06/08/2026
🚨Para qué queremos una burocracia tan cara si de todos modos todo se subcontrata?
Cada año escuchamos el mismo discurso: que no hay dinero, que las finanzas están presionadas, que la ciudadanía debe pagar más y que las dependencias necesitan más presupuesto.
Pero cuando uno revisa los números, surge una pregunta inevitable.
¿Cómo es posible que la CESPM gaste más de 1,231 millones de pesos en servicios personales y, al mismo tiempo, tenga que desembolsar otros 235 millones de pesos para contratar empresas externas que hagan trabajos como lectura de medidores, seguridad, instalación de medidores, reductores de flujo, limpieza y otros servicios?
Si ya existe una enorme plantilla de trabajadores, ¿por qué buena parte de esas actividades termina en manos de particulares?
Y esto no parece ser un caso aislado. En el Ayuntamiento de Mexicali también vemos una tendencia creciente a contratar consultorías, servicios especializados, arrendamientos y proveedores externos para actividades que, en muchos casos, los propios gobiernos podrían fortalecer con personal y capacidad interna. El propio programa anual de adquisiciones y las licitaciones municipales muestran una amplia contratación de servicios profesionales, consultorías, servicios médicos subrogados y otros contratos especializados.
Aquí es donde empieza el verdadero debate.
Porque cada contrato representa dinero público. Y mientras más contratos existen, más oportunidades aparecen para beneficiar proveedores, despachos y empresas privadas.
No estamos afirmando que exista un desvío de recursos ni un financiamiento ilegal de campañas. No hay evidencia pública que permita sostener eso. Pero sí es válido que la ciudadanía se haga una pregunta:
¿Por qué los gobiernos siguen creciendo en nómina y, al mismo tiempo, siguen creciendo en contratación de servicios externos? ¿Quién gana con ese modelo?
Los ciudadanos pagan impuestos para tener instituciones fuertes, eficientes y capaces de resolver los problemas con su propio personal.
No para mantener dos estructuras al mismo tiempo: una burocracia cada vez más costosa y, además, una larga lista de proveedores externos.
Mientras tanto, los gobiernos siempre encuentran argumentos para pedir más presupuesto, aumentar tarifas o justificar nuevos gastos.
Quizá llegó el momento de hacer exactamente lo contrario.
Que el gobierno empiece a gastar menos.
Que elimine duplicidades.
Que revise qué servicios realmente necesitan subcontratarse.
Que reduzca la burocracia donde sea necesario.
Que cada peso ahorrado se destine a mejorar calles, agua potable, drenaje, seguridad y servicios públicos, en lugar de seguir alimentando una maquinaria administrativa que parece crecer año con año.
Porque al final del día, ese dinero no es del gobierno.
Es de todos los ciudadanos.
Nota realizada con información de brújula news.