02/02/2026
Maestros iluminados han estado presentes en todos los tiempos, de los cuales tenemos mucho que aprender, pero sobre todo hacer lo posible por vivir sus enseñanzas.
Dicen las viejas tradiciones que cuando el hermano León (uno de los principales discípulos del maestro Francisco de Asís) le llevaba su alimento, era imposible entregárselo, pues se encontraba levitando a varios metros de altura, alejándose luego por entre el bosque en pleno éxtasis místico.
Lo más interesante es que dejan enseñanzas tan a clara luz que a veces no nos percatamos de ellas.
Las levitaciones místicas de este maestro, así como el caminar sobre las aguas del gran maestro Jesús, por otra parte, los discípulos del Buda atravesando rocas plenamente concentrados, dan a entender un misterioso poder latente en cada ser humano, el penetrar en otra dimensión con todo y cuerpo físico, una milenaria ciencia llamada en la Gnosis como Jinas.
El que se hayan ocupado de relatarlo sólo es con el fin de enseñarnos la virtud que necesitamos para desarrollar esta facultad, claramente indicada como la espiritualidad trascendente, la mística verdadera que nos enseñó en cada acto de su vida.
Platicaba con los animales, veía en cada elemento y vida una realidad enseñada por los maestros del oriente y los mayas desde hace miles de años y es: que todos somos un solo ser. Para él era el hermano Sol y la hermana luna, los hermanos pájaros y el hermano a**o, consciente estaba y así nos motiva a que comprendamos que somos como una gota en el océano, que todos somos uno.
Nos da una lección de vida extraordinaria, él nunca deseó tener poderes, pero los obtuvo, llegando inclusive a poseer el don de la ubicuidad o el estar en varias partes a la vez, estas facultades vinieron por añadidura, pues el maestro Francisco lo único que quería era eliminar sus defectos psicológicos y esa fue la tarea principal de su vida.
De esta manera, los fragmentos de su vida son verdaderas cátedras que debemos aprender, pero sobre sobre todo hacer carne y sangre en nuestras vidas.