05/10/2026
¿Quién nos enseña la crueldad?
Por Redacción Nota Antropológica
La antropóloga Rita Segato advierte que el aumento de leyes, derechos e instituciones no ha impedido que la violencia contra las mujeres continúe creciendo. En una clase dictada en 2016, la investigadora analiza las prácticas cotidianas que contribuyen a naturalizar esa violencia y las define como “pedagogías de la crueldad”.
Segato sostiene que pensar no es un acto individual. Para ella, el pensamiento surge del intercambio y de la capacidad de escuchar las preguntas de otras personas. Incluso una clase o una conferencia, explica, está atravesada por la presencia de quienes escuchan.
Su análisis parte de una trayectoria dedicada al estudio del género, el racismo, la discriminación, el colonialismo y las estructuras de poder. Durante la clase, recuerda que su perspectiva cambió después de realizar trabajo de campo en comunidades religiosas afrobrasileñas. Allí observó formas de organización del género distintas de las predominantes en las sociedades occidentales: las personas no quedan definidas únicamente por el cuerpo con el que nacen y no existe un solo modelo para ser mujer o ser hombre.
Esa experiencia la llevó a cuestionar los modelos dominantes y la idea de que las universidades o el feminismo académico son las únicas fuentes legítimas de conocimiento sobre las relaciones de género. Segato señala que esos enfoques suelen desconocer los saberes producidos en otras comunidades y advierte que el feminismo también puede reproducir una lógica colonial.
La antropóloga cuestiona, además, el uso del concepto de cultura como argumento para conservar prácticas violentas. Según explica, en algunos casos la cultura funciona como una excusa para evitar cambios; en otros, como una forma de presión para impedir que las mujeres cuestionen las normas que se les imponen.
Frente a esa mirada, Segato insiste en que ningún pueblo carece de historia y que todas las sociedades se transforman. El problema aparece cuando la identidad se reduce a una lista de costumbres consideradas intocables. Por eso propone entender el género y la identidad como proyectos en construcción, y no como herencias fijas.
Hacia el final de la clase, la antropóloga relata un cambio decisivo en la comunidad donde realizó su trabajo de campo durante la década de 1970. En ese momento, afirma, no observaba violencia contra las mujeres. Con el paso de los años, la llegada de políticas públicas, instituciones, iglesias y medios de comunicación introdujo nuevas formas de poder. En algunos casos, esas transformaciones no mejoraron la situación de las mujeres, sino que debilitaron su posición.
Segato menciona a Bolivia como ejemplo de esa contradicción. Aunque el país registra una alta participación de mujeres en cargos públicos, también presenta elevados índices de feminicidio. El contraste, sostiene, obliga a revisar los límites de las respuestas institucionales y a preguntarse qué mecanismos siguen reproduciendo la violencia.
La pregunta que queda abierta es si las sociedades están enfrentando realmente las causas de la crueldad o si, por el contrario, continúan enseñando a aceptarla.
Fuente: Contra-pedagogías de la crueldad, Clase 1, Rita Segato.