Ing. Soledad Solís Córdova

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Ing. Soledad Solís Córdova “Yo sueño con un mundo de luces solamente..” ❤️‍🔥

30/08/2026
28/08/2026

EL DECLIVE DE ESTADOS UNIDOS, EL DÓLAR
Y LA SOBREVIVENCIA DEL GÉNERO HUMANO

Omar Carreón Abud

El papel moneda no es más que un representante de alguna o algunas mercancías con valor, es decir, objetos útiles y con tiempo de trabajo incorporado. Durante muchos años y para muchos papeles moneda en el mundo, la mercancía predilecta para respaldarlo y hacer que el público lo aceptara y hasta no pocas veces, lo atesorara, fue el oro. En poco volumen concentraba mucho valor, era transportable, duradero y se podía fragmentar físicamente para representar, según las necesidades, menos valor. En el caso del dólar, el papel moneda más fuerte e importante del mundo, el oro que lo avalaba estaba celosamente guardado (o al menos así se hacía creer hasta no hace mucho) en una fortaleza escrupulosamente vigilada por equipos y personal militar en un lugar del estado de Kentucky que se llama Fort Knox.
Los intercambios de mercancías, materias primas, maquinaria, equipo y bienes terminados, así como la venta y compra de servicios, con el tiempo fueron creciendo en proporciones descomunales.

La cantidad de dólares en circulación que posibilitaba esos flujos constantes tuvo que crecer también hasta que la diferencia entre el papel moneda en circulación y el oro efectivamente almacenado que validaba las transacciones su volvió abismal. Ya nada tenía que ver el uno con el otro. La situación se volvió más complicada porque en los hechos, ninguna autoridad regulaba la impresión de ese papel moneda denominado dólar que llegó a imprimirse para pagar los intereses y el principal de las deudas que contraía el gigantesco aparato estatal norteamericano, principalmente por sus monstruosos gastos militares.

El 15 de agosto de 1971, el presidente Richard Nixon le anunció al mundo un paquete de medidas que trasformaron radicalmente el sistema monetario que hasta entonces existía. Este sistema se había adoptado en julio de 1944 en una reunión celebrada en Bretton Woods, New Hampshire, en Estados Unidos, que ya se perfilaba como el máximo beneficiario económico de la agresión de las hordas hitlerianas a Europa y, sobre todo, a la Unión Soviética. En esa famosa reunión de 44 países se acordó esencialmente que el valor de todas sus monedas se fijaba -ya no con relación al oro guardado por cada uno de ellos en sus bóvedas o bancos- sino con relación al dólar estadounidense y este a su vez, sería convertible en oro a razón de 35 dólares por onza.

Mientras Estados Unidos poseyó las mayores reservas de oro en el mundo se mantuvo la creencia de que su dominación y la consecuente dependencia de casi todo el mundo, tenían respaldo. Pero sucedió que en mayo de 1971, Estados Unidos registró su primer déficit comercial del siglo, es decir, compró (con dólares por supuesto) más de lo que vendió; el gasto en la guerra de Vietnam había ya inundado al mundo de dólares (impresos sin respaldo de oro) y, por tanto, el oro guardado ya no podía respaldar el dólar a 35 dólares la onza lo que hacía que el dólar estuviera sobrevaluado. En pocas y resumidas palabras, ya no tenía fuerza, ya no valía lo que decían que valía.

Todo ello explica que el presidente Richard Nixon se viera obligado a anunciar al mundo que el dólar ya no se podría convertir en oro y en adelante sería una moneda fiduciaria (fides, fe o confianza) que se usaba por la fuerza de la economía de Estados Unidos. Pero desde entonces esa fuerza descomunal no ha dejado de declinar. Estados Unidos ha tenido una balanza comercial negativa desde 1976, de fábrica y vendedor del mundo, se ha convertido en el gran comprador. Ahora, con la fallida guerra contra Irán, ha vuelto a saltar la cruda realidad. Estados Unidos sostenía el poder del dólar obligando a países productores de petróleo, sobre todo del Medio Oriente, a venderle su petróleo y a aceptar el pago siempre en dólares, impuso el petrodólar, que mantiene así su fuerza y su hegemonía en el mundo. Sólo que esos países que sufrieron entre otros daños, la destrucción por parte de Irán que se defendía, de las bases militares estadounidenses que supuestamente les daban seguridad, se han estado volviendo cada vez más renuentes a seguir siendo “protegidos” de Estados Unidos. El dólar fudiciario está ahora más amenazado que antes.

Pero no es todo. Estados Unidos tiene una deuda monumental. Apenas se anunció que alcanzó un nivel preocupante: superó los 40 billones de dólares. Más impresionante todavía es el hecho de que en el año 2000 la deuda pública de Estados Unidos ascendía a 6 billones de dólares que como se ve, se ha multiplicado casi por siete como consecuencia de guerras interminables que tienen como uno de sus propósitos fundamentales consumir las mercancías para la guerra que producen las grandes empresas capitalistas, fenómeno que se combina con los grandes recortes fiscales para la élite empresarial para cuidar y aumentar sus fabulosas utilidades. En Estados Unidos existe un Estado que sirve celosa y eficientemente al gran capital, mientras que las deudas que contrae un día sí y otro también pasan a engrosar los retrasos cargados en última instancia a la cuenta de la clase trabajadora.

El pago de los intereses por estos adeudos vencidos asciende a un billón de dólares cada año… y sigue creciendo. Ello implica, evidentemente, menos dinero para obras y servicios para la población, menos tratamientos médicos, menos educación, menos carreteras y puentes y menos dinero para los alimentos gratuitos para la población más pobre que en 2025 tuvo un promedio mensual de 42.1 millones de personas y en enero de 2026 se calculó que sólo alcanzaba para 38.6 millones. Aumenta la pobreza de los más pobres.
Parece que hay muchas guerras. En Ucrania que no es más que una agresión a Rusia por parte de Estados Unidos y los países capitalistas; en la Franja de Gaza que no es más que una modalidad de genocidio por parte de Israel y Estados Unidos contra el pueblo palestino practicamente desarmado; en Líbano que no es más que otra etapa del sueño de enfermos por parte de los sionistas para tener un gran Israel; en Irán y buena parte del Medio Oriente, en el Pacífico sur amagando a China y en otras partes de mundo. Pero nadie debería engañarse, no son muchas guerras, es una sola guerra, la guerra del imperialismo de siempre por su expansión y consolidación que ahora toma la forma de una guerra de sobrevivencia contra la clase trabajadora del mundo.

El alfa y el omega de la muy mentada producción capitalista es la producción de plusvalía que consiste en aprovechar el hecho de que una gran parte de la humanidad no tiene en su propiedad medios para la producción, mientras que una exigua minoría es la propietaria de ellos, de las materias primas y de los recursos naturales, de la maquinaria, la tecnología y hasta de los conocimientos exclusivos y secretos para transformar la naturaleza. Esta situación, que cuando se conoce, echa por tierra toda la palabrería sobre los derechos humanos, la justicia, la inclusión, el igualitarismo y otras zarandajas similares, obliga a la inmensa mayoría de los desdichados seres humanos a vender su fuerza de trabajo que es el único que poseen para sobrevivir.

En este pretendido libérrimo contrato, trabajo forzado este sí, entre supuestos iguales, se le paga al trabajador lo que necesita para vivir -porque vive vendiendo su fuerza de trabajo 30 o 40 años y no pocas veces más- pero, nunca, jamás, un equivalente a lo que produce. Los datos disponibles de lo que cobra el obrero comparados con el valor que produce son de escándalo, hasta en unos cuantos segundos produce un equivalente a su salario diario. Ello nos explica sin lugar a dudas que al capitalista, mientras eche a andar el mecanismo y pueda vender los resultados, no le interesa producir medicamentos o drones mortíferos, produce para producir plusvalía.

Si bien es cierto que una minoría de la sociedad posee los medios de producción, los posee como clase, lo que significa que cada uno de sus miembros puede disponer de los que ya tiene, pero tiene la obligación ineludible de renovarlos y de comprar aquellos que no tiene en propiedad y, para todo ello, necesita dinero, el dólar que se ha convertido en la moneda universal. Sólo que con el debilitamiento ya descrito de la economía norteamericana, la cantidad de los que están dispuestos a tener fe en una moneda fiduciaria se reduce irremediablemente. El otrora ominipotente dólar se debilita y se hace necesario apuntalarlo con la fuerza para que circule y echar mano de la misma para devorar recursos naturales y rutas para las cadenas productivas. El debilitamiento de la economía norteamericana y su moneda, explican la base de la guerra en curso y, terriblemente, advierten sobre la posibilidad de que se convierta en la última guerra que se libra en el planeta tierra.

28/08/2026
19/08/2026

|| Fidel Alejandro Castro Ruz

Brasil Acosta

Nació en Birán, provincia de Holguín y municipio de Cueto, Cuba, el 13 de agosto de 1926, en punto de las dos de la madrugada y, en este año 2026, su natalicio cumple 100 años. Fue hijo del terrateniente y hacendado gallego Ángel Castro Argis y de Lina Ruz González, oriunda de Pinar del Río, Cuba, quien trabajó como cocinera y ama de llaves en la finca de quien después sería su marido. No sufrieron privaciones graves y la libertad intelectual y personal de don Ángel permitió a Fidel convivir con los trabajadores de la hacienda de su padre y, por tal motivo, tuvo trato directo con los hijos de los trabajadores nativos de todas las razas y colores, a quienes trataba como hermanos; también convivió con los inmigrados haitianos, a quienes les tenía especial afecto por su tenacidad, trabajo y esfuerzo.

Cursó los estudios primarios en Birán y en Santiago de Cuba. Desde pequeño mostró dos cualidades, según la biografía de Katiuska Blanco Castiñeira, la rebeldía y la capacidad intelectual o la inquietud por el estudio. Cuando los maestros explicaban, con dedicación y eros pedagógico, los fenómenos de la realidad, ponía especial atención y destacaba por sus dones; cuando no, hasta lanzó piedras al tejado de su escuela en señal de protesta por los malos tratos.

En el Colegio de Belén de los Jesuitas, en La Habana, destacó como alumno, basquetbolista, futbolista y excursionista. Asistió a la Universidad de La Habana, a la Escuela de Derecho donde rápido se convirtió en líder estudiantil: fue delegado de curso, presidió el Comité Pro-Democracia Dominicana dentro de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) y participó en delegaciones estudiantiles internacionales. Fidel declaró: “aquí me hice revolucionario… aquí en la Universidad y en la Escuela de Derecho me convertí al marxismo-leninismo” y fue ahí donde comenzó su peregrinar como revolucionario. Fidel obsequió libros valiosos a su hermano Raúl. El primero que le dio a leer fue El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Engels, además del Manifiesto del Partido Comunista, La guerra civil en Francia y El 18 Brumario de Luis Bonaparte, de Marx; y de Lenin, el ¿Qué hacer?

Fidel había aprendido a usar las armas en la hacienda de su padre, quien no le impedía de ningún modo su formación profesional, sin pensar en la utilidad que esas enseñanzas tendrían para el futuro revolucionario; esta permisividad fue una aportación del padre de Fidel a la Revolución. Fidel perteneció al partido Ortodoxo y notó que le faltaba consecuencia y formó, como si dijéramos, el ala izquierda de dicha organización. Más tarde concluyó que sólo le quedaba el camino de la lucha armada e inició todos los preparativos para emprenderla.

Fulgencio Batista tomó el poder mediante un golpe de Estado en 1952 con apoyo de los norteamericanos. Los revolucionarios seguidores de Fidel formaron células clandestinas; se consiguieron uniformes militares del ejército de Batista para no generar sospechas; fue en la Granjita Siboney, cercana a Santiago de Cuba, la finca donde se refugiaron para preparar el asalto; el movimiento se financió con aportaciones de los participantes. Con muchísima discreción se preparó el asalto al Cuartel Moncada y el Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. En estas acciones simultáneas participaron 160 revolucionarios el 26 de julio de 1953; a la cabeza iban Fidel Castro, Abel Santamaría, Raúl Castro, Renato Guitart, Lester Rodríguez, Antonio “Ñico” López y Pedro Aguilera.

El asalto fue un intento fallido en el que hubo detenciones, torturas y asesinatos por parte de la dictadura de Batista. Sin embargo, ante la detención de Fidel, su defensa fue determinante como mecanismo propagandístico porque se exhibieron las atrocidades cometidas por la dictadura de Batista contra los detenidos. El ejemplo de la ignominia fue la muerte de 70 revolucionarios, entre ellos Abel Santamaría; y por ello Fidel cerró su defensa con la siguiente frase: “En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no lo ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no le temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a 70 hermanos míos. Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

Siendo preso por el asalto al Cuartel Moncada, el joven Fidel subrayó en la biografía de Magallanes, escrita por Stephan Zweig, la siguiente frase: “Nada hay más excelente que una verdad que parece inverosímil”. Nadie imaginaría que seis años más tarde se consumaría una de esas verdades que parece inverosímil: la Revolución Cubana.

Ante las presiones de la prensa nacional e internacional por las atrocidades cometidas por la Dictadura, fue necesario el exilio de los revolucionarios y Fidel decidió ir a México. ¿Por qué a México? “Fidel eligió México como lugar de destino por su cercanía geográfica, pero fundamentalmente también por la tradición histórica de relaciones entre las Revoluciones cubana y mexicana desde la época de las luchas por la independencia… José Martí y Julio Antonio Mella hallaron acogida en la nación hermana” (Katiuska Blanco, Fidel, Biografía)

En 1956, en México, fueron detenidos Fidel Castro Ruz, Ernesto Ché Guevara y una veintena de revolucionarios. Solicitaron la intervención de Lázaro Cárdenas, quien lo hizo personalmente con Adolfo Ruiz Cortines, presidente de México y con Ángel Carvajal, Secretario de Gobernación. Con la libertad recuperada, aceleraron el proceso clandestino de los preparativos de la Revolución; y el 25 de noviembre de 1956, 82 expedicionarios zarparon desde el puerto de Tuxpan, Veracruz, a bordo del yate Granma hacia la Sierra Maestra, como etapa crucial de la Revolución Cubana.

Según los reportes de inteligencia de Batista, fueron recibidos con ataques y emboscadas. Entre 19 y 22 lograron sobrevivir y “12 hombres fueron el núcleo central”. Sin desanimarse, se reagruparon y aquí radica la clave fundamental para el triunfo de la Revolución: el apoyo popular. Tanto en el campo como en la ciudad, el Movimiento 26 de julio poseía gran simpatía. El actor principal de estos cambios sociales fue el pueblo, quien refugió, alimentó, cuidó y guio a los revolucionarios en la selva y en la ciudad con la participación del pueblo trabajador mediante huelgas y lucha urbana. Esa decisión y lucha del pueblo, al frente del cual estaban sus líderes también decididos, abrieron el camino a la Revolución.

La madre de Fidel, doña Lina Ruz, reveló alguna vez: “sufro como sufren las madres de los soldados y de los revolucionarios, pero si ellos, Fidel y Raúl, deben morir, quiero que lo hagan dignamente”.

“Fidel sintió la imperiosa necesidad de rendir homenaje a los mártires de las guerras por la independencia. Intuía el momento sublime cuando sería posible que los sueños de los próceres de más de cien años de lucha se hicieran realidad”. (Katiuska Blanco, Fidel, Biografía). El jueves primero de enero de 1959 triunfó la Revolución Cubana. El Movimiento Antorchista Nacional reconoce, a 100 años de su natalicio, a Fidel Alejandro Castro Ruz, un líder que, junto al pueblo, cometió la osadía de regir sus destinos contra el yugo del capital y del imperialismo norteamericano. No le perdonan a Fidel esa osadía; pero la historia ya le absolvió, pues el pueblo cubano sigue firme y los revolucionarios de la Tierra recuerdan a Fidel y siguen su ejemplo, ¡Hasta la victoria siempre! ¡Venceremos!

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