. Porque aquí la memoria es selectiva: uno olvida lo que debe, pero recuerda perfectamente cuántos tamales se comió el cuñado cuando “nomás iba por uno”.
Y aquí, en La Laguna, además, aunque a muchos les “toque” por lo del muñequito, la realidad comunitaria es otra: la tamaliza la ponen los organizadores o mayordomos, y no escatiman en variedad. Hay tamales de verde, de mole, de dulce, de rajas y cuanta combinación excéntrica existe hoy en otras demarcaciones: desde los de Oreo, Gansito, Chocotorro o Nutella, hasta opciones saladas inusuales, como hamburguesa, pastor, cochinita pibil con espuma de papa, chapulines o incluso tinta de calamar. Y, para echarse el empujón, hay atole de chocolate, de cajeta, fresa, vainilla, guayaba, nuez, coco, arroz, avena, café, galleta, y el atole blanco —de masa o café de olla—… y ya en casos especiales, cuando hay poco presupuesto y el tiempo no perdona: café soluble.
Hay un momento solemne en la mesa: el primer bocado. Uno muerde con cuidado, porque el tamal tiene esa cualidad de ser inocente por fuera y lava volcánica por dentro. El niño chilla, el tío se ríe, y la tía recomienda soplarle: “Sóplele con ganas, que el tamal no se come a lo valiente”. Y el atole, que debería calmar, llega con su propia agenda: te endulza la boca para que hables de más. Por eso el atole es peligroso: te serena y relaja, pero también abre la confianza y desata confesiones. Es la bebida oficial no alcohólica del “no te iba a decir, pero…”.
La convivencia es la parte más elocuente: cada quien vive el ritual cristiano a su modo. Y la plática avanza lenta y contenta: empieza con “qué bonita la misa, el nuevo padre es bien alegre” y se va abriendo en ramitas. Sale el “¿y tu mamá cómo sigue de la rodilla?”, el “ya mero se vienen los ventarrones: febrero loco y marzo otro poco”, el “esa milpa sí se ve tupida”, el “tu niño ya pegó el estirón: ya parece espantapájaros”, y el “pos ahí la llevamos, con el favor de Dios”.
También hay, por supuesto, el episodio de la organización: la persona que intenta imponer orden. “A ver, primero los niños”, dice alguien, y entonces los adultos se abalanzan con una violencia discreta. Se oyen frases como: “Agarra otro, hay un buen”, que es la mentira más usada en eventos comunitarios. Siempre hay “un buen” hasta que uno se sirve; en ese instante, misteriosamente, ya no hay.
Al final del día, uno vuelve a casa con olor a comida, a anafre y a iglesia; con la lengua medio quemada, con el estómago contento y con una certeza: el 2 de febrero es la fecha en que México demuestra su gran especialidad nacional, que no es la organización, ni la puntualidad, ni la moderación, sino convertir cualquier cosa —un muñeco de plástico, una vela y un tamal— en un acontecimiento social de mínimo tres horas, con segunda ronda, sobremesa y sentencias de comadre certificadas.
La Candelaria se festeja humildemente, pero con una fuerza de fe y fraternidad: una luz pequeña que alcanza para reunirnos, dar gracias y volver a casa un poco más tranquilos… y bien comidos.

Eduardo Salvatori, cronisma municipal de cuautitlán.

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